Francisco, el primer papa que viajará a la Cuba reconciliada con EE.UU.

Vista de las sillas y el altar montado en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba), donde el próximo 20 de septiembre oficiará misa el papa Francisco, durante su visita pastoral a Cuba.

Vista de las sillas y el altar montado en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba), donde el próximo 20 de septiembre oficiará misa el papa Francisco, durante su visita pastoral a Cuba.

Es el tercer papa que visita Cuba, pero Francisco será el primero que verá una bandera de Estados Unidos ondeando en la flamante embajada norteamericana de La Habana tras el restablecimiento de relaciones entre dos países que estuvieron enemistados más de cinco décadas.

Nueve meses después de que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro sorprendieran al mundo con el anuncio del histórico deshielo y pasados sólo dos meses del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, el papa viaja a ambos países en una visita de gran simbolismo por su papel en ese proceso.

“¿Qué puedo hacer con estos dos que desde hace más de 50 años que están así?”: esa fue la pregunta que Francisco se hizo en enero de 2014, según desveló a periodistas el pasado julio cuando regresaba de su viaje por Bolivia, Ecuador y Paraguay, aunque matizó que su rol no tuvo un carácter mediador y que el mérito fue de la “buena voluntad” de ambos países.

Sea como sea, este viaje papal, además de su dimensión pastoral, parece también encaminado a confirmar su apoyo a la distensión de Cuba y EEUU, que la semana pasada celebraron su primera comisión bilateral y acordaron una agenda de trabajo para comenzar la senda de la normalización de su vínculos.

Un camino nada fácil donde el principal escollo es el embargo económico y comercial contra la isla, una política que los dos predecesores de Jorge Bergoglio condenaron durante sus visitas a la isla (Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en 212) y es de esperar que el actual pontífice también lo haga.

La Cuba que encontrará Francisco es un país cuya revolución va camino de cumplir 57 años, que se mantiene comunista y donde un Castro, Raúl, está en el poder, pero que parece ver cumplida, al menos en parte, la famosa frase de Juan Pablo II: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”.

Cuba ha vivido en los últimos años una progresiva mejora de sus relaciones internacionales, primero con la reinserción continental que culminó en su inédita presencia en la Cumbre de las Américas del pasado abril en Panamá, escenario de la primera reunión entre Raúl Castro y Barack Obama.

La isla también está negociando con la Unión Europea (UE) un acuerdo de diálogo político y cooperación que permita superar la restrictiva “posición común” que Bruselas aplica a La Habana desde 1996 y que ha condicionado las relaciones a avances democráticos en el país.

Otro hito es el papel de Cuba como garante y sede del proceso de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC que intenta, desde finales de 2012, poner fin al enfrentamiento armado más antiguo de América Latina.

La nueva era con EEUU ha puesto a Cuba “de moda” como reflejan las continuas visitas de mandatarios y personalidades a la isla: el propio secretario de Estado, John Kerry, para abrir formalmente la embajada de su país; el presidente de Francia, François Hollande, o los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y Japón, son solo algunos ejemplos.

El interés internacional por Cuba tiene que ver también con las reformas económicas y sociales emprendidas en el último lustro para “actualizar” su socialismo y que han supuesto una controlada apertura a la iniciativa privada, la flexibilización migratoria y nuevas reglas de juego para inversores extranjeros.

Actualmente más de medio millón de cubanos ejercen el trabajo autónomo o “cuentapropismo”, lo que ha generado un emergente sector privado y miles de pequeñas empresas en el país, aunque solo pueden operar en un número limitado de actividades económicas.

Otra de las reformas más exitosas del gobierno de Raúl Castro fue la eliminación de las prohibiciones vigentes durante décadas para que los cubanos salieran al exterior, lo que ha multiplicado los viajes al extranjero y sobre todo ha facilitado el contacto entre las familias separadas por el exilio.

Necesitado de unos 2.500 millones de dólares anuales para hacer sostenible su modelo económico, el país caribeño quiere captar capitales foráneos con una nueva Ley de Inversión Extranjera y su proyecto “estrella” de la Zona Especial del Desarrollo del Mariel.

Ese nuevo marco de apertura a la inversión extranjera unido a las oportunidades que se abren en la nueva era con EEUU han disparado las expectativas de empresas de numerosos países.

A pesar de sus reformas, Cuba sigue cuestionada por muchos en el ámbito de los derechos humanos, una de las principales diferencias en los procesos de diálogo con EEUU y con la UE.

Algunos disidentes reconocen que, durante el mandato “raulista”, la represión a críticos y opositores ha cobrado un tono de “baja intensidad” aunque denuncian que persisten sistemáticas detenciones arbitrarias, la mayor parte temporales pero en ocasiones acompañadas de violencia.

Representantes de la disidencia consultados por Efe coinciden en que no esperan “milagros” de la visita de Francisco aunque sí confían en que el pontífice abogue por la mejora de las libertades y derechos en la isla.

El Gobierno de Cuba decidió la semana pasada indultar a 3.522 presos con motivo de la visita del pontífice, una medida de gracia que también se produjo en los dos anteriores viajes papales.

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