A Cozinha Velha, o paraíso do leitão e o bacalhau

Carlos Gomes e Céu, na sala de hornos de A Cozinha Velha, en Ponte de Lima.

Carlos Gomes e Céu, na sala de hornos de A Cozinha Velha, en Ponte de Lima.

La sala de hornos mete respeto. Son cuatro o cinco dispuestos para meter el leitão, lechón, entero –de unos 6 kilogramos- a asarse lentamente con leña. El calor de la sala recuerda al averno o infierno, pero el sabor en la mesa al paraíso.

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Leitão à Cozinha Velha (Fornalha de Lenha), en horno de leña.

Los propietarios, Carlos Gómes y su esposa Céu, a pesar de parecer muy jóvenes, llevan 20 años en el oficio y 3 en este nuevo emplazamiento, Caminho da Oliveirinha, en la feligresía de Arconcelo, Ponte de Lima. Ahora con 10.00 metros cuadrados de propiedad, con vistas al río Lima, donde los niños pueden disfrutar dejando en paz a los mayores para degustar la cocina de A Cocinha Velha.

Los españoles –gallegos- piden ya tanto leitão como bacalhau, explican los restauradores. Eso no quiere decir que en A Cozinha Velha no se pueda comer una buena posta de carne o cabrito asado en horno de leña, entre otros platos. El pescado ha de ser por encargo, ya que “no estamos al pie del mar”, apostilla Céu. El pulpo es otro producto que triunfa.

Eso sí, siempre cocina regional portuguesa con excelentes productos y preparados de forma tradicional-artesanal. Por eso, son muchos los encargos que reciben también para llevar fuera del restaurante.

La bodega es amplia más de 300 referencias. Y con el leitão, Carlos dice que se suele tomar un espumoso.

Curiosamente no necesitan tener un menú específico para niños porque éstos se apuntan al leitão con gran facilidad.

Sobre la clientela española, Carlos y Céu dicen que a la hora de comer en Portugal atribuyen a cada restaurante una especialidad y van allí cuando quieren tomar eso.

Sobre la clientela española, Carlos y Céu dicen que a la hora de comer en Portugal atribuyen a cada restaurante una especialidad y van allí cuando quieren tomar eso.

Entre los proyectos de este matrimonio de restauradores figura el aprovechamiento mayor de la finca en la que está el restaurante. Por eso, barajan la posibilidad de poner una mini quinta pedagógica para los niños de los comensales. Hay que decir que ya tienen una huerta para ellos.

Sobre la clientela española, Carlos y Céu dicen que a la hora de comer en Portugal atribuyen a cada restaurante una especialidad y van allí cuando quieren tomar eso.

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