Mario Pacheco, el último guitarrista en entrar en la vida de Amália Rodrigues

Mario Pacheco es propietario de Clube de Fado, además de guitarrista de guitarra portuguesa –dicen que el mejor guitarrista de Portugal- y persona que acompañó a Amália Rodríguez durante los últimos diez años de su vida. Estos son los referentes que tiene Grupo ES. para hacerle una entrevista en su local lisboeta, hacia las 3 de la madrugada, después de vivir tres horas intensas de espectáculo de fado. ¡Maravilloso!

 

Cuando tiene que hablar de su proyecto –en estos momentos con casi 20 años de recorrido y dos locales en pleno barrio lisboeta de la Alfama-, en su buen español, Pacheco se para unos segundos, reflexiona y espeta: “Los hechos son así” como si fuera un notario del tiempo. “Yo soy un músico –precisa- toda mi vida he sido un músico. Primero como guitarrista con guitarra clásica española. Después, la guitarra portuguesa, cuando empecé a componer. Hasta ese momento mi vida se desarrollaba por el extranjero de concierto en concierto, de festival en festival. Y continúo ahora haciéndolo de alguna forma”.

 

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Copyright © Grupo ES., 2014.

“Los locales (de fado) que había en Lisboa a mi no me agradaban. El fado era solamente un pretexto para atraer turistas, para vender discos…; para todo, menos para las cosas importantes como lo son para mí la cultura portuguesa…, Lisboa, el fado… Para mí el fado es algo único: la música de un país, de una ciudad… Así nació un proyecto de abrir una casa donde el fado fuese muy bien tratado, presentado con respeto y esta casa está fundamentada en el respeto mutuo. Intento ofrecer a quien viene aquí el máximo respeto y es necesario referir a quien nos visita también respeto, porque todo es importante aquí: el servicio de los empleados, la comida portuguesa y la música que para mí, como músico, es lo más importante junto con las letras del fado”.

 

Propietario de Clube de Fado en Lisboa, compositor y considerado el mejor guitarrista de guitarra portuguesa

 

Con esta directrices empresariales, “comenzó este proyecto que llamé Clube de Fado para evitar ponerle Casa de Fado. Club para mi tiene el sentido de un local de reunión de personas con iguales gustos y preferencias… Y esto es lo que yo intenté hacer aquí”, dice esbozando una amplia sonrisa bajo su poblado mostacho. Y añade: “Un local para quien desee escuchar la música de Lisboa, la música de fado, la guitarra portuguesa… que es todo para mí”.

 

Influencia

 

“Desde entonces han pasado casi 20 años. Estoy contento, muy contento porque hemos hecho cosas que no se hacían durante 200 años de fado. El Clube de Fado ha transformado toda la atmósfera del fado en Lisboa. Los otros (locales) intentan seguir los caminos por los que yo empecé. Por ejemplo, cuando se canta, no debe haber empleados en la sala…, la atención es para centrarse solamente en la música. Y muchas otras cosas que no puedo ni debo decir… porque todo será copiado”, asevera rotundo. E insiste, exento de egolatría y con pasmosa sencillez: “Estoy muy contento porque al cabo de estos 19 años, estoy seguro de que es el local de más prestigio de fado en el mundo. Porque si es en Lisboa, es en el mundo… Y eso me agrada muchísimo. Viene gente de todas las partes del mundo a Lisboa para estar en el Clube de Fado. Esto no es una sobrevaloración… La gente que viene de Australia, Japón, de Rusia viene a Lisboa para conocer Clube de Fado, para conocerme a mí –que soy un ‘poco’ conocido por el mundo adelante- … interesados por la música de un país. Clube de Fado es la primera opción, cuando se llega a Lisboa. Mucha gente viene al local, primero, para ir al Clube de Fado, y luego ver los monumentos… Pasar una noche aquí, comiendo, disfrutando del ambiente… y yo intento que el ambiente sea intenso cuando cantamos, cuando tocamos…”. Y se disculpa: “Esta noche no toqué en solitario, porque los músicos no son los habituales. Todo esto forma parte del ambiente, de la atmósfera diaria de Clube de Fado”.

 

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Copyright © Grupo ES., 2014.

Se agradece el buen español de Mario Pacheco porque crea cercanía con el entrevistado. El local está casi vacío (3 y pico de la madrugada). Sólo quedan algunos clientes en la puerta y los empleados recogiendo con ganas de finalizar. Nosotros estamos en el altillo del local conversando. Mario, por iniciativa propia, tiene en el regazo su guitarra portuguesa como el amante que tiene en sus brazos a la amada. La acaricia, la mueve… parece una extensión de él mismo. Hay mucho afecto en estos gestos.

 

Para los que no le conozcan, así se retrata. “Es algo simple”, dice. “Soy un músico que nació… en el fado. Mi padre (Antonio) era guitarrista. Tuve la suerte de conocer a todas las grandes figuras del fado. Nací en el momento oportuno para conocer a personas que hoy son leyenda… La mayoría de los músicos, de los cantantes han oído hablar de una persona que yo conocí… de niño, muy pequeño. Nací en Lisboa, en los ambientes del fado. Me considero, en lo posible, un conocedor de todas las tradiciones. Pienso que tengo un pie en el pasado y otro en el futuro. Soy compositor y muchos de los fados instrumentales son de mi autoría. Toda la filosofía que existe aquí (en Clube de Fado) fueron sueños que yo intenté hacer realidad. ¡Mi vida es así!”.

 

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La fadista Mari Ana Bobone canta en Clube de Fado. Copyright © Grupo ES., 2014

Su padre, un guitarrista también. “Mi padre no era un extraordinario guitarrista, pero era un guitarrista muy popular. En el género del fado existe un fado popular, un fado semiprofesional y un fado profesional. Mi padre me ha enseñado todas las bases que ahora –dice irónico- me dicen algunos modernos están anticuadas. Sin embargo todo necesita un poso. El fado no nació ahora. Es una música que ha sido transmitida al siglo XXI por millares de fadistas y guitarristas. Y yo he tenido la suerte de tener unos conocimientos que mi padre me enseñó y así lo puedo transmitir a los músicos, a los cantantes. Puedo decir: Atención. Tú tocas así… pero la música verdadera es de esta forma… Muchas de las estrellas de Portugal han empezado aquí. Puedo decir muchos nombres… Mariza empezó aquí y yo toco y compongo para Mariza; Joana Amendoeira; Cuca Roseta que ahora tiene una gran visibilidad, empezó aquí hace diez años, como principiante… y, si me escucha, yo creo que la puedo ayudar en el sentido de autenticidad y calidad.

 

Como Mario se va por las ramas, le convido a abundar en la figura de su padre, Antonio Pacheco. La popularidad como guitarrista de su padre la adquirió al tocar con una cantante “muy popular en Portugal. En aquellos tiempos en que la gente no tenía tantos programas en la televisión…, siempre que actuaba, tenía una frase cariñosa para mi padre. Era: ¡Anda, Pacheco! Y esta expresión de ‘¡anda, Pacheco!’ que tiene más de 40, 50 años, todavía hoy, cuando subo a un escenario y me presentan como Mario Pacheco, en Portugal, siempre dice alguien: ¡Anda, Pacheco!”.

 

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“Mi padre era una persona sencilla. Era un hombre muy sencillo, muy humilde… Trataba a los fadistas y a sus colegas los guitarristas con mucho cariño y con mucha amistad. Y por eso, siempre que se habla de mi padre, toda la gente dice: ‘¡Oiga, yo fui amigo de su padre!’, ‘¡Conocí a tu padre!’, ‘Tu padre tocó para mí’. ¡Y todo esto sin ser un guitarrista de primera fila! ¡No era una estrella! Sin embargo, para los aficionados el les ayudaba para que mejorasen un poquito. Tenía una forma muy personal de tratar a los fadistas aficionados, incluso a los profesionales… Como él sabía cómo era la música del fado, los tiempos, las melodías… el enseñaba como me enseñó a mí”, dice con satisfacción.

 

Amália

 

Y ahora entro en un tema en el que Pacheco es una reliquia viva para el mundo musical. Sabemos que ha tocado, en sus últimos años, para la reina del fado, Amália Rodrigues (23-7-1920-7-10-1999), y que es premio ‘Amalia Rodrigues’. Queremos saber cómo era Amalia. Pero Mario Pacheco, sorprende con su modestia. “Yo no me considero un guitarrista de Amalia. Fueron otros los que hicieron ese recorrido, Carlos Gonçalves, José Fontes Rocha, Ary dos Santos… Pero, sí fui el último guitarrista en entrar en su vida”. Pacheco estuvo a su lado en los últimos 10-12 años de la vida de Amalia.
Mario recuerda –mientras se abre una gran sonrisa en su rostro como si reviviera esos instantes pasados en este momento-, cómo a eso de la una de la madrugada –más temprano que cuando le entrevisto a él- llegaba Amália al Clube de Fado y decía: “¡Anda, Pachequinho”. Mario siempre la llamó Ana María. Era su nombre en una película ‘Fado historia de uma cantadeira’ (1957).

 

“Tuve la felicidad de estar casi a diario con Amália. Compuse músicas para Amália. Es una parte extraordinaria de mi vida. Nací y en el regazo de mi madre escuchaba las canciones de Amália. Con 20, 24 o 25 años toqué dos o tres veces con Amalia. En ocasiones que ella aparecía y quería cantar… Siempre sin un reconocimiento de Amalia… era un guitarrista que estaba ahí. La vida me transformó. Me fui haciendo conocido. En los más de diez últimos años de su vida, comenzamos un proyecto de hacer un disco nuevo. En este proyecto la componente principal era la confianza porque ella estaba en un periodo de su vida que la gente decía, ‘Amalia ya no va a cantar más’. A cambio de todo lo que recibí de Amalia, yo solamente le di una cosa, la esperanza. Y la compañía aquí en Lisboa y en su casa del Alentejo, en Brejão. Hacíamos grabaciones por la noche… Ella ya tenía el cáncer… aunque no lo sabía… Y existen por ahí grabaciones maravillosas con Amalia y diez o doce personas más. Para mí, Amália es la persona más brillante que he conocido. Era una poetisa… fantástica. De una perspicacia fantástica y una inteligencia superior. ¡Un gusto estético superior! Por todo esto, Amália es Amália. En todo el mundo, en Portugal es el icono musical Incluso después de más de una década de haber fallecido… Para mí, resulta natural, su éxito, su agrado…, era una persona especial –dice Mario Pacheco conteniendo la emoción- ¡Una voz única!“.

 

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Copyright © Grupo ES., 2014.

Y sigue describiendo a su Ana María, esto es Amália Rodrigues. “Particularmente a mí me gustaba su clarividencia, su gusto estético por las letras, por las músicas, por las personas…. Muy inteligente. A ella le gustaba tener compañía. Yo muchas veces le decía: ‘Amália, esta gente non presta’. Solo se querían aprovechar de su presencia. Y ella me decía: Ya lo sé, Mario. ¡Ya lo sé, Pachequinho! Pero al contrario del dicho, yo prefiero estar mal acompañada que sola. Ella no quería estar sola…”, explica Pacheco.

 

Una palabra, fado

 

Entramos ahora en lo que significa la palabra ‘fado’ para Mario Pacheco. “El fado es mi vida. Y eso no se puede resumir. Yo he nacido en el sustrato del fado, con los fadistas, los guitarristas… Tengo razones para tener un profundo respeto por esta música. La vida me dio razones para amar la música de Lisboa, de Portugal, porque esta es la música nacional. La música que identifica… y, pocos países, excepto Portugal, España, Argentina y algunos países mediterráneos, tienen una música que les identifica inmediatamente como país. Es un orgullo para mí nacer y vivir en una ciudad como Lisboa, ciudad del fado. Ahora el fado tiene un reconocimiento, digamos, mundial y esto tiene cosas buenas y otras que no me agradan mucho. Como esa masificación del fado, no me gusta”. Para reforzar su posición, hace suyo el dicho de que los mejores néctares se sirven en cálices pequeños… “A mí me gusta esta intimidad del fado”, en referencia al Clube de Fado. “Para mí el fado no es para disfrutar en un estadio de fútbol.., es para un teatro y si éste fuese un teatro de ópera, mejor”. Y se refiere a un espectáculo con Mariza, de dos noches, para 15.000 personas cada noche, en Los Ángeles. “El fado es espectáculo pero para mí tiene otras componentes de intimidad, de intimismo, introversión, de escucha, de mirar al interior”.

 

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Y del fado, al instrumento, la guitarra portuguesa. Instrumento que Mario Pacheco ha tenido durante toda la entrevista como si fuese su báculo y que ha acariciado en cada expresión, en cada razonamiento. Un instrumento difícil… Mario lo define como “su purgatorio”. “Un instrumento complicado por naturaleza”.

 

Y añade irónico: “Ahora hay muchos guitarristas jóvenes que tienen talento pero no tienen las bases de conocimiento… Pero dicen muchísimos de estos guitarristas en Portugal: ‘Yo intento crear instrumentales para el patrimonio de la guitarra portuguesa; crear músicas para los cantantes, para la renovación…; y añaden que lo que les da más placer es presentar nuevas músicas, nuevas formas, nuevos ritmos… Porque critican que la gente toca los instrumentales de hace 50 años… Y en cambio, en la práctica, casi todos los guitarristas tocan con mis instrumentales. A mí no me gusta mucho, pero es una novedad… Normalmente, se tocan piezas de los nuevos…”.

 

Propongo a Mario motivar a los empresarios gallegos y españoles a visitar Clube de Fado en Lisboa. Mario Pacheco dice que la motivación tiene que ser de cada uno. Explica que su local, Clube de Fado, no es adecuado para hacer negocio. “Pero, si después de los negocios, quieren algo que les haga bien a su corazón y les ilusione, su local. Donde se come bien y comida portuguesa… Soy un músico con un restaurante y se me hace difícil tener que decir: perdona porque la comida no estaba buena”. Para eso Mario exige y mucho a su gerente y a su personal. “Entonces (en Clube de Fado), todo de primera calidad. Servicio, comida óptima, porque la música –de eso estoy seguro- es de primera calidad”.

 

Y añade el mensaje a los empresarios. “Clube de Fado para disfrutar una noche, después de los negocios”.

 

Ha sido un placer estar esta noche en Clube de Fado, en Lisboa, y más con el colofón de esta entrevista tan íntima y emotiva con Mario Pacheco. Como a él le gusta escuchar, solo quiero decirle desde Grupo ES., ‘Anda, Pachequinho!’

 

VIDEOENTREVISTA (íntegra)

 

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Mario Pacheco, en Clube de Fado, Lisboa, el pasado 14 de agosto. Copyright © Grupo ES., 2014.

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La fadista Mari Ana Bobone canta en Clube de Fado. Copyright © Grupo ES., 2014.

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La fadista Mari Ana Bobone canta en Clube de Fado. Copyright © Grupo ES., 2014

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