Furtivos de los bosques, un problema de depredación micológica

La buena temporada de setas ha disparado este año el negocio de los buscadores del fruto del hongo, muchos de ellos aún reacios a identificarse o a pagar la licencia por razones económicas, un fraude que además está arruinando bosques.

Los empresarios del sector hablan de “invasión” para describir lo ocurrido en los últimos tres años: llegan autobuses con cientos de ciudadanos del Este, que perciben 20 euros por jornada laboral, y “peinan el bosque” de forma indiscriminada.

Empiezan por Francia y continúan con la devastación en España, aunque no son los únicos, también hay nacionales acuciados por la crisis, explica el secretario general de la Federación Española de Empresarios de Setas y Trufas, Miguel Segura.

La Guardia Civil está “desbordada” e incluso se ha llamado a una Delegación del Gobierno para que actúe, agrega.

Un portavoz del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) explica que tres años atrás varios ayuntamientos manifestaron su creciente malestar por las prácticas de grupos acampados en sus montes.

Usan rastrillos y otro instrumental dañino para la capa del suelo, destrozando un sustrato esencial para la supervivencia del hongo, y recogen de forma indiscriminada, explica el Seprona.

Otros problemas detectados son el uso de bolsas de plástico para la recolección -en vez de una cesta de mimbre para que las esporas del fruto se diseminen y crezcan setas nuevas-, y la mezcla en el mismo recipiente de ejemplares comestibles con tóxicos.

Las zonas más afectadas por los depredadores micológicos están en Castilla y León, Huesca, Teruel y Guadalajara.

Según el portavoz del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, las sanciones tampoco son muy graves.

La mayoría de las veces se aplican infracciones administrativas -por no poseer permiso de recolección-; faltas de hurto -si la mercancía no supera los 400 euros de valor-, o delitos de hurto si la cuantía es mayor.

Para acotar estas prácticas lesivas desde el punto de vista medioambiental y económico, los empresarios y el Ministerio de Agricultura pusieron en marcha hace un mes el llamado contrato marco agroalimentario entre el propietario forestal y los buscadores de setas, y se han presentado a Hacienda varias propuestas.

Entre ellas, la que “más éxito” ha tenido es el reconocer los rendimientos por la venta de setas como incremento patrimonial, con un tope mínimo exento de tributación, en vez de rendimientos por trabajo, añade el secretario general de la Federación Empresarial.

Con ello se sortearía la negativa de los buscadores a identificarse con su DNI por temor a comprometer sus prestaciones de desempleo, pensión, etc y a pagar impuestos.

El asesor de la Dirección General del Medio Natural de la Junta de Castilla y León, Álvaro Picardo, comparte la necesidad de una reforma fiscal a nivel europeo para esta singular actividad.

“Son cientos de miles de personas las que hoy recogen y venden setas, lo que no se les puede plantear es que todas se den de alta como productores agrarios. Hablamos de un jubilado, turista o alguien que va dos días al campo”, subraya Picardo

En su opinión, si se quiere conservar la biodiversidad y disfrutar de un día en el campo “sin comportamientos depredadores” se necesita que Hacienda “intervenga y fije unas buenas reglas del juego”.

El presidente de la Asociación Vallisoletana de Micología, Aurelio García Blanco, reconoce que en las temporadas buenas “hay descontrol”, pero disiente de algunas opciones para atajarlo, porque “perjudican también a aficionados y sociedades micológicas”.

Se refiere a las zonas reguladas o cotos micológicos, que a su juicio tienen un único objetivo económico, olvidándose de “la defensa del recurso.

Observa otra discriminación: un residente compra una licencia a un precio “irrisorio” y a alguien de fuera “a uno desorbitado. Hay que permitir que el señor de la capital también pise el monte”.

Una mujer se dispone a recoger una seta.

Una mujer se dispone a recoger una seta.

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