Vinos para remover conciencias en la mayor cata del mundo

Una gran tarta ha concluido el acto de inauguración del Congreso de San Sebastián Gastronomika, siendo Singapur y Hong Kong los países invitados.

Una gran tarta ha concluido el acto de inauguración del Congreso de San Sebastián Gastronomika, siendo Singapur y Hong Kong los países invitados.

Un vino que clama contra la destrucción de la naturaleza, otro que habla sobre el coraje de la lucha contra el ELA y uno adquirido en 1805 cuando se libraba la batalla de Trafalgar. Son los escogidos por Josep Roca, uno de los mejores sumilleres del mundo, para organizar una cata memorable.

Se anunciaba para la jornada inaugural de San Sebastián Gastronomika como “La cata más grande jamás contada (y catada)” y ha cumplido las expectativas, ya que el auditorio se ha llenado y 1.200 personas han podido disfrutar al unísono no sólo de una cata sensorial, apreciando color, aroma y sabor de los vinos, sino también de una clase magistral de las que remueve conciencias.

Probablemente este tipo de experiencias sólo sea posible a través de genios de la sumillería como Josep “Pitu” Roca, encargado de la bodega de El Celler de Can Roca (Girona), con tres estrellas Michelin y considerado el Mejor Restaurante del Mundo 2015.

“No sé si son los mejores vinos del mundo, pero sí dan para pensar; los vais a sentir, los vais a vivir y ofrecerán mensajes que mostrarán que detrás del vino hay verdades, historias de gentes”, anunciaba al inicio de esta cata única. Y no defraudó.

Para ello, este Premio Nacional de Sumillería y poeta vitivinícola se ha traído al Kursaal tres vinos que le han servido para mostrar “dimensiones que no se ven” normalmente en las catas, y que no están presentes en todas las barricas que acogen “la bebida más sana, la más intelectual que podemos beber”.

El mensaje medioambiental lo ha transmitido con un vino del Empordá de 2012, obtenido por la bodega Arché Pagès de las vides que sobrevivieron al terrible incendio que asoló la localidad de Capmani en julio de ese año.

El somelier Josep Roca durante sus declaraciones en la cata única que ha organizado para 1.200 personas en el congreso San Sebastián Gatronónmika 2015 hoy en San Sebastian.

El somelier Josep Roca durante sus declaraciones en la cata única que ha organizado para 1.200 personas en el congreso San Sebastián Gatronónmika 2015 hoy en San Sebastian.

“Carinyana de Capmani es un vino que demuestra que de lo que hacemos depende la salud del planeta. Un vino que ha salido del sobreesfuerzo de la viña de salvarse del fuego y encima dar vida. Nos enseña que debemos ir a una sociedad con valores, donde influya más el ser que el tener, más humana”, ha relatado Roca.

Un vino de potentes notas ahumadas, provocadas por el fuego que mató el 80 por ciento del territorio, que no ha salido al mercado, sólo se puede degustar en El Celler de Can Roca y “expresa la codicia, la hostilidad, y cómo la naturaleza puede ser destruida por ellas”.

“Pitu” Roca ha aprovechado para hacer una advertencia sobre el efecto humano en el cambio climático, que podría llevar “a un mundo de una ecología muy empobrecida, apenas habitable por el hombre”, por lo que ha apelado a la “sensibilidad” ciudadana para garantizar alimentos que den continuidad a una cocina reconocida en el mundo y a unos vinos que gozan de igual prestigio.

Roca ha escogido Pau 2008, del Priorat, para mostrar el coraje de una familia que sufre en uno de sus miembros esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y su proyecto vinícola para recaudar fondos para los afectados por enfermedades neurodegenerativas, Ilusión+.

Con este vino nacido en un año difícil para el Priorat, ha apelado a la necesidad de ser solidarios “porque sienta bien” y quizá también por egoísmo, ya que la ELA puede sufrirla cualquiera “porque en el azar estamos todos”.

El sumiller ha comparado esta dolencia con la filoxera, “el ébola, el cáncer, el sida de la viña” para hablar del ejemplo de Pau y Gina, un joven matrimonio al que la ELA cambió su destino y la de sus dos hijos.

A Pau se la diagnosticaron en 2013, y junto con Gina decidió incentivar la investigación de las enfermedades neurodegenerativas a través de Ilusión+, un proyecto para crear “vinos de calidad con responsabilidad social con los que buscan recaudar fondos para ayudar a familiares o proyectos concretos, o invertir en la investigación de estas enfermedades”, explican en su web.

Para Roca son “vinos que nacen del corazón para brindar con ilusión”, además de “ejemplo de superación, de lucha incansable”, reflejado en botellas que llevan el nombre de los fundadores, pero también de sus hijos, Montse y Ferràn.

Pitu Roca ha escogido para el cierre de esta cata un vino tan escaso como peculiar, del que ha repartido 1.200 gotas para que el público de San Sebastián Gastronomika pudiera viajar más de 200 años atrás en la historia.

Concretamente a octubre de 1805, cuando uno de los fundadores de la bodega jerezana González Byass compró, en pleno fragor de la batalla de Trafalgar, un vino que tenía ya varios años de vida.

A Roca le ha servido para hablar de “una tierra con carácter, de una larga generación de vinateros y de técnicas de crianza autóctonas” que se han mantenido sobre las modas viticultoras.

De este vino, de “contundencia fósil”, sólo se conserva una bota, pero es ejemplo de que “hay vinos que son inmortales” y testimonio de batallas libradas entre países, pero también “entre la tierra, el tiempo y la madera”, musitaba Josep Roca, arropado por la voz de Morente y las palabras de Lorca. “Para los vinos no se necesitan discursos gustativos, sino principios y filosofías de vida”.

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