José Carlos Vila, director general: “El sello Galicia Calidade ha servido a Kiwi Atlántico para diferenciarse”

“Podemos cosechar la fruta con un cierto grado de madurez todavía en planta”

José Carlos Vila Costas, gerente de Kiwi Atántico, en su despacho de Ribadumia.

José Carlos Vila Costas, gerente de Kiwi Atántico, en su despacho de Ribadumia.

La historia empresarial del kiwi gallego tiene mucho que ver con un joven técnico agrícola que decidió que su proyecto fin de carrera  se centrara en este fruto de origen chino. De esta forma, sin quererlo, a juzgar por lo que describe, José Carlos Vila Costas catalizó la creación de una gran empresa puntera en Galicia y en España de producción y comercialización de kiwi.

La empresa nace en 1988 pero ya antes su actual socio-no productor Vicente Villar estaba vendiendo planta de kiwi, sistemas de riego apropiados, estructura de cultivo… con un socio francés. En aquel momento, Vila Costas hacía prácticas con ellos e incluso participó en algunas de las primeras plantaciones de kiwi en Galicia. Fue él quien animó a Villar a “aglutinar a los productores y comercializar” el fruto.  Se buscó entonces a los socios principales entre los que tenían grandes plantaciones con un concepto industrial del nuevo negocio que parecía prometedor.

Y así se constituyó en 1988 la empresa Kiwi Atlántico con José Carlos Vila como director general. Hoy cuenta con 70 socios de los que tres –productores y comercializadores- tienen el 60% de la Sociedad.

Situar las instalaciones en Ribadumia, Pontevedra, tienen su razón de ser aunque las plantaciones en su mayoría estén a 100 kilómetros, en Tomiño. En 1988 apareció la oportunidad de alquilar unas naves con cámaras frigoríficas que se habían dedicado al almacenaje de manzanas en el pontevedrés municipio de Ribadumia.  En el 93, el tiempo de alquiler terminaba y había una opción de compra. En ese año los precios del kiwi, cuenta Vila, cayeron brutalmente de los 6 euros a 0,60. La empresa Kiwi Atlántico, que hasta el momento había invertido en plantaciones, decidió comprar, aunque no eran las instalaciones ideales, para aprovechar la oportunidad y hacerse con las naves de Ribadumia.

En la actualidad ya se le quedan pequeñas estas instalaciones. Ya solo de kiwi gallego la producción de Kiwi Atlántico está en 5.500 toneladas y Ribadumia solo permite almacenar 6.000. Y, además, está el resto de la producción nacional (3.000 toneladas más) que, aunque no todas se almacenan aquí, es preciso tener espacio para más.

José Carlos Vila explica las ventajas de la deslocalización del envasado que practica Kiwi Atlántico, evitando los riesgos de mezclar producciones.

Kiwi Atlántico tiene distintas áreas de producción geográfica y distintas normativas de producción como es el caso del kiwi gallego que está sujeto al sello de garantía de Galicia Calidade. La producción del País Vasco, Navarra y Cantabria se almacena en Bilbao donde tienen una empresa socia que además cuenta con su propia producción. La producción de kiwi Asturiano viene en su mayoría a Galicia pero una parte queda allí para suministrar a las cadenas de distribución. Y la producción de Portugal también en su mayoría se almacena y se distribuye desde allí. De esta forma el mercado nacional de producto de Kiwi Atlántico con origen en España se puede envasar por separado de los otros.

Kiwi Atlántico tiene plantaciones también en Chile y Uruguay. Las chilenas le permiten comercializar fruto, cuando no hay producción nacional, entre junio y octubre. Aunque la calidad es inferior a la del kiwi nacional. De hecho, “los niveles de venta cuesta mantenerlos”, asegura José Carlos Vila.

La producción gallega de kiwi es la mayor (5.500 toneladas) en Kiwi Atlántico. Ésta, que lleva la certificación de Galicia Calidade, son los kiwis de primera calidad y extra. El resto, de segunda, por ser fruta con las mismas cualidades como el sabor pero deformada o plana, se comercializa con otra marca.

El sello Galicia Calidade ha servido a Kiwi Atlántico para “diferenciarnos”, explica el gerente. La certificación les exige unos estándares europeos que otras empresas productoras no cumplen y que sus clientes valoran. Vila señala Mercabarna como un mercado “que cada año crece” en la demanda de Kiwi gallego bajo el sello de Galicia Calidade. También constata una apuesta clara de las cadenas de supermercados por el producto gallego en particular y el español en general.

José Caros Vila subraya que la fama del kiwi en España la lleva el fruto gallego. Un fruto ácido, suave y dulce a la vez, características del auténtico kiwi. Esto es, con el contraste de sabor ácido-dulce.

Galicia es tierra de suelos ácidos y agua ácida. La suavidad del clima en verano, primavera y otoño, con un noviembre –tiempo de la  cosecha-  libre de heladas, hace que sea un lugar ideal para este cultivo. Y resume Vila una característica importante: “Podemos cosechar la fruta con un cierto grado de madurez todavía en planta”.

La planta del kiwi se caracteriza porque, a diferencia de los frutales, no necesita cuidados fitosanitarios. Pero frente a eso la planta exige otros requisitos como que en invierno haga frío para no tener problemas con la floración; que la primavera sea suave, sin heladas; que durante los meses de mayo y junio no haya fuertes vientos que pueden romper los brotes tiernos con frutos; que, la época de cosechar, noviembre, esté libre de heladas; y, finalmente, el riego importante que exige esta planta, para una hectárea entre 30.000 y 40.000 litros.

Por todo esto, el director general de Kiwi Atlántico dice que el kiwi es “una mala planta”. Por todas estas características que exige y que por ello “hace que no se pueda plantar en cualquier sitio”. Por ejemplo, en el interior de Galicia no se da.

Afirma también José Carlos Vila que “es muy difícil crecer en producción de kiwi en Galicia”. Se ha intentado combinar con explotaciones ganaderas pero la cultura del ganadero no sirve para el cultivo del fruto. La forma de crecer es, entonces, alquilar montes en mancomún para dedicar a plantaciones de kiwi. La empresa Kiwi Atlántico ha hecho esto en Brugueira, en Santa María de Oia, Pontevedra, donde hizo dos plantaciones en terreno de monte de 30 y 18 hectáreas que permitirán recoger entre 1.000 y 1.500 toneladas de kiwi gallego.

Kiwi Atlántico se enfrenta para los próximos años con dos líneas de mejora. Por una parte, las certificaciones medioambientales como las placas fotovoltaicas e iluminación led en sus instalaciones así como tener en propiedad nuevas cámaras frigoríficas.

Por otra parte, “necesitamos uniformar más el producto que vendemos”. La planta de kiwi tiene una floración que dura entre 10 y 15 días. Esto condiciona los frutos que en una misma planta no tienen igual estado de madurez.

Kiwi Atlántico lleva dos años trabajando con un centro de investigación para lograr un sistema que, sin destruir la fruta, a la vez que calibra el tamaño y mide su madurez pueda separarla con uniformidad. El actual prototipo consigue entre un 85 y un 90% de acierto. Se utilizará en pruebas para la campaña de este año y se espera que en noviembre de 2017 ya esté “en pleno uso”, dice Vila. Con él ya recibieron un premio fábrica 4.0 y una subvención para su creación.

“Todo esto nos permitirá diferenciarnos del resto de competidores y entregar al consumidor un producto más uniforme”, apunta el director general de Kiwi Atlántico.

Si algo recomienda al sector empresarial gallego Kiwi Atlántico es en materia de colaboración empresarial. Los ejemplos reales demuestran que esta empresa practica la colaboración. Es el caso de que con una empresa competidora en el País Vasco fueron capaces de agrupar su sociedad anónima con una cooperativa para crear una sociedad limitada. En Portugal, se aliaron con empresas lusas productoras y comercializadoras para llegar a nuevos mercados. En Galicia, su pertenencia al Cluster Alimentario les llevó, hace 4 años, a crear una Primex con otras empresas gallegas de diferentes sectores  donde encontraron algo en común para llegar a nuevos mercados. Incluso Kiwi Atlántico puede exhibir colaboraciones en temas de transporte con empresas de otros sectores.

“El sector gallego tiene muchas cualidades y tenemos que aprender  a no rechazar a otra empresa de otro sector con la etiqueta de que no vale, o incluso del propio sector. Podemos colaborar y hay que desterrar el minifundismo”, dice convencido José Carlos Vila Costas.

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