La isla de Santa Elena se abre al mundo con el primer vuelo comercial

Jamestown, capital de la isla atlántica de Santa Elena.

Jamestown, capital de la isla atlántica de Santa Elena.

La vida de los habitantes de la isla británica de Santa Elena dará un vuelco este sábado con el aterrizaje del primer vuelo comercial, poniendo fin a siglos de aislamiento de ese territorio en medio del Atlántico Sur donde Napoleón murió exiliado.

La isla volcánica de 122 km2, de relieve abrupto, se encuentra a medio camino, o casi, entre África y América Latina.

Su aislamiento hizo que las autoridades británicas la usaran como lugar de detención. El emperador Napoleón vivió en ella de 1815 hasta su muerte en 1821, al igual que miles de prisioneros bóeres sudafricanos al comienzo del siglo XX.

Santa Elena es uno de los últimos destinos en el mundo sólo accesibles tras un largo viaje por mar de cinco días a una velocidad media de 15 nudos (28 km/hora) desde Ciudad del Cabo.

Solo un barco, el RMS St Helena, conecta a los 4.500 habitantes de la isla con el resto del mundo. Cada tres semanas transporta comida, pasajeros, correo, vehículos… Todo salvo el carburante, suministrado por un petrolero.

Pero esta época pasa a la historia este sábado.

Después de cinco años de obras que costaron la friolera de 285 millones de libras (318 millones de euros), el polémico aeropuerto de Santa Elena acogerá su primer vuelo regular, el SA8131 de la compañía Airlink, procedente de Johanesburgo (Sudáfrica), después de una escala en Windhoek (Namibia).

El trayecto pasará de cinco días a seis horas. “Estamos tan felices de que por fin llegara la hora”, comenta a la AFP la directora de la oficina de turismo local, Helena Bennett.

Las obras tardaron más de lo previsto, sobre todo por la ausencia de suficiente terreno llano para acoger una pista de 1.950 kilómetros.

Hubo que allanar una montaña y hacer un terraplén en un valle entero con sus más de 7 millones de metros cúbicos de tierra para levantar el terreno unos 100 metros.

“Una proeza de ingeniería extraordinaria”, según la directora del aeropuerto, Janet Lawrence.

La pista nueva termina al norte con un acantilado impresionante de 300 metros sobre el océano.

Iba a ser inaugurado en 2016 por el príncipe Eduardo, pero lo prohibieron las condiciones climáticas, con sus vientos imprevisibles que complican los despegues y aterrizajes.

- “Fomentar el turismo” -

Finalmente, después de más de un año de cálculos y de vuelos de prueba, se acordó usar aviones más pequeños, concretamente un Embraer 190 con 76 asientos.

“La seguridad es nuestra prioridad número uno”, explica a la AFP Janet Lawrence, que precisa que Airlink realizó con éxito 13 tests en agosto.

Santa Elena contará con un vuelo semanal procedente de Johannesburgo, al que próximamente se sumará uno mensual hacia la isla Ascensión, a unos 1.125 kilómetros de allí.

En función de la demanda, las rotaciones podrían aumentar, explican las autoridades de Santa Elena.

La ida desde Sudáfrica cuesta al menos 804 libras (900 euros), un precio muy alto para una isla en la que el salario anual medio es de 7.280 libras (8.080 euros).

El objetivo del aeropuerto es “crear oportunidades para aumentar los salarios”, según el ministerio británico de Desarrollo Internacional (DFID), deseoso de reducir la dependencia de Santa Elena respecto a Londres.

En 2015, el gobierno británico concedió una ayuda de 53,5 millones de libras (59 millones de euros) al archipiélago.

El aeropuerto también “fomentará la industria turística y aportará otras ventajas, como un acceso más rápido a los servicios sanitarios” para los habitantes, estima un portavoz del DFID.

En 2016, la isla acogió 595 turistas. Su herencia napoleónica, sus plantas raras y sus delfines le confieren un atractivo innegable. Pero las infraestructuas dejan que desear: ningún hotel tiene internet ni hay cajeros automáticos en la isla.

Para los nostálgicos de las travesías marítimas, el RMS St Helena, con sus 56 cabinas de estética anticuada, proseguirá sus viajes a la isla hasta febrero de 2018.

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