Dos españolas y una mexicana hacen piña en el Ballet Imperial Ruso

 La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa para Efe durante un ensayo de "El Cascanueces", que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid.

La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa durante un ensayo de “El Cascanueces”, que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid.

El Ballet Imperial Ruso es una compañía clásica creada por Maya Plisetskaya en 1994 y que, desde entonces, gira por España cada Navidad. Esta lo hace con una novedad: alberga una “spanish mafia”, de la que forman parte la madrileña Ana Gómez Salamanca y la cacereña Jara Talavero.

 

Esa es la forma cariñosa en la que la compañía ha bautizado al trío que forman las dos españolas y una mexicana y que “no paran de hablar” en cuanto tienen ocasión, explica entre risas Gómez Salamanca (1990), que aparece en el programa de mano del ballet, que interpretará durante un mes en Madrid “Cascanueces”, “El lago de los cisnes” y “Don Quijote”, como “Anna Gómez-Salamanca”.

 

La madrileña está “más que agradecida” a la oportunidad que le propició la compañía a través de la moldava Radamaria Nazarenko, que antes de instalarse en Madrid para abrir su propia escuela fue solista principal del Ballet Imperial Ruso.

 

“No encontraba trabajo en España ni en Europa, todo era dificilísimo y Radamaria -profesora suya- me animó a contactar con el Ballet Imperial Ruso. Les gusté y ya hace un año que estoy con ellos”, resume Gómez Salamanca.

 

Empezó a bailar a los 8 años, “un poco como hobby”, y a los 15 decidió hacerlo “en serio”, en el Real Conservatorio Superior de Danza al que siguió la Escuela de Ballet Carmina Ocaña y, por último, la de Nazarenko.

 La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa para Efe durante un ensayo de "El Cascanueces", que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid.

La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa durante un ensayo de “El Cascanueces”, que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid.

Solo había tenido una experiencia como bailarina profesional en una compañía en Londres, “pero por muy poco tiempo”, así que vive el trabajo con el Ballet Imperial Ruso como una experiencia “fantástica” a pesar de que, al principio, “fue muy duro” no conocer el idioma.

 

Llegó a Moscú sin prejuicios sobre los rusos pero le sorprendió ver que eran “tan afables”, “cercanos” y “familiares”, muy lejos de una actitud “cuadriculada”.

 

“Parecen españoles”, se ríe de nuevo Gómez Salamanca, que se siente “una más” de una compañía de 35 miembros en la que, además de la “spanish mafia”, hay rusos, ucranianos, kazajos y moldavos, todos “sufridores” de temperaturas que ya han bajado hasta los menos 20 grados.

 

“Allí la gente no sale a la calle. Va a donde tiene que ir, no pasea y aún con esas temperaturas la vida sigue, no se suspende nada. A todos nos afecta por igual, así que…a abrigarse”.

 

El Ballet Imperial Ruso no tiene un teatro estable y sus funciones en Moscú suelen ser en el Teatro de la Opera Novaya, pero realmente sus representaciones, que se cuentan por cientos al año, son en gira por todo el mundo.

 

En el tiempo que lleva con los rusos ha aprendido una expresión técnica “muy diferente” pero, sobre todo, a dosificar su energía: “no puedes dar el mil por cien en cada ensayo ni en cada representación, porque al día siguiente tu cuerpo está bajo mínimos, y aún menos sin hay, como en Madrid, días de funciones dobles”.

La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa durante un ensayo de "El Cascanueces", que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid

La bailarina madrileña Anna Gómez Salamanca, posa durante un ensayo de “El Cascanueces”, que el Ballet Imperial Ruso representa desde ayer en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid

 

“Cuando tienes 24 años, las giras están muy bien, pero a partir de los 26, más o menos, eso empieza a ser más complicado, por eso me gustaría, además de volver a España, lo que está muy, muy difícil, trabajar en unos años en una compañía europea con teatro estable”, desea la bailarina que antes aspira a subir escalones y pasar del cuerpo de baile a solista y, “por fin”, a solista principal.

 

También sueña con un futuro en España su compañera porque, explica la cacereña, su novio vive en Madrid, pero, de momento, todo le parece “genial” porque está conociendo “mucho mundo” y aprendiendo cosas diferentes “a diario”.

 

Talaverano empezó a los 3 años en la danza pero le ha costado mucho dedicarse a él profesionalmente porque primero tuvo que “contentar” a su familia estudiando una carrera, un tiempo “no perdido, pero casi”, bromea.

 

Ha llegado al Ballet Imperial Ruso también a través de Nazarenko, que la animó a presentarse a las audiciones, y está “muy contenta”.

 

Lleva desde el pasado verano en Moscú y le costó “mucho” la adaptación porque no sabía “ni una palabra” en ruso, quizá por eso en cuanto se ve con sus compañeras hispanas “donde sea” se ponen a hablar.

 

“A los rusos les encanta. Les parece parte del folclore español”, añade divertida.

 

Con coreografía, libreto y dirección artística de Gediminas Tarandá, el Ballet Imperial Ruso representa desde el pasado 22 de diciembre, en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid, “El Cascanueces” al que seguirá “El Lago de los Cisnes” y “Don Quijote“.

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