Rodrigo García, director comercial de Granja Campomayor: “Una gallina es como un laboratorio, según lo que coma, beba, la luz… así es el huevo del día siguiente”

“No sólo producir huevos, sino hacer marca”, es la filosofía

IMG_5692Rodrigo García es joven, muy joven para tanta responsabilidad. Tan solo 33 años. Es el director comercial de una empresa familiar nacida en los años 40 que ya está en la cuarta generación. Granja Campomayor, en Palas de Rei, Lugo, comercializa todos los tipos de huevos posibles. Al día, salen de las instalaciones de Campomayor alrededor de 600.000 huevos, que representan 14 millones de docenas al año. La empresa factura 16 millones de euros brutos anuales y cuenta con una plantilla de 50 trabajadores.

Tres núcleos componen la empresa con tres localizaciones distintas. Primero está el núcleo de la aldea de Campomaior donde comenzó la historia de esta empresa. Explica Rodrigo que allí hay naves con 250.000 gallinas y otras de recría con 180.000.  El centro de clasificación de todos los productos está en Palas de Rei donde Grupo ES. le entrevista. Aquí  se clasifica toda la producción con una potentísima máquina que los selecciona y empaqueta. Además, en Palas hay dos naves granja con 200.000 gallinas. Y a esto se añade una planta de pasteurización, un tratamiento térmico que permite envasar de otra forma el huevo. El tercer núcleo de la empresa está entre Arzúa-Boimorto con 120.000 ejemplares que producen huevos camperos. Y en otros lugares, con asociados, se trabaja el huevo ecológico con 18.000 gallinas e incluso el huevo de codorniz.

Para llegar a esto Rodrigo dibuja la trayectoria de Granja Campomayor. En los años 40 –hace setenta y tantos años, porque es difícil precisar el inicio-  sus bisabuelos comenzaron el negocio. Luego sus abuelos -recuerda Rodrigo- llevaban los huevos en burra y recorrían hasta 10 kilómetros. En el año 2000, la tercera generación toma las riendas de la dirección comercial de la empresa, sus padres. “Un cambio generacional de gran éxito”, valora. Y en 2009, llega Rodrigo que representa la cuarta generación familiar. “No sólo producir huevos, sino hacer marca”, concluye.

El marketing es la pasión de Rodrigo y su formación. A eso unió todo lo que aprendió de su familia que hace que “lo mames” desde pequeño, dice. Ellos conocen, como hoy todo el equipo de dirección, los entresijos de este negocio más complicado de lo que parece, describe. “Súper competitivo” en el que una sobre producción puede echar a perder una empresa arrastrada por otra. En el que hay que vender siempre sí o sí. Y que aplica aquello de que “antes que ganar 0 es mejor 0’01”.

Granja Campomayor cuenta, entre sus productos, uno certificado por Galicia Calidade que son los huevos camperos. Para Rodrigo el sello de Galicia Calidade “nos ayudó muchísimo”, dice. “Son dos palabras… mágicas” en los mercados fuera de Galicia.  “Un nombre y una marca potente” con la que se lanzaron a comercializar los camperos.

La experiencia de Granja Campomayor dice que un negocio de calidad en el sector primario es de crecimiento lento. “El sector primario no es una línea rápida, pero es fiable. Hay que buscar al cliente que apueste por un producto diferenciado…”, explica el director comercial de Campomayor.

A esta empresa no le preocupa la exportación. “Queremos ser fuertes en nuestro territorio. Aquí nos sobra mercado”. Sus productos se encuentran en tiendas, en el canal Horeca y distribuidores alimentarios como Carrefour, Día, Gadis, Eroski, Familia o la división gourmet del Corte Inglés.

Rodrigo explica que una gallina es “como un laboratorio”. Según lo que coma, lo que beba, la luz… así es el huevo “del día siguiente”, precisa. En resumen, es “hipersensible”.

En la innovación está Granja Campomayor. El huevo pasteurizado es uno de sus últimos productos en un envase higiénico sin igual en el mercado. Este tratamiento térmico lo han estudiado a fondo y un innovador sistema permite llegar al núcleo del huevo, rompiendo sus moléculas, a 73 grados, manteniendo indemnes sus propiedades nutritivas. Y son los únicos que pasteurizan con su propio producto, el huevo fresco con un máximo de 24 horas de puesta o incluso con 5 o 6 horas. La bolsa-envase recibió hace unos días un premio en el Fórum Gastronómico de A Coruña. Allí también presentaron el huevo a baja temperatura, un producto de alta cocina que fue todo un éxito.

De sus padres, Rodrigo ha aprendido muchas cosas, “querer lo que haces”; “ser minucioso”… Pero lo que más le llama la atención de ellos es el “corazón enorme”, que han heredado de sus abuelos, con el que tratan al personal de la empresa. “Se vuelcan con las personas de la empresa al cien por cien”, testimonia.

Él se define como “inquieto” y se propone no meterse en “fregaos”, pero cuando se da cuenta ya está en otro, dice.  Le gusta la Naturaleza y la bici pero no encuentra tiempo libre para descansar.

A su sector empresarial le recomienda un “crecimiento controlado” para no destrozar los mercados con una producción incontrolada. Hay que “adaptar las producciones a las ventas”, señala.

Su otra recomendación es apostar por lo local. “Hay que ir hasta el final” para no ser devorados por las multinacionales.

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