China fomenta las explotaciones porcinas grandes para estabilizar precios

Varios cerdos, el 4 de junio de 2017 en una granja a las afueras de Pekín. El 90% de los 40 millones de ganaderos porcinos en China posee menos de 50 animales cada uno, según el gabinete The Economist Intelligence Unit.

Varios cerdos, el 4 de junio de 2017 en una granja a las afueras de Pekín. El 90% de los 40 millones de ganaderos porcinos en China posee menos de 50 animales cada uno, según el gabinete The Economist Intelligence Unit.

Liu Jin se abre paso, orgulloso, entre un enjambre de moscas en una pocilga de China en la que cría de modo ecológico 1.500 cerdos. Una explotación de gran tamaño como las impulsadas por las autoridades para estabilizar un mercado caótico.

En las afueras de Pekín, Liu emplea a una docena de personas para vigilar a sus “cerdos negros”. Es el tipo de explotación con la que el Gobierno quiere reemplazar a los millones de “criaderos de patio trasero”.

La granja de Liu es una excepción. El 90% de los 40 millones de ganaderos porcinos en China posee menos de 50 animales cada uno y entre todos abastecen un tercio de la oferta, explica Dan Wang, analista del gabinete The Economist Intelligence Unit.

Según ella, tienen poca formación e ignoran los ciclos de mercado, con lo que tienden a comprar los animales y a venderlos en el peor momento, lo cual contribuye a agravar las fluctuaciones de la oferta y la volatilidad de los precios.

Pekín quiere estabilizar el sector y fomentar técnicas de cría más modernas, de modo que se propone recortar drásticamente las subvenciones para los pequeños ganaderos y reforzar las normas medioambientales.

“El Gobierno busca que la industria porcina sea más comercial, ya no quiere a pequeños granjeros”, afirma Wang.

- En peligro -

La carne de cerdo es la predilecta en China, principal país consumidor, donde cada persona come entre 20 y 40 kilos por año, según distintas estimaciones. Pero a los granjeros locales les cuesta sobrevivir.

La producción china cayó en los dos últimos años debido a una reglamentación más estricta.

Se les exige un sistema de recogida de estiércol y de tratamiento de los animales muertos y quedan prohibidas las pocilgas cerca de las fuentes de agua y de las zonas urbanas.

Unas medidas con un coste prohibitivo para muchos ganaderos de “patio trasero”, de los cuales diez millones, según los expertos, tuvieron que cerrar el negocio el año pasado.

Como consecuencia, el país tuvo que duplicar las importaciones de cerdo.

Wang Landong, de 52 años, dirige una explotación de un centenar de cerdos en Shandong (este): desde hace dos años, entre la caída de las subvenciones públicas a las vacunas y los altibajos del mercado no para de perder dinero.

“Es duro, es una desgracia”, declara a la AFP.

Su suerte quizá ya esté echada. “La mayor parte de estos pequeños ganaderos desaparecerán antes de cinco años”, pronostica Chenjun Pan, analista de Rabobank.

Con su apuesta por las explotaciones grandes, Pekín quiere promover carne de mejor calidad tras años de escándalos, como cuando miles de cerdos muertos por enfermedad acabaron en una fuente de agua cerca de Shanghái.

Frente a un público cada vez más interesado en comer productos sanos y sin aditivos, Liu Jin, el granjero pekinés, apostó por un caballo ganador hace cinco años.

Eligió diez cerdos negros, una especie cuya carne se comercializa a precios altos, y los usó para abastecer el restaurante del que es propietario.

“Incluso la gente de a pie quiere saber si su comida lleva hormonas”, insiste, y afirma que sus cerdos son “completamente ecológicos”.

El Gobierno también se ha propuesto recurrir a los mercados financieros para apoyar a las explotaciones grandes.

El país lanzó en 2017 un índice de los precios del cerdo actualizado diariamente a partir de los datos de 89 mataderos de 16 provincias.

Pero “este índice será poco útil para los granjeros que prefieran conocer el precio de un cerdo vivo al de la carne”, sostiene Feng Yonghui, analista de la página web Soozhu.com, especializada en la industria porcina.

Las autoridades se han propuesto como objetivo crear contratos a plazo con el precio de la carne fijado de antemano, lo que permitiría al ganadero protegerse de las fluctuaciones.

Pero el mercado está demasiado fragmentado para que funcione, estima la analista Wang. “Dentro de 30 años, creo que más del 60% de los cerdos provendrá de explotaciones de gran tamaño: entonces el contexto será más adecuado para lanzar este tipo de contratos”.

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