Paula Barbosa, propietaria de Casa Lata, en Amares: “La convivencia entre los huéspedes y los propietarios me parece necesaria y a ellos les gusta”

Paula Barbosa, en la zona  de la piscina de Casa Lata.

Paula Barbosa, en la zona de la piscina de Casa Lata.

Es encantadora por su sencillez. Paula Barbosa es médico y además propietaria, junto a su marido José Carlos Faría Dacosta, de Casa Lata, en Amares, distrito de Braga, Portugal, una “casa de labor agrícola convertida en una casa de ocio”, explica Paula.

Limiana de nacimiento, todavía mantiene sus lazos con Ponte de Lima ya que viaja cada semana a la villa más antigua de Portugal para almorzar con su padre. José Carlos ha vivido con sus tíos en Amares desde los 11 años. Hace ahora 25 años que se han casado. Y con José Carlos, Paula escogió el municipio de Amares.

Era una casa muy grande y necesitaba una remodelación. Así que decidieron convertir una parte del inmueble en casa de turismo rural. Más de 2.000 metros cuadrados construidos y 80.000 metros cuadrados de finca da una idea de lo que significa hacerlos habitables manteniendo la tradición y la ruralidad.

Paula Barbosa es el ‘ama mater’ de la casa. Ella define su papel como “facer as honras da casa”, es decir, recibir, como anfitriona que es, a los huéspedes. ¡Y qué bien lo hace! Recuerdo que cuando llegué con el grupo de periodistas invitados por TPNP, en ‘Fam Trip’, sin conocernos, me llevó a mi habitación, ‘11 Alvarinho’, cerró las cortinas y me explicó todo lo que necesitaba saber.  Durante la estancia, el jantar de ‘petiscos’ regionales y otros momentos, siempre pendiente de todo y de todos. Al igual que José Carlos en el que destaca su entusiasmo y pasión. Ambos con una amable conversación ante cualquier comentario de sus huéspedes.

Paula se encarga también de la decoración y los detalles de esta casa de agroturismo que tiene una clase imponente desde su entrada. Claro que podría tener cosas más bonitas, pero como dice  hay que ajustarse al presupuesto.

En este sentido, en su modestia, ensalza el trabajo del arquitecto Carlos Coelho que, aun viviendo en Lisboa, pasaba fines de semana en Amares para seguir de cerca la remodelación de la casa. Un arquitecto, además, amigo de la familia, explica Paula, y que incluso dejó su impronta en detalles de interiorismo. Vamos, que Paula quiere dejar claro que sin él no sería posible tener la casa que tienen. Y añade que lo de ella son “pequeños pormenores”.

Al principio, durante la construcción, Paula tenía su “miedo” de que no todos los meses pudieran tener clientes para hacer sustentable, rentable Casa Lata. Ahora apunta que los meses de julio, agosto y septiembre no hay problema y el resto de los meses hay que pelearlo. Por eso concluye. “Ahora sé que esto va siendo posible”.

Según explica Paula, hay una evolución en los huéspedes de Casa Lata. Ellos, primero, se quedan impactados por el inmueble y el lugar con una “óptima impresión”. Luego, el trato cercano y familiar y la gastronomía hacen el resto. Siempre óptimo y que se ve en los comentarios y valoraciones.

Paula Barbosa entiende la diferencia entre el turismo rural y un huésped de un hotel. Sus huéspedes buscan integrarse en este ambiente y les gusta charlar con sus anfitriones.

Desde 2003, han pasado huéspedes de varias nacionalidades, como Israel, EEUU, Países del Norte de Europa, Países del Este… Tan sólo le falta, ¡de momento!, algún famoso internacional que ponga en el universo mediático de moda el nombre de Casa Lata, agroturismo. ¡Tiempo al tiempo!

La gastronomía es casera. Responde al principio de la huerta a la mesa. “Tenemos un inmenso espacio”, dice Paula, donde hay corral, invernaderos… Y con una ayuda tan importante desde el comienzo que es Luis Mamede, más conocido por Mamede, el chef siempre disponible para hacerse cargo de la cocina.  El vino también es de la casa. Terra de Amares es la marca de vinho verde, blanco y tinto, que dirige José Carlos, su marido.

Es decir, Casa Lata tiene todas las condiciones para la práctica del enoturismo y, así lo hacen Paula y José Carlos.

No falta la anécdota en este todavía corto recorrido de tiempo para Casa Lata. La protagonizaron unos brasileños que vinieron de allí y de otros países para pasar unos días de convivencia vacacional y hacer la boda de una hija. [Mientras lo recuerda, Paula se ríe a placer]. Total que al segundo día de estar en la casa, casaron a la hija. Y al cabo de dos días de la ceremonia, Paula y José Carlos charlaban con el matrimonio de recién casados de forma relajada, en la zona de la piscina, tomando un vino y fumando unos cigarrillos. Como dice, Paula, al final la mujer recién casada se había “pasado” con el vino y empezó a hablar, digamos con una sinceridad abierta…de la que solo el vino es capaz de lograr. Decía cosas como que su novio bien, pero que sus padres eran mejores personas y que ella los prefería y para que se había casado …  y otras lindezas por el estilo. Por supuesto, el momento fue muy violento para todos y especialmente para el recién casado que no le hizo ninguna gracia. José Carlos y Paula mantuvieron el tipo como pudieron y, cuando marcharon, rieron todo lo que pudieron reír ese día.

En fin, Dios mediante, le queda mucho recorrido a esta casa de agroturismo y su bodega, así como para José Carlos y Paula. La parte más difícil fue poner todo esto en marcha, como repite José Carlos “desde cero” y en una época de crisis. Ahora tampoco es sencillo llenar todos los meses las 14 habitaciones, pero con esta pareja tan simpática seguro que los que hemos estado volveremos y eso genera fidelización de la clientela. Creo, sinceramente, que se lo merecen por su alta calidad humana. Estoy seguro de que volveré a Casa Lata.

Print Friendly
Me gusta
Me gusta Me encanta Me divierte Me asombra Me entristece Me enfada
56