Lo que piensa la calle en Atenas sobre Europa

Un niño esperando para recibir comida repartida por un centro social en el centro de Atenas el 17 de febrero de 2015. En las calles atenienses, los griegos observan con esperanza y miedo el pulso entre su gobierno y la UE

Un niño esperando para recibir comida repartida por un centro social en el centro de Atenas el 17 de febrero de 2015. En las calles atenienses, los griegos observan con esperanza y miedo el pulso entre su gobierno y la UE

“Si esto sigue así, Europa está acabada”. En las calles de Atenas, los griegos esperaban este martes una solución al pulso con Bruselas, pero muchos son los que piensan que el futuro de Europa está también en juego.

 

Ante los quioscos de periódicos se formaban este martes pequeños grupos para comentar el ultimátum que los ministros de Finanzas de la zona euro dieron el lunes al gobierno de izquierda dirigido por Alexis Tsipras para que acepte antes del viernes una prolongación del programa de ayuda.

 

“Estoy bastante angustiado”, confiesa a AFP Dimitris Papageorgiou, de 47 años. “Siempre hay un espacio para un compromiso en el interior de la Unión Europea pero temo una especie de pánico bancario” si el país pierde su apoyo financiero europeo antes de finales de febrero. Con una sonrisa triste, este bancario precisa que “personalmente” no tiene “más dinero” que retirar de su cuenta.

 

Mientras el caso griego preocupa a las Bolsas europeas, un sondeo del instituto Marc, realizado los días 14 y 15 de febrero pero publicado el martes en el ‘Diario de los redactores’, más del 65% de los griegos en edad de votar espera que se “encuentre una solución”.

 

Independientemente de que hayan votado por Syriza, en el poder, o no, los griegos “esperan”, pero el pesimismo se impone. En una sola frase, Sasha, una jubilada cuya pensión se ha reducido a la mitad, traduce la enorme incógnita que planea sobre el país: “No veo futuro”, reconoce.

 

Nada de ultimátums

 

Nikos Vasiliou, de 42 años, se considera un privilegiado. Tiene un trabajo pagado en Marks and Spencer, unos almacenes ingleses. Acompañado por su esposa Sofia, embarazada de ocho meses, dice que hay que “ser positivos” y pragmáticos ante la eventualidad de la salida pura y simple de su país de la zona euro. “Si ocurriera algo malo, los otros europeos también van a sufrir”, predice, aunque no esconde la rabia que le producen las exigencias del Eurogrupo. “Con un ultimátum no hay razones para seguir negociando”, dice.

 

Por su parte, los militantes de Syriza dicen que “confían en el gobierno” en su pulso con Bruselas. Dina Cosse, de 65 años, jubilada que trabajaba en el turismo social, teme que se mantenga la austeridad en su país: “Si seguimos así, Europa está acabada y será la extrema derecha la que tome el relevo en todas partes”, arguye.

 

La reducción de salarios y pensiones impuesta por los planes de rescate europeo -que impide cualquier consumo en Grecia desde hace cinco años- se ilustra espectacularmente el martes con la publicación de las cifras de inflación. Los precios habían caído un 2,8% interanual en enero.

 

Por eso, el combate del ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, en Bruselas para tratar de dar un poco de oxígeno a la economía griega, oponiéndose a lo que tilda de “chantaje” y “ultimátum” de Europa, les devuelve el orgullo a muchos. “Es la primera vez que un gobierno mantiene su dignidad en Europa. No podemos decir ‘sí’ a todo, ni seguir un programa que se nos ha impuesto. Tenemos que luchar, es lo que quiere decir la palabra negociación”, dice Thomas Argiros, jubilado.

 

¿Pero Grecia va a lograr encontrar un compromiso con los esfuerzos exigidos y seguir en Europa? Yanis no piensa así. Este comerciante del centro de la ciudad, contrario a Syriza, dice que “las cosas empezaban a mejorar y ahora vamos a tener que sufrir con los idiotas que han votado por este gobierno”. “Lo único bueno que puede ocurrirnos es que este gobierno se hunda y nos deshagamos de Syriza”.

 

Más allá, Giannis Kutras, militar jubilado, atempera: “No diría que soy optimista, soy prudente (ante el nuevo gobierno). “Lo que me gustaría, personalmente, y al parecer lo que piensa el pueblo griego, sería seguir en Europa porque es nuestro lugar”.

 

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