Las cervezas tradicionales conquistan mercados a las cerveceras industriales

Bernard Leboucq, uno de los dos maestros cerveceros que fundó en 2013 la microcervecería "Brasserie de la Senne" el 23 de octubre de 2015.

Bernard Leboucq, uno de los dos maestros cerveceros que fundó en 2013 la microcervecería “Brasserie de la Senne” el 23 de octubre de 2015.

La sed de autenticidad de los consumidores impulsa las cervecerías artesanales, que en Bélgica ganan terreno frente a los gigantes del sector, como la belgo-brasileña AB InBev.

Los consumidores “se vuelcan cada vez más hacia un comer, beber y consumir local, artesanal. Es una tendencia que existe en Europa”, constata Bernard Leboucq, uno de los cerveceros del pequeño fabricante La Senne, cervecería fundada en 2003 en Bruselas.

El caso de este belga, que comenzó a hacer cerveza en un local usurpado y ahora produce junto con su socio Yvan De Baets más de 6.000 hectolitros por año, ilustra perfectamente la importancia que toman las microcervecerías en una país con una antigua tradición cervecera.

“No tenemos miedo de la competencia de los grandes grupos, las marcas, son más bien las cervezas tradicionales las que conquistan mercados a las cerveceras industriales”, explicó Leboucq, que emplea unas diez personas en un barrio popular de la capital belga.

Con el auge de nuevos artesanos como Leboucq la cantidad de cerveceras aumentó los últimos años en Bélgica.

“Hacia seis, siete años, éramos 120, ahora 168″, se ufanó el presidente de las cerveceras belgas, Jean-Louis van de Perre, que sin embargo no los cuenta a todos ya que algunos son muy pequeños.

El éxito de estas microcerveceras en Bélgica es, antes que nada, el “redescubrimiento de la cerveza, de su diversidad, de su sofisticación”, analizó van de Perre, en su oficina de la corporación de cervecerías situada en un edificio de estilo barroco de la Gran Plaza, corazón histórico de la capital belga, sede del gremio desde el siglo XVII.

“A fines del siglo XIX había unos 3.200 cerveceros y era casi imposible no encontrar al menos una cervecería en cada ciudad o pueblo”, escribió el belga Jean-Pierre Baronian, en un diccionario sobre Bélgica.

El interés por esta bebida no recae. Los supermercados venden incluso paquetes completos para que el que lo desee se convierta en cervecero aficionado.

Bélgica tiene una gama muy variada de cervezas con cuatro modos de fermentación: baja, alta, espontánea o mixta, con innumerable cantidad de sabores.

“Las microcervecerías se inscriben en esta tradición, ofrecer sabores”, señaló van de Perre, ex vicepresidente de AB InBev hasta fines de 2013. De esta forma, la cervecería de La Senne, que tiene una gama de cinco cervezas, saca nuevas variedades en cada estación, como por ejemplo en cada Navidad.

Según van de Perre las cervecerías artesanales son positivas para los grandes grupos, “los despertaron” compitiendo en algunos de sus segmentos.

Las microcervecerías belgas aprovechan asimismo el prestigio de las grandes marcas, como Stella Artois de AB InBev, y de sus redes de distribución en el extranjero. Esto le permite a la cervecera La Senne exportar a Italia, Estados Unidos o Japón.

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