Los 28 buscan este martes acuerdo para regular agricultura ‘bio’ y evitar que Bruselas aparque la nueva norma

Los ministros de Agricultura de la Unión Europea tratarán este martes de pactar su posición negociadora para armonizar los criterios y exigencias de la agricultura ecológica en la Unión Europea, con los controles y el nivel de tolerancia a restos de residuos en los productos como principales escollos para el acuerdo. Bruselas dio de plazo hasta ese mes para ver avances concretos o retirará su propuesta para regular este sector en auge.

 

El texto que se discute ha modificado sustancialmente la propuesta inicial de la Comisión Europea y que los Estados miembros rechazaban en general por considerarla “demasiado rígida”, según fuentes europeas, que ven en el nuevo comisario de Agricultura, Phil Hogan, determinación para seguir adelante y no aparcar el proyecto.

 

Pero las diferencias persisten, sobre todo en lo que se refiere a la presencia de restos de sustancias –sobre todo fitosanitarias– en los productos que se comercialicen con el sello europeo de la agricultura ecológica.

 

Países como España ya practican el principio de “tolerancia cero” al entender que el consumidor de este tipo de alimentos espera que no haya presencia alguna de sustancias, sin embargo, otros como Alemania son partidarios de “vigilar el proceso” de producción y no penalizar al productor si la presencia es mínima y dentro de los umbrales que se autorizan en los cultivos tradicionales.

 

Otro de los capítulos en los que los Estados miembros no han logrado avanzar en sus últimas reuniones es el de los sistemas de control, para lo que la presidencia letona de la UE plantea un modelo basado en la evaluación de riesgos para que la inspección física anual se sustituya por una inspección cada dos o tres años, en función de los riesgos que planteen las explotaciones.

 

Los ministros deberá resolver este martes un tercer elemento de discrepancia, el nivel de exigencia a las importaciones de terceros países para que puedan comercializarse en el mercado comunitario como productos ‘bio’.

 

España pide que se exijan los mismos criterios que a los productores europeos para situar a los competidores en pie de igualdad, una petición que choca con la de otros Estados miembros, que abogan por cierta flexibilidad para los países en desarrollo.

 

Se trata de un asunto “controvertido”, pero cuyas negociaciones se acercan a la posición española, según fuentes diplomáticas, que consideran que el cambio sería una mejora frente al sistema de equivalencia actual, poco exigente con las producciones extracomunitarias.

 

En cualquier caso, si se logra el acuerdo en la sesión que reúne a los ministros del ramo en Luxemburgo, no será el paso definitivo para modificar la norma, sino una “señal política” a Bruselas. El Parlamento Europeo, colegislador en este asunto, tampoco ha definido su posición y no se espera que lo haga hasta después del verano. Después, las tres instituciones tendrían que iniciar las negociaciones para un acuerdo definitivo.

 

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