Las gallinas en Europa, señoras del corral

Un payés da de comer a sus gallinas en una finca del municipio menorquín de Mahón.

Un payés da de comer a sus gallinas en una finca del municipio menorquín de Mahón.

“Es fácil montar una campaña dramática con fotos espeluznantes de animales en mal estado cuya procedencia nunca se identifica, pero en Europa no hay gallinas maltratadas ni torturadas”, ha asegurado la directora de la Asociación Española de Productores de Huevo (ASPRHU), María del Mar Fernández Poza.

El bienestar animal “es precisamente uno de los cuatro pilares del Modelo Europeo de Producción”, que constituye “de lejos, la normativa más exigente del mundo a la hora de cuidar ganado”, ha recordado.

El respeto al medio ambiente -con políticas de reducción de emisiones de CO2-, la sanidad animal -para evitar salmonella, gripe aviar y otras enfermedades- y la seguridad alimentaria -por el propio interés de la industria, el animal debe estar en buenas condiciones- son los otros tres factores de “un modelo sostenible que implica mayores inversiones en equipamiento de granjas, cuidado de aves y contratación de personal cualificado”.

El Consejo Europeo fijó en julio de 1999 una directiva que instituía normas de protección para las gallinas ponedoras, “que se vio reforzada con la prohibición de jaulas convencionales en 2012″, ha apuntado Fernández Poza.

“En toda la UE” se cumple “radicalmente” esta normativa que fija grupos pequeños de ejemplares en jaulas “enriquecidas con percha para dormir, nidal individual para no estorbarse, rejilla para limpiar la porquería en el piso, controles de luz y ruido…”, lo que ha elevado “espectacularmente” el bienestar animal de las gallinas.

Las “escasas excepciones detectadas, como un caso de hace unos meses en Francia, han sido denunciadas y perseguidas por ley”, ha precisado esta experta quien ha pedido que “si alguien encuentra en España una explotación que maltrate animales, debe denunciarlo de inmediato al SEPRONA de la Guardia Civil”.

Esta experta advierte de que “los que dicen que las gallinas sufren en las granjas no aportan nunca estudios científicos, sólo opiniones personales basadas en fotos de dudosa procedencia”.

Así, “en un gallinero de 200.000 ejemplares, cada día mueren algunos y se guardan en cubos especiales”, ha explicado, por lo que “si alguien toma fotos de los cubos o de estos animales antes de ser recogidos, puede conseguir imágenes espantosas…, pero no reflejan la realidad de la explotación”.

Fernández Poza ha recordado que los productores son “los primeros interesados” en mantener en buen estado a las gallinas, “no sólo por imagen o para evitar riesgos sanitarios sino porque una granja que no cumpliera la normativa practicaría competencia desleal”.

El huevo producido en la UE permite una trazabilidad completa gracias a su etiquetado y al código impreso en cada uno de ellos, lo que garantiza el control y la seguridad alimentaria.

Por ello ha afirmado que “esas imágenes horribles que presentan algunos grupos radicales a menudo ni siquiera son tomadas en Europa” pero se difunden “aquí, porque tienen más eco mediático, entre otras cosas porque las nuevas generaciones tienen una imagen humanizada de los animales que no se corresponde con la realidad”.

Si el criterio real fuera el bienestar animal “hay muchos otros sitios mejores para luchar por ello en China, India, América…”, pero “lo que de verdad interesa a estos grupos no es la comodidad de las gallinas, sino imponer la eliminación de los animales de nuestra dieta alimentaria”.

Un informe de Tina M. Widowski divulgado por Selecciones Avícolas -publicación española de mayor distribución internacional en el sector- recoge estudios de 2010 a 2016 según los cuales, aunque las jaulas “son criticadas por el alto grado de restricción de comportamiento” de las aves, los sistemas sin jaulas aumentan “los riesgos de lesiones y de sanidad” en “enfermedades infecciosas, huesos rotos y parásitos internos y externos”.

 Además, la propia UE reconoció tras estudiar datos de más de 3.500 manadas comerciales que la mortalidad fue “significativamente más alta” en los sistemas sin jaula, por lo que apoya los de jaulas “enriquecidas” ya que “mejoran su salud, higiene y bienestar”.

Finalmente, esta especialista también ha recordado que “una gallina al aire libre es menos sostenible medioambientalmente” pues “ocupa más espacio en la explotación, corre mayor peligro de ser atacada por sus congéneres o por depredadores como zorros o águilas y contribuye a emitir más CO2″.

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