En el ‘río revuelto’ de la aguas internacionales del mar, ganancia de ilegales

La pesca ilegal se calcula que mueve al año hasta 26 millones de toneladas de pescado y 23.000 millones de dólares

Varios cayucos de los colonos pescadores de Legweichich (Mauritania).

Varios cayucos de los colonos pescadores de Legweichich (Mauritania).

Las aguas de alta mar, que pertenecen a todos y a la vez a nadie en particular, representan un enorme agujero por el que se cuela la pesca ilegal que escapa al control de los países por limitaciones como la falta de transparencia.

Más allá de las 200 millas a partir de la costa que suelen limitar la zona económica exclusiva de un país, se extienden las aguas internacionales.

Suman más del 60 % de la superficie de los océanos y, según la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar, son libres para la pesca y la navegación siempre que se conserven sus recursos, considerados patrimonio común de la humanidad.

Los barcos en alta mar están sujetos a la legislación del Estado en el que estén registrados, aunque son muchos los trucos utilizados para evitar los controles.

La experta de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Alicia Mosteiro explica a Efe que en las últimas décadas se han aprobado medidas a nivel internacional (algunas vinculantes y otras no) para prevenir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en esas aguas.

Si se ciñeran a lo acordado, los países deberían vigilar los buques que llevan su bandera y controlar la explotación de sus recursos en la costa o lo que entra por los puertos y se comercializa, entre otras responsabilidades escritas sobre el papel.

Por falta de voluntad o capacidad, muchos de ellos todavía no han dado pasos efectivos contra la pesca ilegal, que se calcula que mueve al año hasta 26 millones de toneladas de pescado y 23.000 millones de dólares.

Un oscuro negocio sobre el que la FAO pretende arrojar luz con el nuevo registro mundial de buques pesqueros, transporte refrigerado y suministro, actualmente en proceso de elaboración.

Esta herramienta voluntaria busca dar “transparencia y trazabilidad” con la “identificación adecuada del buque” a partir del número de la Organización Marítima Internacional (IMO), detalla Mosteiro.

Sin esa matrícula ningún barco puede entrar en la lista, que recoge datos como banderas, propietarios y nombres que haya tenido antes.

Así los países se pueden hacer una idea de las embarcaciones antes de autorizarles el registro o la entrada a puerto.

Ya previamente había otras bases de datos, como las creadas por personas y ONG ante la falta de transparencia.

Una de las últimas iniciativas es el llamado “Global Fishing Watch”, que tiene de socios a la fundación de Leonardo DiCaprio, Google, SkyTruth y Oceana.

Aplica un algoritmo para determinar “la actividad pesquera aparente” a partir del movimiento de los grandes buques que están obligados a indicar su posición por medio del Sistema de Identificación Automática (AIS) para navegar de forma segura.

Pero los errores técnicos están pesando en la fiabilidad de esa herramienta, la cual “están afinando”, según la directora de Campañas de la ONG conservacionista Oceana, María José Cornax.

Reconoce que no pueden detectar automáticamente la pesca ilegal, a veces vinculada con el tráfico de personas y otros delitos.

Y reclama más transparencia mundial en la información pesquera, así como unos analistas “bien preparados” porque si no hay un controlador en las aduanas o un inspector de pesca para identificar riesgos y demás, “no sirve de nada”.

“Si ya es casi imposible controlar lo que ocurre en aguas territoriales como las africanas, en alta mar es como la ley de la selva”, afirma Alfonso Daniels, autor de un informe del Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) que emplea “FishSpektrum”, base de datos creada a partir de registros públicos y otras fuentes.

El ODI calcula que un 84 % del pescado que se exporta de África occidental abandona la región en contenedores refrigerados, sujetos a reglas de inspección más laxas en la Unión Europea en comparación con otros medios de transporte.

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