Vítor Monteiro, gerente de Quinta do Casal:

“Nuestros huéspedes no tienen mucha necesidad de salir de la quinta para pasar su tiempo”

Invita a todos los interesados, si así lo desean, a hacer una primera visita para conocer el espacio y sus potencialidades

Monteiro en una de las escaleras de entrada de la fachada principal.

Monteiro en una de las escaleras de entrada de la fachada principal.

Es conocida por la quinta de los castaños por sus 10 hectáreas de castañar. Por las casi 13 hectáreas de superficie total corren riachuelos y regatos que hablan de la abundancia de agua, “agua a correr”, dice el gerente. Su lago artificial de 3.500 metros cuadrados ya se ha convertido en un hábitat preferido de las aves y otras especies de animales y plantas, junto con el aprovechamiento para hacer piragüismo. A todo ello se añaden las dos piscinas, una exterior y otra interior, con un mini gimnasio.

La propiedad Quinta do Casal do Condado, en Facha, Ponte de Lima,  tiene además una casa señorial de finales del siglo diecisiete. Sus actuales propietarios la han restaurado manteniendo su aspecto noble por fuera y dando un toque minimalista, moderno, por dentro con predominio del blanco de sus paredes recubiertas de pladur. La casa principal cuenta con un gran número de obras de arte, pinturas y esculturas, repartidas por todas las estancias de la casa principal.

Quinta do Casal es un lugar para el turismo rural. Dispone de cuatro habitaciones en la casa original y 8 apartamentos añadidos cuando se compró la propiedad en 1999 y se realizaron las obras de acondicionamiento, que terminaron en 2004. Desde entonces, Quinta do Casal puede ofrecer unas 30 plazas. Además de un salón acristalado de 100 metros cuadrados, en el jardín, con una pequeña cocina, para comidas, reuniones, eventos o actos con independencia de la zona de dormitorios. Y no falta la capilla decorada en su interior con pinturas modernistas.

Al frente de este complejo que además cuenta con un parque de aventura –puentes, tirolina, paint ball, y otros juegos- con monitor propio- y cancha de tenis, está su gerente, Vítor Monteiro. Este portuense, con gran experiencia en el mundo del turismo y don de gentes, destaca que “nuestros huéspedes no tienen mucha necesidad de salir de la quinta para pasar su tiempo”, en familia, en pareja, entre compañeros de empresa…

Tan sólo los bosques de castaños y su frescura en verano constituyen un espacio agradabilísimo para caminar o pasear. Esto forma parte de la zona agrícola de la quinta con una gran importancia para su sustentabilidad. El Alto Minho tuvo grandes bosques de castaños hasta el siglo quince y dieciséis. Desde entonces cedieron ante los cultivos de patata y de maíz. Hoy en Portugal, cuenta Monteiro, la zona más afamada de castañas es la tierra fría del norte, Tras-ós-Montes. Sin embargo, el Alto Minho aventaja en el cultivo de la castaña por la abundancia de agua y los árboles dejan caer su fruto maduro un tiempo antes que los castaños transmontanos. Esta ventaja hace que sea muy apreciada la castaña del Alto Minho que llega antes a los mercados.

Después de los portugueses, en Quinta do Casal, los siguientes huéspedes más frecuentes son los gallegos y, entre los españoles, asturianos y madrileños. Franceses y belgas son las nacionalidades de europeos que más recalan en la quinta.

Los gallegos son asiduos a Quinta do Casal por su proximidad a menos de hora y media de cualquier parte. Esta propiedad está a 5 kilómetros del centro de la villa más antigua de Portugal, Ponte de Lima. Vítor destaca el atractivo limiano de esta villa para el turismo. Es un lugar pequeño, con ‘charme,’ con una zona histórica muy cuidada y que ejerce una centralidad en el valle del Lima. Además de la gran variedad de su programación cultural. Todo esto hace que sus visitantes siempre marchen con “la intención de volver”.

Entre los retos para los próximos años, en Quinta do Casal “queremos mejorar nuestro servicio”, aprovechando los recursos disponibles, expone su gerente.

Monteiro invita a todos los interesados, si así lo desean, a hacer una primera visita para conocer el espacio y sus potencialidades. Y que de visitantes se conviertan en huéspedes, si así los desean.

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