El almacenamiento de electricidad, actor clave de las energías verdes

Vista general de la planta de energía solar de Miravalles, Costa Rica, en noviembre de 2012.

Vista general de la planta de energía solar de Miravalles, Costa Rica, en noviembre de 2012.

Las nuevas tecnologías de almacenamiento de electricidad, consideradas por muchos expertos como esenciales para la generalización de las energías renovables, se están volviendo cada vez más accesibles aunque siguen limitadas a un uso restringido.

El almacenamiento permite absorber el excedente de corriente producido en ciertos períodos para reinyectarlo cuando la demanda de electricidad es muy fuerte, optimizando la producción intermitente de energías renovables.

“Es indispensable, y sin duda una de las claves de la integración de energías renovables de gran capacidad o descentralizadas a nivel de los particulares”, explica Jean-Philippe Tridant-Bel, de la consultora Alcimed.

En un informe reciente, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que para alcanzar el objetivo de mantener el calentamiento del planeta por debajo de los 2 ºC “sería necesario agregar 310 gigavatios (GW) de nuevas capacidades de almacenamiento a la red eléctrica de Estados Unidos, Europa, China e India”, es decir una inversión de 590.000 millones de dólares.

De momento sólo hay 140 GW de capacidades instaladas en el mundo, es decir el equivalente de la producción eléctrica de un país europeo como Francia.

Un 99% son represas hidroeléctricas. Cuando se produce un excedente de electricidad, la represa bombea agua situada en su nivel inferior para liberarla y producir electricidad mediante una turbina cuando la misma escasea en la red.

Sin embargo, estos últimos años, los industriales avanzaron mucho en materia de baterías a base de litio como las que se utilizan en los teléfonos celulares.

Por lo general tienen capacidad limitada pero permiten un almacenamiento más descentralizado, a la vez en redes eléctricas, edificios y viviendas particulares.

Durante mucho tiempo su generalización estuvo limitada por su coste elevado, pero las cosas están cambiando y actualmente “existen nichos en los que el almacenamiento se ha vuelto rentable”, explicó Michael Salomon, fundador de Clean Horizon, consultante especializado en el sector.

“En los lugares donde la generación de electricidad es garantizada por motores diésel, resulta desde ya menos caro reemplazar esa producción por paneles solares asociados a un sistema de almacenamiento”, explica.

Ello también explica su desarrollo en Alemania, donde el desmantelamiento de la energía nuclear hace que el precio de la electricidad para los particulares sea elevado y oscile en torno a los 30 centavos de euro por kwh. La población está produciendo cada vez más su propia electricidad, gracias a paneles solares en sus tejados.

El litio se agota

Otro ejemplo son algunas islas y regiones aisladas “donde las redes son más bien débiles y la penetración de las energías renovables ya es muy fuerte”, explica Michael Lippert, experto en almacenamiento de energía del fabricante de baterías Saft.

Cita el ejemplo de las islas Feroe, donde un parque eólico funciona al 70% de sus capacidades porque la red no es capaz de absorber más electricidad por carecer de capacidad de almacenamiento.

En California, el almacenamiento se ha desarrollado porque el consumidor -particular e industrial- es alentado desde un punto de vista financiero a equiparse para aliviar una red de mediana calidad. Estados Unidos protege además a sus empresas a la vanguardia del sector, como Stem, AMS y Tesla.

Fabricantes de automóviles como Nissan o Daimler se han posicionado en este mercado, vecino del de las baterías para vehículos eléctricos.

Sin embargo, los industriales todavía deben hacer avances en materia de costes de fabricación, que superan actualmente los 400 dólares el kwh. “Por debajo de los 200 dólares, muchos mercados se van a desbloquear”, predice Michael Salomon.

¿Cómo hacer? Tesla apuesta a la industrialización y la masificación de su producción en una futura fábrica gigante.

Según Michael Salomon, el futuro es la tecnología “post-litio”, ya que ese material es caro y se está agotando. La industria podría apostar por baterías de sodio, metal-aire, o de hidrógeno y aire comprimido, capaces de almacenar energía durante más tiempo.

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