Juncker presentará en marzo la propuesta con su visión sobre el futuro de Europa

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pronuncia su discurso antes de la sesión de votación sobre cambio climático en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pronuncia su discurso antes de la sesión de votación sobre cambio climático en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia.

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, recordó este jueves que presentará en marzo próximo un “libro blanco” con su visión sobre el futuro de la UE, con motivo del 60 aniversario del Tratado de Roma, pero abogó por atajar ya la crisis europea con las medidas decididas en los últimos meses.

En la conferencia del vigésimo aniversario del centro de estudios European Policy Center Juncker dijo que también impulsará la reforma de la Unión Económica y Monetaria y tendrá en cuenta los desafíos políticos y democráticos a los que la Unión Europea a 27 se enfrenta.

“Hemos entrado en un periodo de profundos cambios, de perturbaciones que han sacudido nuestro mundo. Para algunos, esas perturbaciones representan una oportunidad, para otros, incertidumbre”, señaló.

El presidente de la Comisión pidió paciencia, dado que la Historia, dijo, “nos enseña que tenemos que ser pacientes”.

“Incluso durante la Revolución Industrial se necesitaron muchos años para que el estándar de vida empezara a mejorar”, dijo.

La UE tiene resiliencia, pero esa “virtud no es suficiente y nuestra ambición como Unión no debe ser simplemente adaptarnos al mundo, sino moldearlo”, señaló.

Para ello, sostuvo, la UE deberá tener en cuenta las lecciones de las dos crisis más grandes de los últimos tiempos: la del euro y la de los refugiados.

“Los paralelismos entre ambas crisis son claros. En ambos casos la crisis reveló que nuestra integración era incompleta”, admitió.

En el caso de la crisis económica y financiera, la eurozona disponía de reglas fiscales, pero no de la gobernanza para reaccionar a las turbulencias y prevenir una crisis de tal magnitud.

Tampoco disponía la eurozona de instrumentos que permitieran ofrecer solidaridad, como la Unión Bancaria o los fondos de rescate.

En el caso de la crisis de los refugiados, afirmó, hubo “graves limitaciones desde el comienzo”, debido al “mundo de la política intergubernamental en el que los ministros salvaguardaban su territorio” de actuación.

“Teníamos reglas europeas para las fronteras externas, estándares comunes para la política de asilo, pero la mayor parte del proceso estaba en manos de normas nacionales”, apuntó.

Para Juncker, la UE “no puede dejar proyectos importantes a medio hacer solo porque aparece otro problema”, ni tampoco responder a amenazas sistémicas con soluciones de última hora.

“Cuando la situación exige medidas audaces, debemos tomarlas y adoptarlas en el momento adecuado. No podemos esperar hasta que la próxima crisis haga el trabajo por nosotros”, indicó.

Admitió que la solidaridad no puede ser impuesta al proyecto europeo, pero opinó que los países miembros deben entender que no se trata solamente de una cuestión moral, sino de la capacidad de la UE de funcionar en un mundo interconectado.

Para hacer frente a las crisis de la UE, reiteró Juncker, los países miembros deben “implementar lo que ya han decidido hacer”, algo que rige para la pasada cumbre a 27 de Bratislava, que aunque podía haber sido “más ambiciosa”, debe servir para aplicar “exactamente la hoja de ruta adoptada”.

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