El turismo médico atrae a Francia a emires y potentados, alimentando fantasmas y temores

La entrada al hospital Ambroise Pare, en Boulogne-Billancourt, a las afueras de París.

La entrada al hospital Ambroise Pare, en Boulogne-Billancourt, a las afueras de París.

Desde los acaudalados príncipes petroleros hasta la “invasión” de británicos, el turismo médico en Francia alimenta numerosos fantasmas, fortaleciendo el orgullo de los profesionales franceses pero también el miedo a que se desarrolle un servicio a dos velocidades.

Si bien los jefes de Estado son atendidos generalmente en discretos hospitales militares, muchas personalidades se dirigen a los hospitales civiles, donde algunos de esos pacientes crean polémicas.

“¿Debe ser el hospital público como un equipo de fútbol, patrocinado por Catar? ¡Esto no es una fábrica de dinero!”, dicen algunos desde el caso de un emir que ingresó la pasada primavera en el centro Ambroise-Paré, a las afueras de París. Dicho paciente exigió obras, “una cosa de locos”, dijo el Dr Loïc Capron, de la Asistencia Pública-Hospitales de París (AP-HP), el organismo que supervisa los establecimientos públicos de la capital y de su región.

Algunos extranjeros que no son emires vienen a Francia debido a “las competencias y las prestaciones que no encuentran en su país”, explicaron en los Hospicios Civiles de Lyon (centro-este). Las cifras son escasas. La AP-HP registraba 2.300 estadías en 2010, incluyendo a unos mil pacientes del Magreb y de Medio Oriente.

“Hay un aumento del turismo médico. Algunos países (Singapur, Tailandia, India) desarrollan ofertas de atención de buena calidad” con costos “menores”, destacó el economista Pierre-Yves Geoffard. Según él, la estrategia de Francia debería ser “desarrollar filiales de excelencia”.

El sector público espera llenar un poco sus cajas gracias al turismo médico.

El Hospital Europeo Georges Pompidou de París, inaugurado en 2000, debía recibir a los mejores médicos para pacientes ricos. Aunque llegaron a colocar alfombras de pared a pared y bañeras en cardiología, finalmente este establecimiento se convirtió en “un hospital como los otros”, dijo un enfermero. No obstante, Martin Hirsch, director del AP-HP, conserva el objetivo de un 1% de pacientes extranjeros acomodados, que podrían aportar ocho millones de euros en 2014.

Falta convencer a los equipos de terapeutas. “En Francia, nuestro orgullo es recibir a todo el mundo en el hospital público, pero en un pie de igualdad”, destacó Bernard Granger, médico del AP-HP. Este especialista advierte de que el sistema “puede convertirse en odioso” con “médicos que miman” a esos pacientes ricos y “miembros de personal que hacen horas extra para recibir billetes”, dijo un enfermero.

“Todo se negocia”

Los favores ilícitos no se limitan a los pacientes internacionales. Hay pacientes franceses acomodados que también utilizan las filiales de la actividad privada en el hospital público, donde ejercen las estrellas del bisturí.

Sobre las tarifas reina la ley del silencio. “Al igual que en el mercado, todo se negocia”, según un doctor que, entre muchos otros, habló de “maletines llenos de billetes”.

La tarifa de la seguridad social francesa se aplica a los europeos y los ciudadanos de países vinculados a Francia por los convenios. A los otros se aplican aumentos variables: 30% en la AP-HP, y “más” todavía en el sector privado.

“Hay una cultura de la recepción de los pacientes que vienen del Golfo”, explicó Charles Guépratte, subdirector general del Instituto de Oncología Gustave-Roussy en Villejuif, cerca de París. Este establecimiento recibe anualmente a unos 500 pacientes extranjeros, de un total de 40.000. Gracias a ellos espera recibir 15 millones de facturación en 2014. El pago es “garantizado por Estados que consideran que no tienen las infraestructuras para hacerse cargo de esos pacientes”, precisó Guépratte.

Cerca de la Torre Eiffel, la clínica de Alma espera aumentar en más de 10% la facturación vinculada con esos pacientes, fundamentalmente gracias a habitaciones de gran lujo y una comida firmada por Lenôtre.

Print Friendly, PDF & Email
Me gusta
Me gusta Me encanta Me divierte Me asombra Me entristece Me enfada