El descenso a los infiernos de Stephen Green, expresidente de HSBC

El expresidente del banco HSBC Stephen Green, el 24 de noviembre de 2008 en Londres. Green está viviendo una individual bajada a los infiernos con la publicación de los informes del caso 'Swissleaks'

El expresidente del banco HSBC Stephen Green, el 24 de noviembre de 2008 en Londres. Green está viviendo una individual bajada a los infiernos con la publicación de los informes del caso ‘Swissleaks’

El antiguo presidente de HSBC, el inglés Stephen Green, clérigo de la Iglesia de Inglaterra y apóstol de un capitalismo bueno, está viviendo un descenso a los infiernos con el caso ‘SwissLeaks’.

Green fue director general (2003-2006) y presidente (2006-2010) del gigante bancario cuando HSBC hacía transitar 180.600 millones de euros de clientes ricos por cuentas en Suiza para evitarles tener que pagar impuestos, de acuerdo con la investigación internacional que sacude el mundo de las finanzas desde el domingo.

 

Por eso está en el corazón de la tormenta del primer banco europeo, fundado en Extremo Oriente en 1865 y con sede hoy en el distrito financiero londinense de Canary Wharf.

 

“Es una cuestión de principios, no voy a comentar nada sobre las actividades pasadas o presentes de HSBC”, respondió Lord Green, de 66 años, al periodista de la BBC que le persiguió por las calles de Londres unas horas después de la publicación de la investigación en cincuenta medios de comunicación internacionales.

 

La presión de los medios de comunicación, judicial y política, sin embargo, podría obligarle a cambiar de opinión.

 

En los últimos días la prensa repite insistentemente que este banquero minfluyente, que luego se convirtió en ministro de Comercio del gobierno de David Cameron (2011-2013), tenía que estar al corriente de esas prácticas. Incluso que quizás las alentó.

 

El miércoles, en la Cámara de los Comunes, el líder del Gobierno, el conservador David Cameron, y el líder de la oposición laborista, Ed Miliband, se acusaron mutuamente de haber tenido estrechas relaciones con Green, que se ha convertido en un apestado.

 

“¿Es que el primer ministro quiere hacernos creer de verdad que, durante los tres años en que fue ministro, Stephen Green nunca habló con él sobre lo que estaba sucediendo en el HSBC?”, exclamó Miliband entre los aplausos de sus diputados, mientras Cameron recordaba a los laboristas que ellos respetaban también a un banquero sobre el que había consenso.

 

Redefinir el capitalismo

 

Casado, padre de dos hijas, Stephen Green, tenía todo para ser visto con buenos ojos. Analista en la empresa McKinsey, se unió a HSBC en 1982, ascendiendo hasta llegar a la junta directiva 16 años después. Se convirtió a partir de 2003, y durante siete años, en el número uno del ejecutivo (director general), y luego en el gran jefe (presidente) del banco, conduciéndolo por una crisis financiera que estuvo a punto de acabar con los otros dos principales bancos británicos, Lloyds y RBS.

 

A diferencia de sus competidores, HSBC no necesitó la ayuda del contribuyente de Su Majestad para mantenerse a flote.

 

A finales de 2010, David Cameron llamó a Stephen Green a su gobierno y lo convirtió en miembro de la Cámara de los Lores (cámara alta), con el título de Lord Green de Hurstpierpoint. Stephen Green ofreció entonces un discurso de adiós al mundo de las finanzas titulado ‘Reconsiderar los negocios en un mundo cambiante’ en la prestigiosa Chatham House en Londres.

 

La oportunidad soñada para este devoto anglicano, ya ordenado sacerdote por la Iglesia de Inglaterra, de compartir su fe en una economía guiada por la moral. “En HSBC hemos tratado de colocar los valores en el centro de los negocios y desempeñar un papel positivo para el mundo en general”, dijo con lirismo.

 

“Hoy tenemos la oportunidad de redefinir el capitalismo, de reformular su propósito, mostrar que puede ser iluminador”, agregó. “Si no, corremos el riesgo de romper la promesa sagrada de dejar una sociedad mejor a nuestros hijos”.

 

Stephen Green tendrá ahora que afrontar el alud de revelaciones impías, dos años después de que HSBC tuviera que pagar una multa récord de 1.900 millones de dólares en Estados Unidos por ser cómplice del lavado de dinero de narcotraficantes, “terroristas” y de Irán.

 

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