El asma afecta a 300 millones de personas en el mundo

El tratamiento principal son los antiinflamatorios

Doctor Fernández Rodríguez.

Doctor Fernández Rodríguez.

Cada primer martes de mayo se conmemora el Día Mundial del Asma, una enfermedad en aumento en muchos países, en especial en los niños, que afecta ya a cerca de 300 millones de personas en el mundo y que dificulta la respiración de quienes la sufren. La Iniciativa Mundial Contra el Asma (GINA) busca, con la celebración de este día, concienciar sobre la importancia de las acciones de prevención para evitar situaciones crónicas.

Para los 2,5 millones de afectados de asma que han sido cuantificados en España por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), es esencial conocer la evolución de los tratamientos para paliar las consecuencias de esta enfermedad respiratoria. El neumólogo del Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima, doctor Antonio Fernández Rodríguez, explica los principales tratamientos, según el tipo de asma que sufra cada afectado, así como la importancia de un enfoque multidisciplinar.

El asma se caracteriza por una inflamación crónica y variable de la mucosa (capa interna) de las vías aéreas. Esto provoca que los asmáticos sean más sensibles a diversos elementos desencadenantes: como infecciones respiratorias, aire frio, estrés, neumoalérgenos…que ocasionan una estenosis excesiva en el calibre de las vías respiratorias originando síntomas como sibilantes (pitos o silbidos provocados por la respiración al paso del aire), disnea (respiración consciente con sensación de ahogo), tos y opresión torácica. Según el doctor Fernández Rodríguez: “el asma hoy día no tiene cura, pero sí podemos suprimir la inflamación y los síntomas, consiguiendo una calidad de vida semejante a la de una persona sin asma; grandes deportistas son asmáticos y no tienen limitaciones en sus actividades”. El objetivo del tratamiento del asma es que el paciente no tenga ninguna restricción en sus actividades, ni siquiera con el ejercicio intenso.

DIAGNÓSTICO

La sospecha del diagnóstico de asma se basa en síntomas como sibilantes, disnea y tos y se suele confirmar con pruebas de función pulmonar como la espirometría, en la que puede observarse una disminución del FEV1 (volumen espiratorio forzado en 1 segundo), así como una disminución en el cociente FEV1/FVC (capacidad vital forzada) que indica una limitación al flujo aéreo. En el asma, además, esta limitación al flujo aéreo es variable a lo largo del tiempo. La reversibilidad (mejoría rápida) de esta obstrucción al flujo aéreo después de inhalar un broncodilatador de acción rápida, suele ser positiva en estos pacientes si no están recibiendo tratamiento.

MEDICAMENTOS

Al ser una enfermedad inflamatoria el tratamiento principal son los antiinflamatorios. El inconveniente es que los antiinflamatorios por excelencia son los corticoides y estos medicamentos tienen efectos secundarios, por eso los administramos por vía inhalada (en inhaladores) a dosis muy bajas para minimizar los efectos secundarios. La dosis de un corticoide en inhalación se mide en microgramos que es la milésima parte de un microgramo (unidades en las que medimos los corticoides orales).

Hoy día la piedra fundamental en la que se basa el tratamiento del asma son los corticosteroides inhalados (CSI), que son con mucho los controladores más eficaces del asma (medicación de control o mantenimiento) y ayudan a combatir la enfermedad de cualquier gravedad y duración. Estos fármacos mejoran los síntomas y la función pulmonar en cuestión de días, pero necesitamos emplearlos durante meses para conseguir la mejoría máxima y evitar las exacerbaciones; su empleo temprano nos evita también cambios irreversibles provocados en las vías respiratorias por el asma crónica. Su retirada debe ser muy lenta y en general la realizamos escalonadamente, evaluando la función pulmonar y al paciente, cada 3 meses.

Otra pieza importante del tratamiento inhalado son los broncodilatadores, que logran el alivio rápido de los síntomas porque relajan el músculo liso de las vías respiratorias, pero su efecto sobre el mecanismo inflamatorio primario es mínimo o nulo. Por este motivo no bastan estos fármacos para controlar por sí solos el asma persistente; solamente los utilizamos como tratamiento único, en el primer escalón del asma leve intermitente. Disponemos de broncodilatadores de rápida acción, que se utilizan como medicación de rescate para el remedio rápido de los síntomas por el paciente, su empleo en dosis cada vez mayores (más de tres veces semana) nos indica que el asma está mal controlada. También contamos con broncodilatadores de acción prolongada, que utilizados conjuntamente con los CSI mejoran el control del asma y atenúan las exacerbaciones, lo que permite regular la enfermedad con dosis menores de corticosteroides.

OTROS TRATAMIENTOS

“Otros tratamientos no farmacológicos como la acupuntura, yoga…no han demostrado ninguna eficacia en ensayos clínicos bien realizados con grupo placebo por los que no los recomendamos. El uso de la inmunoterapia, las mal llamadas vacunas en el asma, consiste en inyectar dosis progresivamente crecientes de extractos de pólenes o ácaros del polvo y no ha sido muy eficaz para controlar el asma, con el inconveniente de que pueden provocar anafilaxia, por lo que no la recomendamos la mayoría de los neumólogos”, afirma Fernández Rodríguez.

TERAPIA PSICOLÓGICA

Junto con el neumólogo y el alergólogo juega también un papel importante el psicólogo, ya que el estado psicológico de quienes sufren de asma suele verse mermado. Según recientes estudios de la SEPAR, existe una relación entre el asma y cuadros de ansiedad y depresión. Sucesivos ataques respiratorios dejan huella en las actividades diarias de los pacientes de asma, sobre todo en los adultos. Y un continuo estado de ansiedad supondrá un empeoramiento general de las condiciones de salud.

 

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