Un español logra estrenar en Montecarlo la obra de Glass para 2 timbaleros

Fotografía facilitada por la Filarmónica de Montecarlo, del timbalero español Javier Eguillor, que estrena mañana "Fantasía para dos timbaleros y orquesta", de Philipp Glass, al frente de la Filarmónica de Montecarlo en esa ciudad francesa.

Fotografía facilitada por la Filarmónica de Montecarlo, del timbalero español Javier Eguillor, que estrena mañana “Fantasía para dos timbaleros y orquesta”, de Philipp Glass, al frente de la Filarmónica de Montecarlo en esa ciudad francesa.

El timbalero de una orquesta es su segundo director pero siempre está “detrás”. Javier Eguillor se ha empeñado, junto al francés Julian Bourgeois, en “saltar adelante” y estrenan mañana “Fantasía para dos timbaleros y orquesta”, de Philipp Glass, al frente de la Filarmónica de Montecarlo en esa ciudad francesa.

 

El desafío tendrá lugar en el escenario de la Ópera de Montecarlo, que estará ocupado en primera línea por sus 12 instrumentos: 7 del español y 5 del francés, timbal solista de la Filarmónica de Montecarlo.

 

Tienen, aseguran ambos en una entrevista con Efe, “muchas fuerzas y ganas”, las que les acompañan desde que comenzaran con el proyecto, que han hecho en tres ocasiones ya y que está previsto que en los próximos meses se programe con la Orquesta de RTVE, y formaciones de A Coruña y Canarias.

 

Prácticamente todas las obras de música clásica posteriores al periodo barroco llevan timbal, pero no es frecuente en las composiciones modernas y, muchísimo menos, que sean protagonistas.

La pieza, “Concerto Fantasy for Two Timpanists and Orchestra”, nace gracias al músico americano Jonathan Haas, al que en América consideran una especie de “paganini” de los timbales y que encargó a Glass ese concierto.

Fueron Bourgeois (Lyon, 1970) y Eguillor (Xixona, Valencia, 1975) quienes se empeñaron en estrenar la pieza en España, y lo lograron en octubre de 2012 junto a la Orquesta de Valencia, en la que el español es el timbalero desde 2000.

Tres meses después grabaron la media hora que dura y subieron el vídeo a YouTube. Para su sorpresa y alegría se convirtieron pronto en “estrellas” y su ejecución supera ya las 151.000 visitas, entre ellas las del director de la Orquesta de Bilbao, Günter Neuhold, que les invitó a tocar en el Auditorio Euskalduna, en 2014.

A Glass, al que mandaron una copia del vídeo, le encantó y valoró especialmente su habilidad para hacerse con una partitura “nada fácil”, ya que pasa de lo rápido a muy lento casi sin transición.

El timbalero, explica Eguillor, es el segundo director en la orquesta, “siempre llevándola rítmicamente, siempre detrás y en casi todas las ocasiones como acompañamiento”.

Por eso es tan especial “dar el paso adelante”, al lado del director: “visualmente es todo un espectáculo, que te llena de adrenalina y que conecta muy bien con el público”.

Esa conexión es también la que han logrado, “casi desde el primer día”, el español y el francés: “si algo reúne este proyecto es que tenemos la suerte de tener una complicidad, una forma de hacer las cosas, que convierten lo que hacen dos, en una sola”.

Mientras que el concertino -primer violín- es “la estrella”, el que controla el gesto del director y lo lleva al resto de la orquesta, el timbalero es “indispensable” rítmicamente.

“No obstante -reconoce riéndose Eguillor- se puede dar un golpe fuera de sitio por despiste o por exceso de confianza. No suele ocurrir nada, porque los compañeros, aunque se queden extrañados, siguen como si tal cosa”.

Bourgeois, timbalero solista de la Filarmónica de Montecarlo desde hace 18 años, explica que conoció a Eguillor en una prueba a la que se presentaba el español y que él evaluaba.

Poco después le llamó, le dio un par de clases y le ayudó a preparar la prueba para entrar en la Orquesta de Valencia.

El músico francés, que estuvo cinco años, del 92 al 97 en la Orquesta de Euskadi, cree que un timbalero se distingue por su oído, por ser capaz de ser “segundo jefe y los pilares de la casa” y saber sacar “muchos colores distintos” con las baquetas, que son de madera, fieltro y esponja.

Los timbales, que junto con los contrabajos, las arpas y el piano pertenecen a las orquestas y no a los músicos, deben tener “idealmente” el parche natural pero, “por desgracia”, se lamenta el francés, “hoy día en muchos lugares es sintético y aunque haya quien no lo crea, se nota para mal”.

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