Versalles revive con gran pompa el ocaso del Rey Sol 300 años después

Turistas caminan por los jardines del Castillo de Versailles el 11 de setiembre de 2015.

Turistas caminan por los jardines del Castillo de Versailles el 11 de setiembre de 2015.

La muerte de Luis XIV hace 300 años marcó para muchos el principio del fin de la monarquía en Francia. Una exposición revive en Versalles el ocaso del Rey Sol, puesto en escena como un fascinante espectáculo barroco, lúgubre y grandilocuente.

Pocos reyes inspiraron tantos estudios, biografías y descripciones minuciosas de la corte, pero nunca se había puesto una mirada tan atenta a su muerte, ocurrida el 1º de septiembre de 1715 a los 77 años tras 72 de reinado, el más largo a la fecha de las grandes monarquía europeas.

Para “El rey ha muerto”, Versalles apeló al gran director operático italiano Pier Luigi Pizzi, que puso en escena esta exposición presentada en nueve secciones.

La agonía de Luis XIV fue tan corta como largo su reinado, marcado sin embargo por serios problemas de salud.

A fines de agosto de 1715, ya desfalleciente por las complicaciones de una pierna gangrenada, el rey siente que llega el fin. “Me voy, pero el Estado durara por siempre”, dice a sus consejeros.

El 26 hace convocar a su bisnieto, el futuro Luis XV, y le prodiga algunos consejos, entre ellos “evitar en lo posible hacer la guerra”. El 1º de septiembre, a las 8h15 de la mañana, una vela permite constatar que el rey dejó de respirar.

A partir de entonces se pone en marcha el ritual funerario que la exposición presenta en sus mínimos detalles, de la misma forma en que el Rey Sol exhibió su vida ante la corte como un espectáculo permanente, que resultó ser un eficaz sistema de ejercicio del poder.

Estética del luto

El visitante asciende hacia la exposición a través de una escalinata al fúnebre son de una marcha de percusiones y vientos. Arriba le espera la reconstrucción un imponente catafalco de 30 metros de altura. Dos calaveras sostienen una gran corona rodeada de enormes terciopelos negros sobre el féretro cubierto por los atributos reales.

A partir de allí se deambula hacia las demás salas, que exploran todos los aspectos de la muerte real. Comienza por el embalsamamiento y la separación del corazón, conservado en la Iglesia San Antonio, lo cual le permitirá escapar a las profanaciones de la Revolución francesa en la basílica de Saint-Denis que arrojaron el resto del cuerpo –y el de los otros reyes de Francia– a una fosa común.

Sigue una sala sobre la etiqueta del luto, con todos los matices y variantes en función de las casas reales de Europa. Desde un carmesí violeta al negro persistente hasta nuestros días, pasando por el más extremo, un inmaculado blanco llevado por María Estuardo.

La muestra concluye con una reseña de cómo parte de los ritos funerarios de la monarquía inspiraron el protocolo republicano hasta nuestros días.

“El rey ha muerto” permanecerá abierta en el castillo de Versalles hasta el 21 de febrero.

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