La jornada laboral, ¿se podrá racionalizar?

Un empleado del grupo alimentario Campofrío trabaja en una fábrica de embutidos, el 23 de noviembre de 2016 en Burgos.

Un empleado del grupo alimentario Campofrío trabaja en una fábrica de embutidos, el 23 de noviembre de 2016 en Burgos.

No almorzar antes de las 15h, comprar a las 20h y el ‘prime time’ hasta pasada la medianoche: España quiere terminar con sus jornadas laborales interminables que afectan a la salud y la productividad, y, para eso, podría incluso alinearse con el huso horario de Londres.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, prometió el pasado lunes presentar rápidamente un proyecto de “pacto nacional” para la conciliación entre la vida privada y la profesional, con el objetivo de que “la jornada laboral, con carácter general, acabe a las 18h”.

Actualmente, la jornada habitual empieza a las 9 de la mañana e incluye una pausa de dos horas para comer. Un tercio de los empleados no termina hasta las 19h y uno de cada diez sigue trabajando hasta las 21h.

Estos horarios retrasan de rebote el cierre de los pequeños comercios, la hora de la cena y la parrilla televisiva. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 40% de los españoles no se acuestan hasta pasada la medianoche.

 Nuria Chinchilla, economista y miembro de la Asociación para la Racionalización de Horarios (Arhoe), enumera las consecuencias negativas de este ritmo: menos productividad que en otras grandes economías y menos vida familiar.

Como los españoles duermen menos, están menos concentrados y tienen más probabilidades de sufrir accidentes laborales, señala Chinchilla.

Además, en las casas no hay “niños suficientes ni energía para ayudarlos” a estudiar y crecer, resume esta profesora del IESE Business School de Barcelona. De hecho, el país tiene la segunda tasa de natalidad más baja de Europa, después de Portugal, y uno de los mayores porcentajes de fracaso escolar.

Adiós a la siesta

A diferencia de lo que popularmente se cree, estos horarios no son “culturales”, apunta el experto belga Jos Collin, un emprendedor que trabajó sobre el tema para la Arhoe, exponiendo sus resultados en un congreso de la organización.

Su adopción se remonta a después de la Guerra Civil (1936-1939). La carestía de la posguerra llevó a muchos españoles a acumular dos empleos, uno oficial hasta las 15h y “luego tenían una segunda jornada porque España, después de la guerra, no tenía recursos”, explica Collin.

En realidad, en los años 30 se almorzaba a las 13h y se cenaba a las 19h30, asegura José Luis Casero, empresario y presidente de la Arhoe.

Después, en 1940, el dictador Francisco Franco ordenó adoptar el huso horario de Europa Central, a pesar de que geográficamente le corresponde el del Reino Unido y Portugal.

El almuerzo, por lo tanto, no es más tarde que en otros países según el horario solar, afirma. “Si almuerzas a las 14h30, en realidad lo haces a las 13h30″.

La ministra propuso poner fin a este desajuste retrasando una hora el reloj y volviendo, como ya hizo su vecino Portugal, al horario británico. Según algunos expertos, los españoles vivirían de acuerdo al horario solar, comerían antes y se acostarían antes.

La sociedad evoluciona, aunque algunos todavía aprecian las dos horas de pausa al mediodía. La sacrosanta siesta sólo la practican el 16% de españoles, según un estudio de un fabricante de camas hecho en 2009.

Además, los hábitos entre los directivos de las grandes ciudades también cambian. “Eso de quedarse hasta las 21h y de la copa después con el jefe, ese estilo arcaico, ya se ha abandonado”, asegura el jefe de Recursos Humanos de la Banca March, Anselmo Martín-Penasco.

Este banco de propiedad familiar, con 1.200 trabajadores, puso en marcha hace dos años medidas para reducir los conflictos entre trabajo y vida privada, facilitando la flexibilidad de horarios y de los días libres. Otras grandes empresas, como la eléctrica Iberdrola (Amsterdam: ID6.ASnoticias) , también experimentan al respecto.

Si bien la necesidad de una reforma genera consenso, varias iniciativas legislativas ya fracasaron.

El consenso actual puede no hacer tan felices a todos los empleados, porque no todas las empresas y partidos persiguen el mismo objetivo: para algunos se trata de conciliar vida privada y trabajo, y para otros el objetivo es aumentar la productividad y la flexibilidad, lo cual no va siempre de la mano.

Por eso una reforma horaria “podría provocar que oficialmente la jornada (…) terminase a las 18h, pero que eso conllevara una extensión de las horas extraordinarias”, teme Isabel Araque, portavoz del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT).

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