Francisco deja en Cuba un discurso muy medido pero cargado de intención

 El papa Francisco (d) se despide del presidente de Cuba Raúl Castro en el aeropuerto Antonio Maceo hoy, martes 22 de septiembre de 2015, en Santiago de Cuba (Cuba).

El papa Francisco (d) se despide del presidente de Cuba Raúl Castro en el aeropuerto Antonio Maceo hoy, martes 22 de septiembre de 2015, en Santiago de Cuba (Cuba).

Francisco, el papa latino y diferente, culminó hoy su primera visita a Cuba con mensajes para la reconciliación, no sólo con EEUU, sino también entre los cubanos de dentro y fuera de la isla, con un lenguaje prudente y medido, pensado para no molestar a ningún sector de la sociedad.

Sin embargo, expertos e intelectuales consultados coinciden en ver una suerte de “mensajes subliminales”, de tono más político, en las palabras de Francisco, como su apelación a poner al hombre por encima de las ideologías en su misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución de La Habana, en un país en el que las estructuras de poder están bajo control de un partido único.

Su mención a una “revolución de la ternura” en su homilía en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre de Santiago de Cuba; ciudad considerada cuna de la Revolución castrista, o su apelación en un discurso ante jóvenes a la “amistad social” y a respetar al que piensa diferente, tampoco caen en saco roto.

“Por supuesto que hay una intención subliminal. Identifican algunos de los problemas que hay en Cuba. Es un discurso muy pertinente y lo hace a propósito”, afirmó el exdiplomático y académico cubano Carlos Alzugaray, quien opina que el papa ha hecho gala de su estilo fresco que cala también entre los no creyentes para mejorar la imagen de la Iglesia en Cuba.

Según Alzugaray, el papa capitaliza el apoyo que brindó a la distensión entre Cuba y Estados Unidos en pos de consolidar los espacios que la Iglesia católica cubana ha ganado en los últimos años, ya que en sus discursos ha incidido en cuestiones como el servicio o la ayuda a los necesitados, “valores compartidos por la revolución y la doctrina social de la Iglesia”.

“Aquí en Cuba se evitan temas candentes como el aborto o el divorcio, porque están superados desde hace años”, indicó.

El restablecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU, un proceso histórico que arrancó apoyado por la diplomacia vaticana, ha sido el telón de fondo de este viaje papal, insertado en una gira que continua justamente en el país norteamericano en un momento en que ambos países, tras la apertura formal de sus embajadas, estudian cómo normalizar de una vez por todas sus vínculos, rotos en 1961.

Los mensajes de Francisco a la unión y la conciliación a los gobiernos de Cuba y EE.UU, a creyentes y no creyentes, y entre cubanos, incluida la diáspora; han dejado un sabor agridulce entre algunos representantes de la disidencia interna, que han estado al margen de cualquier evento del pontífice ni han sido mencionados en sus discursos.

Aunque no hubo ningún encuentro programado del Papa con ellos, el nuncio Giorgio Lingua invitó a tres mujeres disidentes, la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler; la ex presa política Marta Beatriz Roque, y la periodista independiente Miriam Leiva, al recibimiento del Papa el pasado sábado a la sede de la nunciatura, a donde nunca pudieron llegar porque fueron detenidas.

Roque y Leiva fueron invitadas de nuevo a un acto al día siguiente en la catedral de La Habana, pero fueron retenidas varias horas otra vez para impedir su presencia allí; y varias decenas de opositores fueron detenidos cuando trataban de asistir a la misa papal en la Plaza de la Revolución de La Habana.

El papa Francisco ora en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba (Cuba).

El papa Francisco ora en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba (Cuba).

Ningún representante del Vaticano ni de la Iglesia ha condenado estos actos y, preguntado por ello, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, se limitó a aclarar que estaba programado “un saludo” de las tres reconocidas opositoras a la llegada del Papa, pero dijo no tener “nada que decir” sobre las detenciones.

Una de las afectadas, la intelectual Miriam Leiva, señaló que, a pesar de lo infructuoso del encuentro con el papa, la mera invitación fue “un gesto positivo de consideración hacia un sector de la sociedad que es reprimido sólo por pensar diferente”.

Leiva también opina que los discursos del papa estuvieron salpicados por algunos mensajes subliminales que llaman a una “mayor apertura y participación de la sociedad civil” y a consolidar los espacios logrados por la Iglesia católica

“Él habla de forma delicada, pero no deja de decirlo. No lo dice de forma abrupta para que su mensaje sea aceptado”, explicó Leiva, quien apreció la “inteligencia” de Francisco que ha sabido adaptar sus palabras “al lenguaje y tipo de vocabulario de Cuba”.

La prudencia del Papa en sus discursos, sin menciones explícitas a la disidencia, los derechos humanos o libertades fundamentales, se interpreta como una intención de no perjudicar los esfuerzos del Vaticano en el acercamiento con EE.UU, ni la mejor sintonía que reina ahora entre el gobierno de Raúl Castro con la Iglesia católica.

Diecisiete años después de la visita de Juan Pablo II a la isla, cuando exhortó que “Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, su providencia comienza a hacerse realidad en un país que actualiza su modelo económico apoyado en la inversión foránea; y que ha entablado un diálogo fluido tanto con EE.UU como con la Unión Europea.

‘REVOLUCIÓN DE LA TERNURA’

Al finalizar una gira de cuatro días a la isla en que la revolución de 1959 llevó al poder a un gobierno comunista que trató de remplazar la influencia de la iglesia, el papa Francisco llamó a los cubanos a redescubrir su herencia católica y buscar una “revolución de la ternura”.

El pontífice pronunció esas palabras el martes en la ladera de las montañas de la Sierra Maestra donde el presidente cubano Raúl Castro y su hermano Fidel dirigieron una guerrilla que con el tiempo se apoderó del poder hace más de cincuenta años.

Su homilía en el santuario de la Virgen de la Caridad de El Cobre durante una misa a la que acudió Raúl Castro fue la más reciente de una serie de críticas que hizo al sistema político de la isla con palabras cuidadosamente escogidas.

El domingo en una misa en La Habana Francisco llamó a los cubanos a servir uno al otro y no a una ideología en un país en que el gobierno controla la mayoría de los aspectos de la vida.

Alrededor de 10% de los cubanos asiste regularmente a misa y la iglesia ha tratado de aprovechar la ligera apertura que bajo el gobierno de Raúl Castro para revivir la herencia religiosa del país.

Tras décadas de hostilidad oficial a la iglesia el gobierno gradualmente le ha dado mayor espacio para operar, ha permitido la reapertura de templos y permitido que sacerdotes dirijan programas educativos, así como programas para atender a pobres, enfermos y ancianos.

Francisco ha balanceado cuidadosamente su deseo de trabajar con el gobierno de Castro en su camino a una reforma interna y su mediación en la distensión en sus relaciones con Estados Unidos, junto con su añeja crítica del comunismo por ser un sistema que reprime el espíritu.

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