Canadá mantiene tenues esperanzas tras la ruptura de las negociaciones con la UE

La ministra de Comercio Internacional de Canadá, Chrystia Freeland.

La ministra de Comercio Internacional de Canadá, Chrystia Freeland.

El Gobierno canadiense reaccionó hoy con “decepción” ante el fracaso de las negociaciones en Bruselas para la firma del acuerdo de libre comercio UE-Canadá (CETA) aunque mantiene tenues esperanzas de salvar el tratado.

En imágenes distribuidas por la radiotelevisión canadiense CBC, la ministra de Comercio Internacional, Chrystia Freeland, expresó desde Bruselas con lágrimas en los ojos su frustración por los problemas que han impedido a la Unión Europea (UE) firmar un acuerdo que las dos partes negociaron durante siete años.

En una declaración proporcionada por el Ministerio de Comercio Internacional, Freeland señaló que abandonaba Bruselas “decepcionada” para regresar a Canadá tras una maratoniana ronda de negociaciones que han intentado salvar el acuerdo desde que la semana pasada la región belga de Valonia vetó su aprobación.

“Canadá, y yo personalmente, hemos trabajado mucho pero es claro para Canadá que la Unión Europea es incapaz de alcanzar un acuerdo, incluso con un país con valores europeos como Canadá, incluso con un país tan amable y paciente como Canadá”, afirmó la ministra.

“Hemos pasado el día aquí trabajando mucho con los valones y la Comisión para responder a las preocupaciones expresadas por los valones”, continuó.

“Pienso que es imposible”, añadió.

Portavoces del Ministerio de Comercio Internacional de Canadá contactados en Ottawa se negaron a contestar las preguntas de Efe a la espera de la llegada a la capital canadiense de Freeland.

El fracaso de las negociaciones de última hora para salvar el CETA ha puesto en duda el viaje que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, tenía previsto realizar la semana próxima a Europa para celebrar la cumbre anual con la UE.

Trudeau tenía previsto firmar el CETA junto con los líderes europeos el 27 de octubre en Bruselas.

Pero las autoridades canadienses todavía no han confirmado si el primer ministro viajará a la capital belga.

Trudeau tampoco se ha pronunciado públicamente sobre la ruptura de las negociaciones en Bruselas.

Pero a mediados de octubre, el primer ministro canadiense aprovechó la visita a Ottawa de su homólogo francés, Manuel Valls, para lanzar una clara advertencia a la UE.

“En un mundo que está cada vez más dividido y asustado, este acuerdo aúna países que tienen intereses comunes. Es un nuevo estándar en libre comercio y también es el momento para que la UE decida de qué está a favor”, afirmó.

Trudeau añadió que si la UE no ratifica “un acuerdo muy progresista” como el CETA y con un “país progresista” como Canadá, “¿con quién hará negocios Europa?”.

Mientras, el Consejo de los Canadienses, una organización que se ha destacado por su oposición al acuerdo por el secretismo con que fue negociado por el anterior Gobierno canadiense y por preocupaciones sobre la pérdida de soberanía, emitió un comunicado en el que pidió volver a analizar el acuerdo.

“Es el momento de analizar en profundidad el CETA y lo que esta crisis supone para la globalización liderada por corporaciones, incluidos otros controvertidos acuerdos como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)”, afirmó en un comunicado Sujata Dey, responsable de la campaña de comercio de la organización.

“Es el momento para un cambio fundamental hacia acuerdos internacionales que anteponen a la población y al planeta antes que los beneficios de las corporaciones. Ese es el mensaje de hoy de Europa”, añadió Dey.

Por su parte, la presidenta del Consejo de los Canadienses, Maude Barlow, añadió que el rechazo a CETA no se limita a los valones en Bélgica.

“Hay una profunda y amplia oposición al CETA y muchos millones de personas están de acuerdo con la posición de Valonia. Miles en Europa y Canadá han expresado su posición y han actuado para que suceda (la oposición). El colapso del acuerdo muestra que los Gobiernos deberían escuchar a la población”, añadió.

Canadá ha defendido el acuerdo como el tratado comercial más moderno y progresista de la historia que permitirá al país norteamericano y la UE aumentar un 20 % su comercio bilateral.

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