El Museo Picasso muestra la fascinación del pintor malagueño por El Greco

Greco2El Museo Picasso de Barcelona muestra desde hoy en la exposición “La pasión grequiana de Picasso” la fascinación e influencia que ejerció Domenicos Theotocopoulos en el pintor malagueño en diferentes etapas de su vida.

Fruto de un intercambio de obras, el Museo Picasso expondrá hasta el próximo 17 de enero el cuadro “Caballero anciano”, una obra maestra del retrato de El Greco, que pertenece a la colección del Museo del Prado.

Esta obra se expone junto a 29 piezas que forman parte de la colección permanente del museo barcelonés, todas seleccionadas por la comisaria de la muestra y conservadora del centro, Malén Gual.

Según la conservadora, “esta admiración se puso de manifiesto especialmente en el período de contacto de Picasso con el Modernismo barcelonés, en la época azul, en los inicios del cubismo y en los años sesenta, cuando dirigió su mirada hacia el siglo de oro español.

La pintura “Caballero anciano” es un óleo de 1587-1600 y uno de los que más interés literario y artístico ha despertado desde los inicios de su exposición en el Museo del Prado.greco1

El cuadro de El Greco responde a una tipología poco frecuente, la del busto corto y al mismo tiempo austero, donde el retratado se enfrenta de manera muy directa al escrutinio del espectador, y donde se reducen al máximo los elementos retóricos que acompañan y contextualizan el retrato en la Edad Moderna: vestimenta, escenario y gestualidad.

La admiración de Picasso por El Greco se inició en su juventud, relata la comisaria, cuando tuvo la oportunidad de estudiar la obra de El Greco a raíz de sus visitas al Museo del Prado, en Madrid, durante el período 1897-1898, cuando estudiaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El joven Picasso decidió pronto formarse por su cuenta, aprendiendo precisamente de la observación de las obras maestras conservadas en el Prado, “si bien en los registros de la pinacoteca madrileña no ha quedado constancia de que copiara algún cuadro de El Greco, y sí, en cambio, de obras de Velázquez o Murillo”, aclara Gual.

De esta época proviene también la fascinación por la obra de Velázquez, constatada en una hoja de dibujos realizados en Horta de Sant Joan en 1898 en la que escribe toda una declaración de intenciones: “Greco. Velázquez inspiradme”, expuesta junto al retrato “Hombre al estilo de El Greco” (1899).

En la exposición se pueden contemplar una serie de dibujos de personajes con cabezas estilizadas, “al modo grequiano”, a menudo mezclados con otros dibujos y caricaturas de Picasso pertenecientes a este período.

Al volver a Barcelona, en el círculo del café modernista Els Quatre Gats, entró en contacto con Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo e Ignacio Zuloaga, admiradores, coleccionistas y defensores de El Greco en un momento en el que todavía no había recibido el reconocimiento general e incluso su obra estaba adscrita todavía a la escuela italiana.greco3

En los últimos años del siglo XIX, Picasso realizó varios dibujos y pinturas en los que la inspiración de El Greco es central: alargamiento pronunciado de las figuras y caracterización de los personajes con vestimentas del siglo XVI”.

Todas las obras de Picasso presentes en la exposición muestran esta influencia, entre ellas, una obra en la que retrata a Santiago Rusiñol a la manera grequiana como si fuera el Caballero de la mano en el pecho.

La influencia de El Greco se interrumpe hasta que renace hacia 1950 y se mantiene hasta los años 70, como muestra la última sala de la exposición, centrada en sus retratos.

En ese Picasso tardío, el artista malagueño utiliza todo tipo de técnicas, incluidos el grabado sobre linóleo y el aguafuerte, y temáticamente hace retratos de personajes masculinos.

El ejemplo más claro es el “Retrato de hombre con gorguera”, un grabado con gubia de 1962 donde Picasso no sólo estiliza el rostro del personaje, sino que hace suya la composición y la sobriedad de los fondos de los retratos de El Greco.

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