Adegas Pazos do Lusco mima a sus clientes hosteleros de Galicia y Asturias con una fiesta en Salvaterra

Javier Serrano hace una fotografía

Javier Serrano hace una fotografía

Adegas Pazos do Lusco, de la firma González Byass, ha echado este lunes la casa por la ventana. En su pazo Piñeiro, en Alxén, Salvaterra de Miño, sede de la bodega, ha reunido a más de un centenar de invitados de Galicia y Asturias, Hosteleros y periodistas especializados, para enseñar sus nuevas instalaciones, presentar su vino Lusco 2016 e invitar a un singular almuerzo en el Castillo de Salvaterra. Se cumple un año de la compra de la bodega por parte de la firma González Byass.

Sergio Alén, el enólogo de la bodega –que ya estaba con la anterior gerencia- se encargó de hacer de anfitrión y de presentar los vinos. Alén manifestó a Grupo ES. que el grupo González Byass ve en esta bodega Rías Baixas “mucho potencial” y “un proyecto para mimarlo”. Por eso Alén lo define como “la cenicienta” del grupo.

Frente a quienes piensan que los grandes grupos no gustan… Sergio Alén explica que Byass “nos ha dado un impulso muy bueno” a Lusco. Porque, antes, “la marca estaba dormida”, aunque siempre fue “reconocida”.

Alén repitió también antes los invitados, “queremos que el vino sepa a uva, a nuestra variedad Albariño”. Nada de sabores tropicales, a mango…, ejemplifica. Es decir, volver a los orígenes de la elaboración artesanal del vino.

Sobre Lusco 2016, el enólogo reconoce que en su momento tuvieron miedo a cómo iba a salir la añada. Efectivamente, hubo enfermedades como el Mildiu, pero esto sirvió “de selección natural”. “Para mí esta añada es excelente”, califica Alén. Sobre Pazo Piñeiro 2015 explica que su crianza sobre lías y su reposo en barrica de roble francés para adquirir esos toques tostados y almendrados sin eliminar el recuerdo a fruta le da estructura.

Por su parte, el gerente para el Noroeste, Carlos Tierno, dice a Grupo ES. que “nos faltaba [en González Byass] una pata en Rías Baixas y, por fin, se ha hecho realidad un sueño que yo como gallego tenía”.

De momento el Rías Baixas Adegas Pazos de Lusco se distribuye en el mercado nacional y en el canal Horeca, directamente a la Hostelería. Tierno apunta que pronto pondrán las bases para la exportación.

En 2016, han sacado 85.000 botellas de Lusco y “en cuatro o cinco años vamos a aumentar un 30% la producción”, anuncia.

Además, la firma ha anunciado que el próximo septiembre u octubre van a comenzar las obras de remodelación del edificio de Pazo Piñeiro para convertirlo en un pequeño hotel rural a disposición de la empresa para visitas internas.

LOS SENTIDOS

Además del aperitivo en los jardines a cargo de la empresa de catering Josmega, lo que más impresionó a los invitados fue el almuerzo, a ciegas, en el castillo de Salvaterra que organizó Javier Serrano, el director de Casi Todos los Sentidos, una empresa valenciana que ha ofrecido entre almuerzos y cenas más de 900 en sus 14 años de vida laboral con un personal que no ha cambiado en su 90% desde entonces.

Serrano recibió a la puerta de las Cuevas de Doña Urraca a los 120 comensales a los que les proveyó de un antifaz para prescindir durante dos horas del sentido de la vista.

Cada invitado fue recogido por una de las personas de su equipo que por sus manos le condujo al interior y le sentó en la mesa. El almuerzo contó con la complicidad de los invitados que, en todo momento, estuvieron callados y sin conocer que otros comensales estaban en su misma mesa.

Sirvieron de primero una crema de tomates y cerezas con crujiente de pan y jamón ibérico. Los más despistados se iniciaron en el almuerzo con una voz femenina que le decía que bebieran, a la vez que le acercaba la mano al vaso.

En medio, alguien se paraba a sus espaldas y le daba un leve masaje en las cervicales y en los brazos. Esto se repitió con cierta frecuencia entre plato y plato.

Llegó la cucharilla de Mejillón con manzana verde y alga codium. La voz femenina decía abre la boca y, si no era suficiente para introducir la cucharilla, aclaraba que lo hiciera más.

La tosta de lacón con queso de Arzúa y pimientos de Herbón requirió ya del uso de al menos una mano. Había un plato. Y la voz femenina decía bebe y allí estaba la copa con el Albariño Lusco2016 a disposición del comensal.

Más masajes. Pasan sobre los brazos una especie de plumero que da cierto cosquilleo.

La música se dejaba oír en todo momento, entreverada de ciertos textos, algunos didácticos, sobre los vinos que se consumían en ese momento.

Y otra vez una mano amiga, llena de ternura, te ponía en la boca una cucharilla de Ceviche y Cigala. Y venga más Lusco2016.

Entonces sacaron el “pan de verdad” con un espectacular ruido de plásticos. La voz femenina: “Abre el pan y moja en Huevo frito con chorizo y patatas cerilla. Dócilmente el invitado hacía lo mandado.

Y otra cucharilla, como si de un bebé se tratase, en esta ocasión de Puerro frito con salsa romanesco. Y un rato después te sorprenden con otra cucharilla de arroz meloso con berberechos.

Quizá ya había transcurrido una hora desde el comienzo y la programación pedía para el comensal un poco de actividad para bajar lo deglutido hasta entonces.

Sorpresa, sacan a bailar. Tres cuatro minutos otra hembra se encarga de darte unas vueltas, y bien agarrado, hasta que te vuelve a dejar en tu silla al ritmo de la música que no deja de sonar. Quizá en este momento era la voz de Édith Piaf que acentuaba el romanticismo del instante.

Ahora, ya ponen un tenedor y el comensal toma la iniciativa de pinchar dentro del plato. La voz se acerca a tu oreja y susurra: Ternera gallega con patata confitada, zanahoria baby y ramilletes de fideos fritos. El comensal pincha y empieza por los fideos creyendo que eran patatas fritas… pero todo está bien. Ahora la copa contiene Pazo Piñeiro2015 un vino con más estructura para que armonice con la carne.

Otra mano amiga femenina, cuando se acaba la ternera, acerca un chupito frío de Sorbete de Lima. La boca queda entonces fresca… y perfumada.

Quizá hubo algún masaje antes que hayamos saltado. Pero antes del postre, alguien, también femenino, abraza al comensal arrimando su cara y su pelo con él y le aprieta un par de minutos transmitiendo ternura, mucha ternura.

Y llegamos al postre. En plato, y el comensal ya está avezado a prescindir de la vista para alimentarse. Los que se despistan sienten una mano femenina que le ofrece la cucharilla para tomar Torrija de aldea con crujiente de manzana, biscuit de orujo y frutos secos.

Más masajes. Esta vez dos personas a la vez. Una en la espalda y cabeza, y otra te toma una pierna.

Cuando el invitado cree que el menú se había acabado alguien le pone un palillo con una piruleta de chocolate con Peta Zetas. Termina, y esto es nuevo para esta experiencia enogastronómica,te introducen una pajita en la boca que deja discurrir una pequeña cantidad de Nomad outland whisky. Antes has dado cuenta de un Pedro Ximenez Néctar con el postre.

Dos declamadores, en un silencio de música, leen un texto cargado de sugerentes palabras que rezuman cierto erotismo …

Y han pasado dos horas en las que además de mimar, cuidar, descargar ternura y provocar la sonrisa, un equipo de personas llamadas a hacer felices a otras han puesto todo de su parte y de forma anónima para que, como dice Javier Serrano, te olvidases de quién eres y te trasladases a un viaje por lugares y recuerdos al son de las emociones y los estímulos sensoriales.

El grupo de comensales aplaude al equipo y la fiesta termina en la terraza del Castillo tomando unas copas y comentando la experiencia enogastronómica que se acaba de vivir.

Adega Pazos de Lusco sí nos ha sorprendido con esta invitación. Ha sido algo distinto, singular y que quizá no podamos nunca más disfrutar, o sí.

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