La eurozona adopta un mensaje de confianza en su banca ante las turbulencias

El ministro español de Economía en funciones, Luis de Guindos (c), conversa con el ministro finlandés de Finanzas, Alexander Stubb (i), y el ministro alemán de Economía, Wolfgang Schaeuble (d), durante la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la zona del euro, en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica, hoy.

El ministro español de Economía en funciones, Luis de Guindos (c), conversa con el ministro finlandés de Finanzas, Alexander Stubb (i), y el ministro alemán de Economía, Wolfgang Schaeuble (d), durante la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la zona del euro, en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica, hoy.

Tanto Bruselas como los países del euro se esforzaron hoy en trasladar un mensaje de calma ante las turbulencias que agitan esta semana los mercados, con importantes consecuencias en las bolsas europeas, y mostraron su confianza en la fortaleza de la banca de la eurozona.

“Seguimos convencidos de la solidez de la economía europea. Y aquí se incluye al sector bancario europeo, al que veo más robusto de lo que lo veía antes”, afirmó el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici.

Tanto Moscovici como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, recalcaron que la eurozona se encuentra ahora en una posición “mejor”, más preparada, que la que tenía antes del estallido de la crisis en 2007.

Ambos extendieron este análisis al sector financiero, para el que se ha ido construyendo una Unión Bancaria en la eurozona y se adoptaron nuevas normas sobre la liquidación y reestructuración de bancos en las que priman los rescates internos -quitas a accionistas y bonistas- antes que el recurso a dinero público.

Al mismo tiempo, Dijssebloem mencionaba en otro apartado -una discusión temática sobre la calidad del gasto público- un problema a voces: los gobiernos ahora apenas tienen “margen” fiscal.

Una quiebra bancaria hoy supondría un esfuerzo aún mayor para unos ejecutivos que ven cómo sus arcas públicas están agotadas tras la crisis de la moneda única, que en varios casos acumulan altos déficit y mayores deudas públicas, y que adolecen de la falta de ingresos propiciada del exiguo crecimiento.

El ministro español de Economía en funciones, Luis de Guindos, apuntó precisamente al crecimiento moderado, de una media de 1,5 % del PIB, como el principal problema de la eurozona.

De Guindos aseguró que en ese sentido España lleva ventaja a sus socios, gracias a su mayor tasa de crecimiento, que relacionó con las reformas llevadas a cabo.

Moscovici señaló, precisamente, la importancia de adoptar las “medidas necesarias para aumentar la competitividad, facilitar la inversión y sanear las finanzas públicas, así como reducir los desequilibrios macroeconómicos”.

Mientras la palabra “reforma” es una de las más habituales en el vocabulario del Eurogrupo, en la reunión del jueves destacó la falta de menciones públicas al “Deutsche Bank”, el principal banco alemán que ha protagonizado fuertes caídas en los últimos días.

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, eludió pronunciarse al respecto, pero sí consideró que la volatilidad tiene que ver “hasta cierto punto con una exageración de los mercados”.

Ante el fantasma de una nueva crisis bancaria, el mensaje compartido por la Comisión Europea (CE) y el Eurogrupo es que hay que “confiar” en los progresos hechos.

“Nos hemos dotado de instrumentos en el último año y con ellos somos capaces de resolver un problema cuando lo haya y en el conjunto el sistema más sólido que en pasado; hay que confiar en él”, dijo Moscovici.

Sin embargo, la Unión Bancaria apenas ha comenzado a dar sus primeros pasos y está lejos de haber sido completada, ya que solo cuenta con sus dos primeros pilares: un supervisor bancario único -rol asumido por el Banco Central Europeo- hace un año y un Mecanismo Único de Resolución (MUR) apenas puesto en pie.

Éste último está pensado precisamente para gestionar las situaciones en las que un banco se aproxima a la bancarrota, tanto si es liquidado como si se reestructura, para lo que cuenta con el respaldo financiero del recién creado Fondo de Resolución Único.

Sin embargo, el estado de este mecanismo se puede resumir con una imagen: su sede en Bruselas aún no ha sido finalizada, por lo que un reciente encuentro con la prensa se celebró en el hall de entrada de la institución, a muy bajas temperaturas por la falta de aclimatación y con buena parte de las paredes aún sin pintar.

Lo cierto es que aunque la eurozona ha andado mucho desde el estallido de la crisis y ha evolucionado institucionalmente -incluso con unas medidas para mejorar la transparencia del Eurogrupo anunciadas hoy-, su escudo contra una nueva sacudida financiera es precario.

Falta por alimentar el fondo de resolución con las contribuciones de la banca, así como lograr un acuerdo sobre el polémico sistema de garantías de depósitos único para el sector, que en los últimos meses Alemania ha rechazado frontalmente hasta que, paradójicamente, no se verificara la salud de los bancos de sus socios.

Los últimos acontecimientos no han hecho cambiar su postura ni al titular germano de Finanzas, ni a su homólogo Finlandés, Alexander Stubb, quienes recordaron hoy que se sigue trabajando en la construcción de la Unión Bancaria de la eurozona y que esto se hará paso a paso.

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