La desaceleración de la economía brasileña pisa el freno del sector automotor

Un trabajador en una línea de montaje automovilística.

Un trabajador en una línea de montaje automovilística.

La delicada situación económica que atraviesa Brasil ha golpeado fuertemente al mercado automotor, un sector que, tras años de expansión, ahora atraviesa uno de sus peores momentos en más de una década.

 

Protegido durante años con incentivos del Gobierno, el sector se ve ahora afectado por la suspensión de los descuentos fiscales del Ejecutivo, así como por el empeoramiento de la economía, lastrada por una inflación al alza, un aumento de las tasas de intereses y una restricción al crédito.

 

Estos factores, unidos al crecimiento del endeudamiento de las familias, han propiciado una caída en picado de las ventas, que se han reducido un 18,2 % en los cinco primeros meses del año y un 24,15 % tan sólo en mayo, según los datos de la Federación Nacional de Distribuidores de Vehículos Automotores (Fenabrave).

 

Con el fin de reducir el excedente de inventario, los fabricantes de vehículos se han visto obligados a rebajar su producción, que ha disminuido un 25,3 % sólo en mayo, y han comenzado a dar vacaciones colectivas a sus trabajadores.

 

Ante este escenario, el gigante estadounidense de automóviles General Motors (GM) decidió interrumpir temporalmente su fabricación de vehículos en todo Brasil para “adecuar la producción a la demanda” y evitar así tomar medidas más drásticas, como los despidos.

 

El presidente de la GM para Suramérica, Jaime Ardila, llegó a admitir en declaraciones a la prensa que la actual crisis en la industria brasileña de vehículos es peor que la de 2008, a la que se hizo frente con los incentivos fiscales del Gobierno.

 

La compañía alemana Mercedes Benz, por su parte, anunció el despido de 500 trabajadores, de los cuales 192 se adhirieron a un programa de dimisión voluntaria, confirmó el sindicato de Metalúrgicos de la región industrial de Sao Paulo.

 

Insatisfechos con la decisión de la empresa, unas cien personas acampan frente a la fábrica de Mercedes Benz con el fin de presionar a la compañía para revertir la situación.

 

“Ha sido un choque grande. No acepto mi dimisión. Las ventas caen y nos chutan a la calle. Las cosas no son así”, denunció a Efe la metalúrgica Marta Rodríguez de Oliveira, quien fue despedida recientemente por la firma automovilística.

 

Con un pronóstico pesimista hasta 2016, la industria del automóvil, que contribuye aproximadamente con un cuarto de la producción industrial de Brasil, espera que el ajuste fiscal implantado por el Gobierno sirva para dar la vuelta al sector, uno de los más castigados por la débil situación económica.

 

“La expectativa del mercado y la confianza de consumidores y empresarios continúan deteriorados, influenciados directamente por la disminución del crédito y a la espera del ajuste fiscal en la economía”, subrayó el presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos (Anfavea), Luiz Moan.

 

Para la Força Sindical, una de las principales centrales obreras del país y aliada a partidos opositores, la situación del mercado automotor es el resultado de una “serie de desaciertos y errores por parte del Gobierno” y la “ausencia de una política industrial centrada en el desarrollo”.

 

“El Gobierno dio incentivos y ofreció descuentos fiscales al sector, pero lo hizo sin una contrapartida. No se fomentó la competitividad”, señaló el presidente de Força Sindical, Miguel Torres.

 

El diagnóstico es compartido, en parte, por el sindicato de metalúrgicos del cordón industrial de Sao Paulo, perteneciente a la Central Única de los Trabajadores (CUT), mayor unión sindical del país y aliada del Gobierno.

 

“El sector estuvo artificialmente incentivado pero generaba renta. El problema fue la competitividad. La estructura tributaria es muy compleja y se pagan muchos más impuestos que en otros países. Se tasa el consumo final y no a las grandes fortunas”, criticó Valter Sanches, director de comunicación del sindicato y trabajador de Mercedes.

 

De acuerdo con Sanches, la esperanza del sector, a largo plazo, está centrada en las exportaciones, que se han visto impulsadas en los últimos meses por la depreciación de más de un 15 % del real frente al dólar.

 

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