La débil I+D española

Una científica trabaja en el laboratorio de PharmaMar, la principal compañía biofarmacéutica española, el 23 de julio del año 2003 en Colmenar Viejo (Madrid).

Una científica trabaja en el laboratorio de PharmaMar, la principal compañía biofarmacéutica española, el 23 de julio del año 2003 en Colmenar Viejo (Madrid).

Doctora en química, Ester Artells abandonó España por no encontrar un empleo a su altura en la cuarta economía de la zona euro, donde la I+D apenas tiene dinero, lo que supone un riesgo para su competitividad a medio plazo.

“En muchas partes les interesaba mi currículum, pero siempre en el extranjero”, dice con un deje de ironía la investigadora, ahora empleada por el Instituto Mediterráneo de Biodiversidad de Marsella, en el sur de Francia.

Tras haber defendido su tesis en 2011 en la Universidad Autónoma de Barcelona, buscó en vano un trabajo en una España en plena recesión. “En España lo pasaba mal, estuve en el paro dos años, no tenía ningún tipo de ayuda”, recuerda esta morena sonriente al explicar la razón de su partida.

“Ahora hay investigadores españoles en todos los rincones del mundo” por no haber podido encontrar un trabajo en su país, confirma Luis Santamaría, presidente del colectivo científico AACTE.

España está a la cola de sus vecinos europeos en materia de investigación. Dedicó a la misma un 1,24% de su producto interior bruto en 2013, frente al 2% de media en la Unión Europea, según las últimas cifras oficiales disponibles.

España empezó a reducir su retraso en los años 2000, en pleno boom económico, colocándose en cabeza en ámbitos como farmacia o biotecnología. Pero la crisis acabó con este impulso. Y la financiación ha caído a niveles de 2007.

“El gasto en I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) del Estado se ha contraído un 60,5% entre 2009 y 2013″ y el de las comunidades autónomas un 30%, advierte el Consejo Económico y Social (CES) en un reciente informe.

Menos empresas innovadoras

El número de empleados en el ámbito de la I+D está estancado en torno a los 200.000. Sin presupuesto, imposible crear puestos de trabajo, colocar los salarios al nivel de los que se ofrecen en Francia o Alemania o atraer el talento extranjero, denuncia Javier Contreras, portavoz de la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios.

La falta de medios complica también el trabajo cotidiano de los investigadores, como le ocurrió a Ester Artells durante sus años de tesis cuando el laboratorio no tenía “un duro para poder comprar” material.

La I+D sufre la falta de cooperación público-privada por medio de laboratorios comunes, contrariamente a lo que ocurre en Francia o Alemania, lamenta el presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), Jaume Estruch. Y los trabajos científicos desembocan con menos frecuencia en patentes industriales, reconoce.

De todas formas “la fuga de talento es un problema importantísimo que en España a las empresas les preocupa muchísimo”, según César Maurín, responsable para la innovación de la patronal CEOE.

Todo esto podría costarle caro a España, en plena recuperación tras cinco años negros. La debilidad de la innovación “supone un serio impedimento para lograr una recuperación económica”, advierte Adelaida Sacristán, directora de estudios de la fundación Cotec.

Como resultado, el número de empresas de tecnología innovadora, ya de por sí más bajo que la media europea, cayó “de 30.000 en 2009 a 16.000 en 2013″, lamenta el CES.

El Estado no es el único que debe hacer un esfuerzo para invertir la tendencia, sostiene la fundación Cotec. El sector privado supone sólo un 53% de los gastos en investigación y desarrollo, diez puntos por debajo de la media europea y los bancos son reacios a dar financiación, explica su directora de estudios.

La innovación es esencial para que las empresas españolas sigan ganando cuota de mercado en el extranjero, insiste César Maurín. Las que mantuvieron sus inversiones “son las que han internacionalizado más” durante la crisis, asegurando así su supervivencia, subrayó.

Y España todavía tiene mucho camino por recorrer para alcanzar a sus vecinos. El gobierno prevé aumentar su presupuesto en I+D al 2% del PIB en 2020, lejos del 3% previsto por la Unión Europea en su conjunto

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