El empresario brasileño Neeleman comprará 61% de portuguesa TAP

 Dos carteles de la aerolínea portuguesa TAP en el Aeropuerto de Lisboa el 1 de mayo de 2015. El Gobierno portugués vende el 61% de TAP al empresario brasileño-estadounidense David Neeleman, fundador de la compañía aérea Azul.

Dos carteles de la aerolínea portuguesa TAP en el Aeropuerto de Lisboa el 1 de mayo de 2015. El Gobierno portugués vende el 61% de TAP al empresario brasileño-estadounidense David Neeleman, fundador de la compañía aérea Azul.

El gobierno portugués se decantó este jueves por el empresario brasileño-estadounidense David Neeleman para privatizar el 61% de la aerolínea TAP, y desestimó definitivamente la oferta de Germán Efromovich, propietario de la colombiana Avianca.

 

El ejecutivo portugués de centro-derecha logró así cerrar un capítulo particularmente espinoso de su programa de privatizaciones a solamente cuatro meses de las elecciones legislativas.

 

El consorcio ganador, integrado por Neeleman y el portugués Humberto Pedrosa, patrón del grupo de transporte carretero y ferroviario Barraqueiro, fue “el que ofreció más dinero, y más rápido, con la finalidad de permitir a la TAP enfrentar sus problemas de tesorería”, explicó el secretario de Estado de Transportes, Sérgio Monteiro.

 

El consorcio Gateway hizo una oferta global cifrada por el gobierno en “al menos 354 millones de euros”, una cantidad que incluye 338 millones para la recapitalización de la empresa, 10 millones a pagar al Estado inmediatamente, más el precio de la opción de venta sobre el capital restante de una empresa que era 100% pública.

 

El monto total “puede alcanzar los 488 millones de euros, en función del rendimiento de la empresa en 2015″, precisó Isabel Castelo Branco, secretaria de Estado del Tesoro.

 

La operación figuraba en el programa de privatizaciones contenido en el plan de rescate financiero negociado por el anterior gobierno socialista con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2011.

 

Una deuda de 1.000 millones de euros

 

La decisión del gobierno fue recibida “con una enorme satisfacción” por Neeleman y Pedrosa quienes, en una declaración conjunta enviada, dicen ser conscientes de “la responsabilidad de tener que responder a las expectativas”.

 

Gran conocedor del sector de la aviación, Neeleman fundó la compañía estadounidense de bajo costo JetBlue en 1999, y luego la brasileña Azul en 2008. Con 21 millones de pasajeros y más de un centenar de destinos servidos en 2014, Azul se presenta como la tercera compañía aérea de Brasil.

 

El ejecutivo portugués descartó la propuesta del otro pretendiente, Germán Efromovich, propietario de la aerolínea colombiana Avianca, quien fuera el único en liza en 2012, pero que entonces no logró aportar las garantías bancarias necesarias para cerrar la operación.

 

A causa de este fracaso, el gobierno luso lanzó un nuevo llamado a ofertas en noviembre para deshacerse del 66% del capital del grupo TAP, del cual un 5% fue reservado para los asalariados de éste. El Estado conserva durante dos años una opción de venta sobre el 34% restante.

 

Endeudado en más de 1.000 millones de euros, el grupo aumentó sus pérdidas a 85,1 millones de euros en 2014 tras cinco años de obtener beneficios, a causa de costos vinculados al retraso en la entrega de nuevos aviones y varias huelgas.

 

Primera compañía europea de enlace con Brasil, la TAP transportó el año pasado un número récord de pasajeros, unos 11,4 millones de personas hacia 84 destinos en 35 países.

 

Una venta contestada

 

El grupo TAP comprende también la compañía regional Portugalia, una filial de mantenimiento aeronáutico en Brasil, muy deficitaria, y el 49,9% de la empresa de gestión de equipajes Groundforce.

 

El gobierno de centroderecha siempre ha defendido la privatización como la mejor solución para la TAP, haciendo prevalecer que, según las reglas europeas de la competencia, el Estado portugués sólo está autorizado a recapitalizar el grupo reestructurando la empresa.

 

“Si la privatización no se realiza, la alternativa es una reestructuración, que pasaría necesariamente por los despidos colectivos y una reducción de los destinos servidos”, se inquietaba en mayo el primer ministro Pedro Passos Coelho.

 

Lejos de lograr la unanimidad en Portugal, la operación podría en el futuro ser impugnada por la justicia, ante la que ya presentó un recurso un movimiento de ciudadanos opuesto a la privatización.

 

La oposición socialista también amenaza con revisar el caso si gana las elecciones legislativas previstas para el otoño (boreal).

 

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