Thelma West, la única mujer judía nigeriana en el comercio de diamantes

Trabaja para “menos de 50 clientes, entre ellos 12 inversores”

Thelma West, nigeriana radicada en Londres, es una de las escasas mujeres y africanas en el negocio.

Thelma West, nigeriana radicada en Londres, es una de las escasas mujeres y africanas en el negocio.

Si bien los principales países productores de diamantes se hallan en África, los expertos de estas piedras son esencialmente occidentales o indios. Thelma West, nigeriana radicada en Londres, es una de las escasas mujeres y africanas en el negocio.

 

Esta joven de 32 años, que lleva diamantes relucientes en sus dedos y muñecas, recibe en la oficina de sus empresas de comercio de diamantes y joyas de la capital británica.

 

La discreción y la seguridad son esenciales: edificio anónimo, puerta blindada y cámaras de seguridad.

 

Su perfil es atípico en más de un sentido: pertenece a la pequeña comunidad judía de Nigeria -unos 40.000 miembros entre 140 millones de personas-, y es la primera de su familia en trabajar en el mundo de los diamantes, cuando Nigeria es productor de piedras preciosas pero no de estas.

 

“Sí, soy la única mujer judía nigeriana en el comercio de diamantes, y no conozco ningún otro africano”, dijo confesando que no ama “demasiado las etiquetas”.

 

De Lagos a Amberes

 

“A los 16 años, me fui de Lagos y vine a terminar la secundaria al Reino Unido”, dijo la mayor de cinco hijos, que tuvo una “infancia muy feliz” en un entorno privilegiado.

 

Tenía en perspectiva una carrera importante: médico, ingeniera, banquera…, pero su atracción a los diamantes, que empezó ante el joyero de su madre, resultó irresistible.

 

A los 17 años decidió ir a Amberes, la capital de los diamantes del mundo, “sin conocer a nadie allí”, para estudiar en la internacionalmente reconocida escuela Hoge Raad voor Diamant.

 

“Los cursos no eran suficientes para mí. La mayor parte del conocimiento viene de la manipulación diaria de los diamantes”, dijo.

 

Buscó entonces una pasantía y, después de seis meses la encontró con un joyero llamado David, con el que empezó con la más fácil de las tareas, pesar los diamantes.

 

En Londres, pinzas de metal en la mano, explicó las especificidades de algunos de sus diamantes.

 

“Este vale un poco más de 100.000 libras. Su color es un poco débil, pero está perfectamente tallado y refleja la luz muy bien”.

 

Menos de 50 clientes

 

Después de Amberes, fue reclutada “por uno de los proveedores de diamantes más grandes de Europa”, con sede en Barcelona.

 

“Era como ser arrojada a los leones. Tenía 19 años y era responsable hasta del último diamante de la empresa”.

 

Pasaron cuatro años hasta que creó su propia compañía en Londres, ayudada por antiguos amigos de Lagos que se habían convertido en banqueros.

 

Thelma West trabaja para “menos de 50 clientes, entre ellos 12 inversores”. Son suizos, rusos, y “un puñado de franceses”. También hay africanos, de Ghana y Nigeria. Amas de casa, banqueros, hombres de negocios.

 

Rodeada por un equipo de 10 mujeres, fabrica ella misma todas sus creaciones, que reciben una garantía de por vida.

 

¿Su obra más ambiciosa? Un collar hecho a medida casi 2 millones de libras. Además, quiere crear un taller en Nigeria para enseñar a las jóvenes a cortar piedras preciosas, gemología y joyería de creación.

 

¿Su sueño? Acabar de fabricar un “objeto revolucionario” que ha ideado. Destinado a todos los joyeros, pretende modernizar una antigua herramienta de la profesión. Tradición e innovación, un matrimonio que ilustra su ambición.

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