El IV Congreso Internacional de Acogida Cristiana y Nueva Evangelización en el Camino de Santiago profundizó en la dimensión religiosa y espiritual del Camino

De izquierda a derecha: Segundo Pérez, Deán de la Catedral de Santiago; Julián Barrio, Arzobispo de Santiago; Marc Aillet, Obispo de Bayonne.

De izquierda a derecha: Segundo Pérez, Deán de la Catedral de Santiago; Julián Barrio, Arzobispo de Santiago; Marc Aillet, Obispo de Bayonne.

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, reivindicó este viernes el sentido esencialmente espiritual del Camino de Santiago en su intervención de apertura del IV Congreso Internacional de Acogida Cristiana y Nueva Evangelización en el Camino de Santiago. “Así, el Camino de Santiago es un ámbito propicio para que quien peregrina en espíritu y en verdad dialogue con Dios, es un signo que le ayuda a sentirse creado por Dios y liberado por Cristo, y es una experiencia en la que aprende a dar y a recibir posponiendo el tener por el ser”, dijo el arzobispo en su conferencia sobre “La Hospitalidad de la Fe en la meta de la Peregrinación”. Monseñor Barrio afirmó que “las personas emprenden la peregrinación jacobea porque buscan y porque esperan encontrar lo que su mundo moderno no ha sido capaz de ofrecerles. El rito y el misterio de la peregrinación jacobea aparecen constantes a lo largo de la historia, independientemente de los cambios y avances culturales que se producen”. El congreso, organizado por el Cabildo de la Catedral compostelana, fue presentado por el deán, Segundo Pérez López.

En una intervención en la que profundizó en la dimensión religiosa y espiritual del Camino de Santiago, monseñor Barrio hizo una reflexión sobre la hospitalidad de la fe en la acogida de los peregrinos que se acercan a la Tumba del Apóstol. “La peregrinación es un acontecimiento espiritual que puede llevar a acoger el don de la fe en Jesucristo a quien no lo tiene, o a revitalizarlo a quien ya lo tiene”, aseguró el arzobispo.

Monseñor Barrio explicó que concebir la peregrinación de esta manera puede ser una realidad “de la que sienten necesidad personas que, habiendo abandonado la fe en Cristo Salvador, muerto y resucitado, se han alejado silenciosamente de la Iglesia y que, protegidos por sus falsas seguridades, son presa de la desilusión, del escepticismo y del agobio sin tomar conciencia de la enfermedad espiritual que puede estar afectándoles. Tal vez no han visto cumplidos sus sueños y no les es fácil comprender y mucho menos aceptar el plan de Dios en sus vidas”.

Monseñor Barrio afirmó también que para el creyente “el ideal no es la fe desinformada, sino la fe informada e instruida. Explicarla quiere decir preguntarse cuál es el contenido propio de ella y cuáles son sus rasgos característicos. El creyente, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, ha de mostrar ante el foro de la razón humana que esa fe es razonable y creíble”. Y aludió a que “en la actualidad, algunos cristianos no conocen ya las verdades fundamentales de la fe cristiana; en muchos casos el contenido de la fe se ha reducido hasta un nivel sorprendente e inquietante, porque una fe carente o vacía de contenido sería una fe sin consistencia y no tendría objeto, en el doble sentido de la palabra: se evaporaría rápidamente y tendría el peligro de mezclarse, hasta hacerse irreconocible, con otras posiciones, movimientos, ideologías y utopías”.

El arzobispo comentó, igualmente, que “en medio del laicismo y relativismo, la tecnología y la electrónica, la movilidad y los viajes rápidos, la exploración del espacio y las superautopistas de la información, todo parece indicar que las personas buscan echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado. Cuanto más rápidamente camina la humanidad, tanto mayor es la necesidad que siente de unos cimientos firmes”.

“Parece que los lugares de peregrinación, y en especial el de Santiago de Compostela, responden a esta profunda necesidad antropológica”, dijo, porque “cuantos mayores conocimientos científicos poseemos y cuanto más amplia es la información de que disponemos, mayor es el ansia de encontrar un sentido último; cuanto más nos sometemos al análisis y a la terapia psicológicos, mayor es la necesidad de penitencia y purificación; cuantos mayores son los avances de la medicina, más crece la necesidad de milagros”.

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