Abengoa cierra una tormentosa semana centrada en lograr un pacto con la banca

Abengoa cierra hoy una tormentosa semana de preconcurso, volatilidad bursátil y remodelación directiva con el duro reto de lograr, en un plazo de cuatro meses y con una enorme expectación, un acuerdo con la banca que le permita aligerar su endeudamiento y hacer viable su negocio.

Los 28.000 empleados de la firma de ingeniería andaluza, laureada por su innovación y hasta este jueves perteneciente al exclusivo índice Ibex 35, han colocado sus cuentas en la primera plana informativa, con el Gobierno, la Junta de Andalucía, la oposición y los sindicatos clamando por una solución.

Sin embargo, la sorpresa no ha sido tal para el sector ni para el mercado, que desde hace un año veían cómo el endeudamiento iba devorando poco a poco a la compañía, que intentaba esquivar el preconcurso con sucesivos planes que nunca llegaban a dar sus frutos.

El último de estos planes, jugado casi a vida o muerte, pasaba por la entrada en el capital de Abengoa del grupo industrial Gestamp, a través de Gonvarri, garantizando el éxito de la ampliación de capital anunciada en verano y que, según parece, ya nunca se ejecutará.

La entrada de Gonvarri estaba condicionada a la consecución de un importante apoyo financiero que garantizara liquidez a Abengoa, un compromiso que la banca ha renunciado a asumir, precipitando la retirada del grupo vasco y, en última instancia, el preconcurso.

El anuncio en la primera hora del miércoles de la presentación del preconcurso, materializado ese mismo día en los juzgados mercantiles de Sevilla, levantó una ola de reacciones en todos los frentes.

El mercado recibió la noticia con fuertes caídas que en dos días se cobraron el 70 % de su valor bursátil, para acabar el viernes con un rebote que evidencia que ha quedado en manos de los especuladores.

Mientras tanto, el Gobierno, los partidos de la oposición, los sindicatos y, muy particularmente, la Junta de Andalucía, se apresuraron a reclamar una solución para la situación de la compañía. Algunos incluso llegaron a pedir una intervención pública, rápidamente descartada por el Ejecutivo.

La propia Abengoa ha reestructurado su cúpula directiva con un baile de puestos que ha supuesto la concentración del poder ejecutivo en su presidente, José Domínguez Abascal, y el envío del hasta ahora consejero delegado, Santiago Seage, a la filial en los Estados Unidos.

La firma del Ibex y bandera de la tecnología solar fotovoltaica y los biocombustibles acumula en sus cuentas una deuda bruta de casi 9.000 millones de euros y más de 5.000 millones en pagos pendientes a proveedores. Es decir, un endeudamiento “muy, muy, muy, muy elevado”, en palabras del ministro de Economía, Luis de Guindos.

Así, la salida pasa necesariamente por una reestructuración de ese endeudamiento, es decir, por un acuerdo con la banca acreedora durante los cuatro meses de preconcurso -en los que la compañía está protegida de eventuales embargos- que evite el concurso como tal.

También la banca se muestra dispuesta a facilitar el diálogo, ya que ve claro el potencial y sentido industrial de la compañía, que podría ser viable una vez saneada.

Las vías que se abren son múltiples, desde el deseado acuerdo con la banca hasta la entrada de esta en el capital de la compañía o la búsqueda de un nuevo socio, improbable tras el fallido intento con Gonvarri, pasando por el siempre arriesgado pacto con los denominados “fondos buitres”.

Por el momento, Abengoa se limita a apuntar que sigue negociando con sus acreedores, unas conversaciones que pretenden salvar al grupo puntero e internacional creado hace 75 años por la familia Benjumea.

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