Una editorial argentina triunfa trasladando cartones de la basura a la biblioteca

Fotografía de 2008 en la que se observa una vidriera pintada a mano en la editorial Eloísa Cartonera, en el barrio de La Boca en Buenos Aires (Argentina).

Fotografía de 2008 en la que se observa una vidriera pintada a mano en la editorial Eloísa Cartonera, en el barrio de La Boca en Buenos Aires (Argentina).

Cuando el escritor Washington Cucurto y el artista plástico Javier Barilaro decidieron, durante la crisis argentina de 2001, crear una editorial que usara el cartón para generar mano de obra y libros baratos, nunca imaginaron que 15 años después esa idea se aplicaría en más de 20 países y crearía un nuevo modelo de “industria” cultural.

Eloísa Cartonera, la primera editorial del mundo en utilizar el cartón de los recicladores independientes para hacer libros, estrenó este año nuevo taller y local comercial en Almagro, barrio porteño que fue cuna original del proyecto.

Tras mudarse del sureño La Boca, los seis trabajadores de la editorial, que desde 2008 es cooperativa formal, se ocupan de comprar y cortar el cartón, armar los libros, pintarlos y venderlos.

“Es un trabajo totalmente hecho por personas y a pulmón, para el que utilizamos un desecho que es el cartón, que nosotros transformamos en algo lindo y en algo útil”, dijo a Efe Alejandro Miranda, trabajador de Eloísa Cartonera que llegó a Buenos Aires desde Chile en 2008 y desde entonces colabora con el proyecto.

En el espacio recién estrenado se siente un fuerte olor a témpera y pegamento que emana de una mesa central repleta de libros en proceso y esténcils, que ayudan a identificar los títulos que integran el catálogo, que son más de 50.

En la lista se encuentran autores locales reconocidos como César Aira, Alan Pauls, Rodolfo Fogwill y Tomás Eloy Martínez, que les permitió editar su cuento “Bazán”, su última publicación en vida, y jóvenes autores que se seleccionan en el premio “Nuevo sudaca border” que organiza la editorial desde 2006.

Los escritores ceden sus derechos a la cooperativa, que luego fotocopia a pequeña escala las obras, elabora el producto manualmente y lo vende a un valor cercano a los 20 pesos (alrededor de 1,30 dólares).

Respecto de la elección por el cartón, Miranda explicó que, a pesar de que sea algo que se utiliza en negocios y casas “y se convierte en basura”, les pareció “un material noble” por la facilidad para maniobrar y por el bajo costo.

La editorial negocia la materia prima con “cartoneros” independientes, trabajadores que, con sus carros, recogen materiales reciclables de la basura y que, al momento en que se iniciara Eloísa Cartonera, eran miles, apremiados por la crisis económica y social de 2001.

Miranda señaló que ellos pagan “un poco más por el cartón” que el resto de los mayoristas, y que es por eso que los recicladores responden con material “seleccionado y de buena calidad”.

“Si la editorial se llama así, lo mínimo que puede hacer es obtener el cartón de los cartoneros y pagarles lo que se merece un trabajo tan sacrificado”, agregó.

La experiencia fue replicada en una veintena de países alrededor del mundo, que van desde Alemania hasta Mozambique.

“Cuando empezamos a tener trascendencia, todavía nos preguntaban a nosotros si podían hacerlo”, detalló Miranda, quien además aclaró que ellos no se creen “dueños de la idea” y que lo que siempre buscaron es “liberar a la literatura de los márgenes donde siempre está”.

De acuerdo con el trabajador, el mayor logro de “Eloísa” es haber permanecido viva y “seguir sumando lectores y autores” a pesar de ya haber dejado atrás aquellos fatídicos años a inicios del siglo XXI.

La vigencia del proyecto, explicó Miranda, se da porque “suma muchas cosas”: el reciclado, lo literario, lo “netamente estético” y “el solo hecho de que sea una cooperativa”.

“Todo eso que podría ser algo ‘cool’ o elitista está en el llano, al nivel de la gente, que lo puede tocar”, concluyó, y se levantó para seguir dando trazos de pintura a otro libro “cartonero” en proceso.

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