Miguel Melo, arquitecto y copropietario de Casa de Docim: “Fue volver a darle vida, a darle alma”

“Queremos aunar lo mejor de un hotel con lo mejor de una casa de turismo rural”, afirma

Miguel Melo, copropietario junto a su madre y su hermana de Casa Docim, en Fafe Portugal. Una puerta antiquísima que separa comedor de cocina y que se ha conservado tal cual en la rehabilitación de la casa, sin tratamientos.

Miguel Melo, copropietario junto a su madre, Salomé, y su hermana Cristina de Casa Docim, en Fafe, Portugal. Una puerta antiquísima que separa comedor de cocina y que se ha conservado tal cual en la rehabilitación de la casa, sin tratamientos.

 

Miguel Melo entendió que rehabilitar Casa de Docim, en Fafe, Portugal, fue “volver a darle vida, a darle alma”. Arquitecto de profesión, se encargó con su estudio hasta el mínimo detalle de la exquisita recuperación de la casa familiar. En la web dice que fue recuperada con criterio, en armonía con su pasado. Ahora tiene “un presente acogedor, familiar y con charme”. En casa de Docim  se percibe la impronta de su bisabuelo Miguel Mendes de Oliveira; todo un personaje del que hasta se puede encontrar su rastro en las mismas piedras con las que está edificada esta casa.

Melo diagnosticó que a pesar del avanzado estado de degradación de la vivienda del siglo dieciocho, en una propiedad de 20.000 metros cuadrados, “ainda mantinha alma”. Por eso, con su madre viuda, Salomé, y su hermana, Cristina, se embarcó en una aventura que aporta mucho a la familia, aunque todavía está muy lejos de ser rentable como casa de turismo rural. Al frente del área financiera está su mujer, Cristina Pedroso. ¡Todo un equipo familiar!

La casa, tras su recuperación, dispone de 4 habitaciones y una suite con dos habitaciones y sala de estar, 2 salas de estar y una cocina. Ahora Miguel ya alienta otro proyecto como es el de escribir un libro con la historia de la casa y su familia con especial protagonismo para su bisabuelo.

Miguel es detallista hasta el extremo. Se empeñó en recuperar todos los muebles de la familia y hoy son los que dan servicio en la casa; estudió las piedras e incluso descubrió nuevas que estaban ocultas, como las de la lareira; mantuvo puertas antiquísimas como la de la cocina; las puertas y sus contras son las originales y se nota porque no encajan herméticamente dejando sus resquicios; dejó al aire fragmentos de las antiguas paredes… En los vidrios imprimió sugerentes citas literarias muy bien traídas… Acondicionó una antigua bodega como capilla… Hasta dotó al jardín de casas para pájaros que, ante su sorpresa, fueron habitadas en tiempo récord, antes de que el jardinero tuviera tiempo a pintarlas.

“Queremos aunar lo mejor de un hotel con lo mejor de una casa de turismo rural”, formula haciendo un equilibrio con esta ambivalencia. Y explica: “Pero no queremos confundir, porque  queremos que las personas que lleguen a Casa de Docim se sientan en  su casa, en nuestra casa”.

Miguel vende la tranquilidad que se respira en esta propiedad donde el canto de los pájaros no se interrumpe por nada ajeno a la Naturaleza. “Quien viene a pasar un día a Casa Docim comprueba que le rinde como si tuviese 30 horas. ¡Por la calma! ¡Es otra forma de vivir!”.

Volviendo al jardín, este es muy importante para la familia. “Queremos el contacto con la Naturaleza”. El ambiente exterior es verdaderamente bucólico, con su zona romántica y su zona de aromáticas. Con dos piscinas, una para adultos y otra para niños. Incluso una casa de madera en el jardín para divertimento de los más pequeños.

La comida, exquisita. Como define en su web, el desayuno “caseiro e requintado” con muchos sabores naturales que degustar. Además de poder almorzar o cenar (jantar) por encargo.

Su madre, Salomé, cuenta como con el buen tiempo lleva unas mantas al jardín como antaño y allí pasan las horas con los huéspedes cuando el tiempo lo permite que terminan convirtiendo a los clientes en una prolongación de la familia Docim.

Casa de Docim y esta familia enamora a cualquiera que ha pasado allí unas horas.

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