Los lagos camboyanos de Phnom Penh y sus cultivos peligran por una agresiva expansión urbanística de la ciudad

Agricultores recogen verduras acuáticas en el lago Boeung Tompun, que recibe la mayoría de las aguas residuales de Phnom Penh, al sur de la capital, en Camboya.

Agricultores recogen verduras acuáticas en el lago Boeung Tompun, que recibe la mayoría de las aguas residuales de Phnom Penh, al sur de la capital, en Camboya.

La espinaca acuática y otras plantas filtran de forma natural las aguas residuales en varios lagos en Phnom Penh, Camboya, y son el sustento económico de miles de familias, pero el crecimiento urbanístico está poniendo en peligro este ecosistema.

En el lago Boeung Tompun y más al sur, en el adyacente Boeung Cheng Ek, miles de hectáreas de espinaca acuática (Ipomoea aquatica), conocida como “morning glory” en los menús del sudeste asiático, cubren de verde las aguas y contrastan con los altas construcciones de la ciudad.

Estas reservas acuíferas reciben el 80 por ciento de las aguas residuales de la ciudad y son un “una depuradora biológica efectiva y de bajo coste”, según un estudio de la Universidad Real de Agricultura camboyana financiado por la Unión Europea.

Las plantas de los lagos de Phnom Penh, que incluyen en menor medida otras especies como la mimosa acuática (Neptunia oleracea), el loto o nenúfares, se benefician de la abundancia de nutrientes y su cultivo alimenta a cientos de miles de familias.

Sin embargo, en la actualidad la agresiva expansión urbanística de la ciudad y la falta de planificación y presupuesto para una depuradora amenazan la supervivencia de las plantas y el sustento de las comunidades que se benefician de su cultivo.

En el extremo norte de Boeung Tompun, solo una precaria casa de madera permanece en la zona, erguida sobre postes para evitar las inundaciones, cerca de excavadoras y enormes bloques de piedra.

Bajo su sombra, Sa Aem, una camboyana de 24 años y con dos hijos, expresa su preocupación por los planes de desarrollo urbanístico en el lago.

“Antes este lago era muy ancho y largo, pero entonces lo llenaron de arena. Antes, era muy grande y podíamos cultivar muchas verduras. Ahora que lo han llenado (parcialmente), no podemos hacer nada”, dice Sa Aem, que trabaja de agricultora y en el sector textil.

En 2006, las autoridades concedieron varios terrenos en torno a Boeung Tompun y Boeung Cheng Ek al magnate camboyano Ing Bun Hoaw, cuya empresa familiar ING Holdings planea construir la ciudad satélite ING City.

El megaproyecto reducirá la extensión del lago Boeung Tompun de 2.600 hectáreas a 500, según el medio australiano Abc.

La ONG local Sahmakun Teang Tnaut (STT) denuncia que dicho plan amenaza a miles de familias de trece comunidades y que quince de veinticinco de los principales lagos de Phnom Penh han sido drenados.

En muchos casos, las familias son forzadas a abandonar sus casas, como en el lago Boeung Kak, donde 4.000 familias se vieron afectadas a raíz de su concesión al magnate y senador Lao Meng Khin en 2007.

Además, STT alerta de los impactos sociológicos y medioambientales de llenar los lagos debido a la pérdida de los sistemas de drenaje naturales que pueden causar inundaciones.

En Boeung Tompun, el aumento de las aguas residuales y la reducción del lago han provocado que el agua se vuelva más oscura y los malos olores aumenten.

Un agricultor recoge verduras acuáticas en el lago Boeung Tompun, que recibe la mayoría de las aguas residuales de Phnom Penh, al sur de la capital, en Camboya.

Un agricultor recoge verduras acuáticas en el lago Boeung Tompun, que recibe la mayoría de las aguas residuales de Phnom Penh, al sur de la capital, en Camboya.

En un estudio de elaborado en Boeung Cheung Ek en 2007, antes de que comenzase el llenado con arena del lago, más de la mitad de las muestras de espinaca acuática recogidas mostraban restos de parásitos.

Sin embargo, para la ingeniera medioambiental Irina Chakraborty, de la empresa Wetlands Work, el problema no es la calidad del cultivo, si no que en un futuro será imposible cultivarlo.

“A medida que los lagos se hacen más pequeños, el efecto de disolución es menor, y los residuos son tóxicos para las plantas en vez de servir como fertilizante”, argumenta Chakraborty.

“Los lagos suponen una defensa esencial entre las aguas residuales y los ríos, así que a medida que desaparecen, una planta depuradora se hace más y más necesaria”, añade la ingeniera.

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