Los grandes también fracasan

 Los chef españoles Jordi Roca (i) y Joan Roca (d), junto al somelier Josep Roca (C), hermanos y dueños del restaurante español el Celler de Can Roca, sonríen al coronarse en Londres como el mejor restaurante del mundo por segunda vez, por delante del italiano Osteria Francescana, segundo, y el danés Noma, tercero.

Los chef españoles Jordi Roca (i) y Joan Roca (d), junto al somelier Josep Roca (C), hermanos y dueños del restaurante español el Celler de Can Roca, sonríen al coronarse en Londres como el mejor restaurante del mundo por segunda vez, por delante del italiano Osteria Francescana, segundo, y el danés Noma, tercero.

Albert Adrià representa el éxito en la gastronomía española. Reconocido como uno de los mejores reposteros del mundo, tras el cierre de elBulli ha abierto cinco restaurantes en Barcelona, pero hoy ha admitido que el megaproyecto que acometió con su hermano Ferran en Ibiza ha fracasado.

Se trata de Heart, un espacio concebido como “colisión creativa entre gastronomía, música y arte”, en colaboración exclusiva con El Circo del Sol, con una inversión de nueve millones de euros, según ha explicado hoy en el congreso San Sebastián Gastronomika.

Concebido para abrir cuatro meses entre primavera y verano, Heart “empezó mal”: “No logró el ritmo hasta que hemos cerrado, por lo que el modelo a trabajar para 2017 no será el del primer día, sino el del último. Necesitaremos dos años para hacer algo en este mundo de cocina, arte y música”.

Obras que se retrasaron y que obligaron a una apertura “atropellada”, mobiliario incómodo, una cantidad ingente de personal -inicialmente se contrató a 320 personas, cantidad que hubo de reducirse-, “secretismo” sobre el proyecto o “un mal sistema de reservas”, son algunos de los factores que han hecho del Heart un proyecto fallido pese a los apellidos Adrià y Circo del Sol.

“No sabíamos distribuir a la gente, teníamos un mal sistema de reservas, pusimos zumos cuando la gente demandaba champán, y había una gran complejidad de personal con artistas, maquilladores, iluminadores, cocineros, bartenders…”, ha ido detallando Albert Adrià, quien ha remachado que “de los errores se aprende”.

“Ni la gente entendió la propuesta del Circo del Sol, que era muy arriesga, ni acabó de funcionar a nivel gastronómico, porque no hicimos nada diferente”, aunque hoy ha expuesto en el auditorio un repertorio de platos que no se encuentran en otros restaurantes.

Y es que, “aunque la gente esperaba algo más, tipo elBulli, al final el steak tartar funcionaba como un tiro”. “Supimos adaptar la oferta gastronómica, para unas 200 personas, a los 40 o 50 días”, ha apuntado.

También era arriesgada la propuesta musical, “porque nos salimos de Village People y Pet Shop Boys y eso nos pasó factura”.

“Queríamos hacer una propuesta diferente, queríamos cabaret y espectáculo, pero al final era un restaurante más. Ha sido lo peor y lo mejor que he hecho en mi vida”, ha admitido.

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