El trauma postvacional del BCE pasa por China y el euro

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se dirige a los medios de comunicación durante una rueda de prensa en Fráncfort del Meno, en el oeste de Alemania, el 16 de julio de 2015.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se dirige a los medios de comunicación durante una rueda de prensa en Fráncfort del Meno, en el oeste de Alemania, el 16 de julio de 2015.

El alivio de las tensiones por la crisis griega ha traído un momentáneo respiro al Banco Central Europeo (BCE), cuyo regreso de las vacaciones esta semana está ensombrecido por las incertidumbres en China y el reciente encarecimiento del euro.

 

Por primera vez desde enero, los gobernadores de la institución “podrían aludir a posibles medidas adicionales” de apoyo a la economía, con motivo de su reunión de política monetaria el miércoles y jueves, anticipa Michael Schubert, economista de Commerzbank.

 

La reunión, a la que sigue como es habitual una rueda de prensa del presidente del BCE, Mario Draghi, se produce una semana después del pánico que se apoderó de las grandes plazas financieras mundiales, debido a las múltiples señales sobre una ralentización de la economía de China y sus posibles repercusiones en la coyuntura mundial.

 

El BCE no prevé “anunciar un cambio de política en esta reunión en la medida en que ha minimizado los riesgos vinculados a China” augura Jennifer McKeown, de Capital Economics. No obstante, al mismo tiempo, la institución ve con malos ojos la reciente apreciación de la moneda europea, que se convierte en valor refugio en un contexto de inestabilidad bursátil.

 

Un euro más caro amenaza con debilitar la competitividad de los exportadores europeos. Por otro lado, la bajada de los precios del petróleo impide que se recupere la inflación en la eurozona, de apenas un 0,2% interanual en agosto, muy por debajo del ritmo de algo menos del 2% que desea el BCE.

 

Para reactivar esta dinámica inflacionaria, el BCE ha implementado un amplio plan de compra de activos y compra mensualmente desde marzo unos 60.000 millones de euros de deudas, principalmente públicas. Espera haber llegado a 1,14 billones en total en septiembre de 2016.

 

“Decepcionante” recuperación

 

Pese a algunas señales positivas -mejora del crédito a las familias y empresas, así como de la confianza en el sector privado de la eurozona- los banqueros centrales consideran “decepcionante” la recuperación económica, según las actas de su última reunión de política monetaria.

 

En el segundo trimestre, el crecimiento en la eurozona se frenó ligeramente a un 0,3% contra un 0,4% en el primer trimestre del año.

 

Sobre todo, el BCE corre el riesgo de mostrarse “particularmente contrariado por la reciente evolución de las expectativas de inflación en los mercados”, un indicador muy observado por los gobernadores centrales, destaca Michael Schubert, de Commerzbank.

 

El jueves, “el BCE podría limitarse a comentarios tranquilizadores, pero la decepción ante las expectativas de inflación lo va a obligar sin duda a una nueva intervención” en el próximo futuro, prevé Sylvain Broyer, jefe economista de Natixis “Todo dependerá de la Fed” estadounidense, precisa.

 

Varios operadores apuestan porque el banco central de Estados Unidos suba sus tasas directoras antes de fin de año. Sin embargo, si no lo hiciera, la cotización del euro puede subir aún más y lastrar cualquier intervención del BCE.

 

Varios banqueros centrales europeos dijeron recientemente que el BCE está listo para usar todos los medios a su disposición para garantizar el retorno de la inflación hacia su objetivo.

 

Por tanto, se prevé que proseguirá su política de compra de activos (conocida como Quantitative Easing, QE) y, en caso de dificultades, el BCE podría incluso anunciar que prolonga estas compras o las amplía. “No nos despertamos cada mañana mirando los indicadores económicos para decidir si paramos o ampliamos el QE. Tenemos una perspectiva a largo plazo”, afirma no obstante Benoît Coeuré, miembro del directorio del BCE.

 

Y añade: “Solo nos sentiríamos obligados a actuar si hubiera un cambio fundamental en la situación económica o si la política monetaria estuviera seriamente alterada por los acontecimientos en los mercados”.

 

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