Rabat recupera su jardín botánico

El histórico jardín botánico de Rabat, rehabilitado en 2013, y que está situado en el corazón de la capital marroquí, constituye con una superficie de 17 hectáreas un pulmón de oxigeno para la ciudad. En la celebración de su segundo aniversario tras la rehabilitación a la que fue sometido, el jardín ha abierto hoy sus puertas ofreciendo al público toda una serie de actividades para darse a conocer y, sobre todo, para que el ciudadano comprenda la necesidad e importancia de salvaguardar este patrimonio. Desde su reapertura en 2013, el jardín botánico ha recibido muchas visitas pedagógicas de estudiantes de diferentes niveles, además de paisajistas, científicos y el gran público. Hoy el jardín cumple dos años de su rehabilitación, pero nació muchos años antes, en 1914, durante el Protectorado francés. Fue el paisajista francés Jean Claude Forestier, quien diseñó también el Parque de María Luisa de Sevilla, el artífice de este patrimonio que con los años se fue olvidando e inevitablemente degradando hasta que fue cerrado en 2006 de forma definitiva con el objetivo de rehabilitarlo. Siete años después, en 2013, volvía a ser accesible al público gracias a un proyecto de rehabilitación apoyado por el rey Mohamed VI de Marruecos, después de que en 1992 el jardín botánico fuese considerado patrimonio nacional del país. El parque tiene dos partes: una destinada al gran público y con una función más turística, y otra de interés científico que conserva y estudia las especies endémicas locales y foráneas, y que incluye además un pequeño "jardín andalusí". Entre las especies endémicas destaca, por ejemplo, el árbol de argan, y otras más especiales o menos comunes como el denominado árbol botella o Ginkgo biloba. "El jardín botánico es rico en especies y presenta una diversidad genética de plantas muy importante. Existe un total de 650 especies que proceden de diferentes continentes del mundo", explicó a Efe Meriem Alaui, una de las responsables del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), y que se encarga de dirigir este espacio. Alaui destaca que se debe tener en cuenta que el jardín botánico es un espacio para educar a los ciudadanos en el respeto del medioambiente y la naturaleza, pero también constituye un laboratorio para la investigación científica. Y es que el INRA ha llevado a cabo todo un programa de investigación científica y experimental en el jardín. Sus especialistas han estudiado en profundidad y con detenimiento la evolución de las plantas y la manera más efectiva de conservar las especies. Además, uno de los objetivos de los científicos es conseguir convenios para realizar intercambios con distintos jardines botánicos en todo el mundo, y enriquecer así este lugar único en Marruecos. Una de las joyas que se encuentran es el jardín andalusí, realizado por el arquitecto español Antonio Almagro, que cuenta con un museo sobre la cultura del agua en Al Andalus. Inés Eléxpuru, de la Fundación de la Cultura Islámica (FUNCI- que colaboró en la concepción del jardín andalusí), resaltó a Efe el papel turístico de este parque y el interés económico que ofrece el estudio científico de las plantas. "La idea de trabajar el jardín islámico como un sitio donde discutir, intercambiar y aprender al margen de vorágine política y cultural. Es un sitio para que todo el mundo esté a gusto y pueda aprender", concluye Eléxpuru.

Fotografía facilitada por la Fundación de la Cultura Islámico (FUNCI) del histórico jardín botánico de Rabat, rehabilitado en 2013 y situado en el corazón de la capital marroquí, que constituye con una superficie de 17 hectáreas un pulmón de oxigeno para la ciudad.

El histórico jardín botánico de Rabat, rehabilitado en 2013, y que está situado en el corazón de la capital marroquí, constituye con una superficie de 17 hectáreas un pulmón de oxigeno para la ciudad.

 

En la celebración de su segundo aniversario tras la rehabilitación a la que fue sometido, el jardín ha abierto este viernes sus puertas ofreciendo al público toda una serie de actividades para darse a conocer y, sobre todo, para que el ciudadano comprenda la necesidad e importancia de salvaguardar este patrimonio.

 

Desde su reapertura en 2013, el jardín botánico ha recibido muchas visitas pedagógicas de estudiantes de diferentes niveles, además de paisajistas, científicos y el gran público.

 

Este viernes el jardín cumplía dos años de su rehabilitación, pero nació muchos años antes, en 1914, durante el Protectorado francés.

 

Fue el paisajista francés Jean Claude Forestier, quien diseñó también el Parque de María Luisa de Sevilla, el artífice de este patrimonio que con los años se fue olvidando e inevitablemente degradando hasta que fue cerrado en 2006 de forma definitiva con el objetivo de rehabilitarlo.

 

Siete años después, en 2013, volvía a ser accesible al público gracias a un proyecto de rehabilitación apoyado por el rey Mohamed VI de Marruecos, después de que en 1992 el jardín botánico fuese considerado patrimonio nacional del país.

 

El parque tiene dos partes: una destinada al gran público y con una función más turística, y otra de interés científico que conserva y estudia las especies endémicas locales y foráneas, y que incluye además un pequeño “jardín andalusí”.

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Entre las especies endémicas destaca, por ejemplo, el árbol de argan, y otras más especiales o menos comunes como el denominado árbol botella o Ginkgo biloba.

 

“El jardín botánico es rico en especies y presenta una diversidad genética de plantas muy importante. Existe un total de 650 especies que proceden de diferentes continentes del mundo”, explicó Meriem Alaui, una de las responsables del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), y que se encarga de dirigir este espacio.

 

Alaui destaca que se debe tener en cuenta que el jardín botánico es un espacio para educar a los ciudadanos en el respeto del medioambiente y la naturaleza, pero también constituye un laboratorio para la investigación científica.

 

Y es que el INRA ha llevado a cabo todo un programa de investigación científica y experimental en el jardín. Sus especialistas han estudiado en profundidad y con detenimiento la evolución de las plantas y la manera más efectiva de conservar las especies.

 

Además, uno de los objetivos de los científicos es conseguir convenios para realizar intercambios con distintos jardines botánicos en todo el mundo, y enriquecer así este lugar único en Marruecos.

 

Una de las joyas que se encuentran es el jardín andalusí, realizado por el arquitecto español Antonio Almagro, que cuenta con un museo sobre la cultura del agua en Al Andalus.

 

Inés Eléxpuru, de la Fundación de la Cultura Islámica (FUNCI- que colaboró en la concepción del jardín andalusí), resaltó el papel turístico de este parque y el interés económico que ofrece el estudio científico de las plantas.

 

“La idea de trabajar el jardín islámico como un sitio donde discutir, intercambiar y aprender al margen de vorágine política y cultural. Es un sitio para que todo el mundo esté a gusto y pueda aprender”, concluye Eléxpuru.

 

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