“La Lechuga”,custodia del s.XVIII con 1.485 esmeraldas, en el Museo del Prado

Fotografía facilitada por el Banco de la Republica de Bogotá de la custodia del siglo XVIII, conocida como "La Lechuga", por el verde de sus 1.485 esmeraldas, que el Museo del Prado exhibirá dentro de su programa "Obra Invitada" con motivo de la presencia de Colombia como país invitado de la feria de arte contemporáneo ARCO.

Fotografía facilitada por el Banco de la Republica de Bogotá de la custodia del siglo XVIII, conocida como “La Lechuga”, por el verde de sus 1.485 esmeraldas, que el Museo del Prado exhibirá dentro de su programa “Obra Invitada” con motivo de la presencia de Colombia como país invitado de la feria de arte contemporáneo ARCO.

Con motivo de la presencia de Colombia como país invitado de la feria de arte contemporáneo ARCO, el Museo del Prado exhibirá dentro de su programa “Obra Invitada” la custodia del siglo XVIII conocida como “La Lechuga” por el verde de sus 1.485 esmeraldas.

 

La exposición de esta obra, de la Iglesia San Ignacio de Bogotá que se conserva en la Colección de Arte del Banco de la República de Bogotá, podrá contemplarse desde el 3 de marzo hasta el 31 de mayo, en la sala 18A del edificio de Villanueva.

 

Acompañarán la custodia obras de Claudio Coello, Herrera “el Mozo” o Antolínez, autores de unas pinturas coloristas y exuberantes en las que, al igual que en “La Lechuga”, la riqueza, el cromatismo y el esplendor fueron puestos al servicio del culto católico.

 

Este tesoro del arte barroco elaborado en la entonces Nueva Granada fue obra del orfebre José Galaz que tardó 7 años en realizarla, desde 1700 a 1707, con 1.485 esmeraldas, 1 zafiro, 13 rubíes, 28 diamantes, 62 perlas barrocas y 168 amatistas.

 

No solo se le considera una de las joyas religiosas más ricas y hermosas de Hispanoamérica sino que es el testimonio de lo que sucedió con el Barroco en tierra de orfebres, y de cómo éste estilo artístico encontró nuevas dimensiones en un territorio en el que abundaban el oro y las esmeraldas, y en el que estaba aún viva la cultura indígena de los más destacados orfebres del continente.

 

Durante el siglo XVII y XVIII la orfebrería producida en América alcanzó un alto nivel de elaboración. La mayoría de piezas que se realizaron durante este periodo tenían un fin religioso y gracias a la riqueza del territorio fue posible la producción de numerosos objetos que fueron trabajados para decorar altares de iglesias.

 

Dentro de la cantidad de piezas litúrgicas realizadas en oro y plata durante el periodo colonial, sobresalen las custodias, cuya función era presentar la hostia consagrada a los fieles, haciendo parte del ritual litúrgico y siendo exhibidas en procesión durante la fiesta del Corpus Christi.

 

En América se prefirió elaborarlas en forma circular y con rayos ondulantes, dotándolas de un carácter simbólico en relación al Sol.

 

El Banco de la República compró esta custodia a los Jesuitas y hoy forma parte de su Colección de Arte que puede visitarse en el Museo de Arte del Banco en Bogotá, que junto a la colección del Museo del Oro, cuentan la historia de 3.500 años de arte en Colombia.

 

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