Fátima, la fe encarnada en personas de toda condición

P1018827La fe está viva en personas de toda clase y condición que acuden al santuario de Nuestra Señora de Fátima, Portugal. Así se vio ayer y hoy, 12 y 13 de agosto, en la Peregrinación de los Emigrantes y Refugiados en la que miles de personas acudieron a esta cita ya tradicional en el calendario del Santuario. Se trata de la cuarta peregrinación anual más importante, tras las del 13 de mayo y 13 de octubre junto a la de los niños que se celebra el 10 de julio.

 

Tanto en el santo Rosario seguido de la procesión de las antorchas y la vigilia en  la pasada noche del 12 hasta la santa Misa de esta mañana con el rosario internacional en la Capelinha, la bendición de los enfermos y la procesión del Adiós se podía palpar un  sincero espíritu de oración y de penitencia que conmovía al más duro de corazón que estuviera en este escenario.

 

Niños y adultos se arrastraban alrededor de la Capelinha o en dirección a ella, acompañados de otra persona, para cumplir sus promesas haciendo de la penitencia una insistente súplica. Incluso, algunos en otra posición más humillante, a ‘cuatro patas’, prácticamente reptando. ¿A quién no le conmueve estas imágenes?

 

En Fátima se aprende el valor de la oración de petición. Cada persona se dirige a la Virgen y en sus caras se refleja que tienen una petición que hacerle o una gracia que agradecer. En Fátima el turista acaba convirtiéndose en peregrino, sintiéndose hijo de María y necesitado de su protección. Esto se refleja en la cara de los peregrinos, hasta en cómo miran fijamente la imagen de la Señora.

 

Oración, penitencia y conversión son las tres líneas que fomenta la Virgen en su santuario. Miles de personas salen de aquí reforzadas en su vida cristiana pero también mejores personas y ciudadanos de su país. Por tanto, el bien que hace Fátima, no solo religioso, es incalculable y su alcance es mundial.

 

Me quedo con una imagen de estos días, la despedida, la Procesión del Adiós. La imagen de la  Virgen sale por la noche de su camarín en la capelinha con la corona más rica –la que tiene engastada aquella bala del atentado contra Juan Pablo II-,  en contadas ocasiones se hace así y una es en esta peregrinación. Al recogerse de nuevo por la mañana desde el altar de campaña al pie de las escaleras del Santuario el pueblo congregado en la inmensa plaza se despide agitando sus pañuelos blancos. La imagen en conjunto es de una gran belleza y refleja que los cristianos tratan la imagen de la Virgen de Fátima como la de una persona viva. No hay más que ver con que delicadeza le tratan los ‘servitas’, encargados del traslado así como esta mañana los bomberos que escoltaban a la Señora en sus andas.

 

¡Fátima es un faro de luz y de paz para el mundo!

 

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