Plaza Navona, patrimonio de la humanidad, testigo del desorden y alteración de usos

 Varias personas se bañan en la fuente del Moro de la plaza Navona, en Roma, debido a las altas temperaturas.

Varias personas se bañan en la fuente del Moro de la plaza Navona, en Roma, debido a las altas temperaturas.

El bullicio de los turistas, los puestos de decenas de vendedores ambulantes, la música incesante a todo volumen y los bañistas nocturnos en sus fuentes invaden la plaza Navona de Roma, declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad.

En esta plaza, símbolo del barroco italiano y donde antiguamente se celebraban espectáculos y carreras de cuádrigas, centenares de turistas se mezclan entre tenderetes ambulantes -con altavoces y música incluidos- y distintos grupos de músicos que tocan los mismos temas incesantemente desde la mañana hasta la noche.

 

El último episodio en escandalizar a los romanos fue el baño nocturno, la pasada madrugada, de un grupo de turistas estadounidenses fotografiados en bañador dentro de la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, en el centro de la plaza.

 

Las fotografías, distribuidas por redes sociales y publicadas en la prensa local, dan testimonio del tipo de ambiente que reina desde hace algún tiempo en el lugar y del que se encuentran quejas en la prensa local.

 

Sus gritos nocturnos reemplazan al bullicio diurno de músicos callejeros, que no respetan el horario del Ayuntamiento de Roma, que estipula que pueden tocar desde las 10.00 hasta las 13.00 hora local (de 08.00 a 11.00 GMT), y después reanudar desde las 16.00 a las 20.00 horas (de 14.00 a 18.00 GMT) en los meses de invierno y hasta las 22.00 horas (20.00 GMT) en verano.

 

Así lo comentó el rector de la iglesia de Santa Inés, Gianni Todescato, quien se quejó de que “antes de las cinco de la madrugada es imposible dormir” y, aunque celebró que los paseantes “estén alegres y felices” y los músicos animen el ambiente, explicó que “durante el día y también por la noche, hay un ruido impresionante”.

 

Todescato comentó haber visto y oído otros baños nocturnos: “Hace unos días, se estaban bañando dos o tres personas en la fuente” de Bernini, comportamientos difíciles de controlar porque “si les ve la policía, escapan corriendo”, añadió.

 

Sobre los numerosos vendedores ambulantes, que calculó en al menos cincuenta, Todescato reconoció que “son casi todos extracomunitarios” y dijo sentir “mucha pena” por ellos, pero añadió: “ven un furgón de la policía y escapan, es un espectáculo desagradable”.

 

Una preocupación que compartió una de las voluntarias de la iglesia que quiso mantener el anonimato y que opinó que “todo es suciedad, absolutamente todo, es una suciedad inimaginable” alrededor de este templo obra de Borromini, que debería ser “un lugar de acogida”.

 

La mayor molestia para esta mujer es “el bombardeo acústico” de los músicos, que tocan “sin límite de volumen”.

 

Del lado opuesto está el músico Aurelio, componente de un grupo que dice toca en la plaza Navona desde hace 15 años y quien defendió que la música “anima el ambiente, da alegría y es apreciada por los turistas y por los propios romanos”.

 

Además aseguró que respetan el horario establecido: “Trabajamos desde las once de la mañana hasta la una. Hacemos una pausa porque no podemos tocar entre la una y las cuatro, y después tocamos desde las cuatro hasta las siete. Tenemos autorización y respetamos el horario”, insistió.

 

Una declaración que contrasta con lo que sucede en realidad en la plaza, donde hay músicos muy a menudo casi hasta medianoche y que “compiten” con sus altavoces para hacerse oír.

 

La presidenta de la Asociación de Habitantes del Centro Histórico de Roma, Viviana Piccirilli, dijo  que el cuidado de esta plaza patrimonio de la humanidad “necesita sentido cívico por parte de turistas y romanos”, al igual que el resto del centro histórico.

 

La Plaza Navona es una de las “más bellas de Roma” para el experto en Conservación de Bienes Culturales Claudio Santoro, quien opinó que la Fuente de los Cuatro Ríos es “lo más espectacular de la plaza”, aunque desmontó la leyenda basada en una supuesta rivalidad entre Bernini y Borromini, autor de la Iglesia de Santa Inés que se erige sobria e imponente ante la “fontana”.

 

Según la tradición popular, Bernini diseñó las estatuas que miran hacia la fachada de la iglesia en actitud defensiva y con un gesto protector por miedo a que la estructura del templo se derrumbe.

 

“La historia no es verdadera. Es imposible, porque la iglesia fue construida después de la fuente. La fuente es de 1651 y la iglesia empezó a construirse en 1653″, apuntó Santoro.

 

Del bullicio de uno de los lugares más activos de la ciudad, este experto en patrimonio cultural sostuvo que “necesitaría tener artistas profesionales y ser más elegante, porque todo es un poco desastroso” y afirmó que “para quien viva aquí, es muy molesto, pero para los paseantes, es bonito y divertido”.

 

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