En Milán, el futuro ya está en el supermercado

Un robot levanta una manzana en el estand "Future food district" en la Exposición Universal de Milán, el 2 de mayo de 2015.

Un robot levanta una manzana en el estand “Future food district” en la Exposición Universal de Milán, el 2 de mayo de 2015.

Al retirar un paquete de galletas del estante del supermercado, un cartel luminoso informa sobre su origen, su composición nutricional, sus alérgenos y su huella de carbono. En la Exposición Universal de Milán, el futuro de la alimentación pasa por informar al consumidor.

Para el turinés Carlo Ratti, artífice del estand #Future Food District (#FFF), dedicado a la alimentación del futuro, el supermercado del mañana utilizará las nuevas tecnologías para conectar a los consumidores con los productores e informarles sobre el contenido de su plato.

 

La cadena alimentaria fue ganando complejidad en el siglo XX, destaca Ratti, director de “Senseable City Lab”, en el célebre Instituto Tecnológico de Masachusets (MIT). “Paradójicamente, en el pasado, la cadena de producción y de distribución era mucho más clara y el consumidor estaba mucho mejor informado”.

 

Aunque los circuitos cortos de distribución se hayan convertido en tendencia -la venta directa en la granja, en los mercados o por internet-, la mayoría de los intercambios alimentarios en el mundo se realizan por medio del comercio especializado.

 

En la actualidad, se considera a la industria alimentaria como una de las más opacas. Según Ratti, las nuevas tecnologías servirán para “suprimir muchas barreras entre el consumidor y el productor”.

 

El futuro, en las cooperativas

 

La pieza estrella de su estand en la Expo es el supermercado interactivo, donde el visitante puede comprar de verdad y hacer que le envíen su cesta por UPS.

 

Sólo el estante de “alimentos del futuro” queda excluido de la venta: es estrictamente experimental y presenta, entre otros, bolsas con saltamontes a la sal y medusas envasadas. Los clientes más exigentes podrán esperar.

 

Pero la verdadera revolución está al alcance de la mano, insiste Carlo Ratti.

 

Las ensaladas, el parmesano, el jamón, las pastas y el vino, piezas clave de la alimentación italiana, cada vez se adquieren más en las “coop”, las redes de cooperativas de los consumidores, que en Italia cuentan con 8 millones de socios.

 

“No producimos nada, pero nos agrupamos para comprar juntos y negociar los precios con las grandes marcas de productos básicos”, explica William Scovino, representante de la gran Coop Lombardia (región de Milán), al retirar un yogur de leche de cabra para saber si tiene alérgenos y conocer su precio.

 

Para los productos vendidos bajo sus siglas (Coop, Fior Fiore o Vivi Verde), la red selecciona y contacta con los productores, establece su pliego de condiciones y define el precio.

 

“Si hay que cambiar de proveedor, se reúne a los socios y probamos (los productos) juntos para elegir”, destaca Matteo de Capitoni, voluntario de Coop Lombardia.

 

“Los consumidores de las ‘coop’ están comprometidos con una filosofía de compartir necesidades comunes, principios y valores”, explica William Socovino. Según #FFF, hay más 70 socios de cooperativas en todo el mundo.

 

Estas iniciativas nacieron en Italia en 1948, bajo los auspicios del Partido Comunista (“coop rojas”) y de la Iglesia (“coop blancas”)

 

Pero en Milán, este pasado es el futuro.

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