Hermanos Blanco, propietarios de Mesón A Cepa: “Nosotros recibimos en nuestra casa a los clientes y ellos corresponden, con su cariño, volviendo”

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Los hemanos Blanco, Anabel y Javier, en la planta superior de Mesón A Cepa, en Culleredo, O Burgo, A Coruña.

Todo comenzó en 1985, cuando Manuel Blanco volvió con sus dos hijos, Javier y Anabel, y su mujer de Inglaterra tras estar unos años trabajando allí en el sector de la Hostelería.

Entonces, compró un pequeño local en Culleredo, O Burgo para montar una tasca. Han pasado ya 32 años y Manuel ve con orgullo como Javier y Anabel continúan
“manteniendo la esencia de la familia” en Mesón A Cepa al igual que el enorme tronco de roble/carballo de la entrada.

Es fácil describir A Cepa. “Cocina tradicional, adaptándonos a las necesidades del día a día” y buscando “la satisfacción del cliente. Que cuando marche se sienta atendido de un modo familiar y se vaya contento y… con ganas de repetir”. Este es el camino que transitan a diario en Mesón A Cepa.

Aunque mantienen las mismas mesas de roble –restauradas claro- y prometen no cambiarlas nunca, Mesón A Cepa ha sido ampliado en los últimos años. Incluso con una nueva planta llena de luz y con la posibilidad de terraza al aire libre, entre plantas, y una moderna bodega. Ahora cuentan con una capacidad para más de un centenar de personas a la vez.

En A Cepa sigue reinando el picoteo a base de pulpo á feira, embutidos, clamares a la romana, tortilla, raxo, pimiento de Herbón… No falta el menú del día… Pero Anabel y  Javier están observando que la clientela les pide también un servicio de comidas familiares o empresariales más como restaurante. Hace dos años introdujeron los platos a la brasa, con carbón y leña, para carnes, pescados y verduras. “Lo que más les gusta a nuestro clientes es lo más simple pero muy bien hecho”, formula Javier.

Hace un año han dado un paso importante, ser auditados por Galicia Calidade. “El cliente ha recibido el que estemos en Galicia Calidade muy positivamente”.  Y añade: “No fue difícil ceñirse a las normas del sello de garantía porque ya trabajábamos con productos gallegos… Eso sí, ha servido para afianzarnos más en nuestra carta, con productos autóctonos, respetando más si cabe el producto…”. En cuanto a los vinos, igual, porque el 85% de los vendidos son vinos gallegos.

Sobre sus clientes, explica Anabel, “abarcamos todos los perfiles”. Y los fines de semana hay mucho evento familiar. Por eso recomienda “reservar” para poder ser atendido pronto y cómodamente. “Tenemos muy buena relación con nuestra clientela”, dice Javier. Algunos, de muchos años atrás comiendo una y otra vez en A Cepa. “Nosotros recibimos en nuestra casa a los clientes y ellos corresponden, con su cariño, volviendo”.

De sus padres, dice Javier, han aprendido a estar siempre al pie del cañón. Recibir al cliente y despedirlo personalmente. En medio, “hacerle feliz”.  El cliente tratado “como amigo”. Por eso han escuchado de ellos palabras muy bonitas en más de una ocasión. Como dice Anabel, a veces, recordando a su madre le han dicho que ella se sentiría contenta de ver el local lleno y orgullosa de ver como sus hijos trabajan con el mismo espíritu. Javier también reconoce que en su trabajo ha habido momentos muy emotivos en el trato con el cliente.

Su estratégica situación, a un minuto del aeropuerto y a 5 del centro de A Coruña, con salida de autopista y autovía, les proporciona muchos clientes-empresarios. Estar situado frente a una iglesia y un puente del siglo XII con leyendas de Templarios es otro atractivo.

La segunda generación familiar funciona y la clientela lo premia volviendo una y otra vez a Mesón A Cepa. La plantilla de 15 empleados también comparte el mismo espíritu.

Este martes, día de descanso, en A Cepa esto se comprueba. Y más cuando se conoce al fundador Manuel Blanco que sigue por allí, jubilado, pero atento a que no se pierda “la esencia familiar” de la empresa.

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