Los restos de la batalla de El Alamein yacen en el desierto 75 años después

Cementerio de la Commonwealth en la localidad de El Alamein, donde están enterrados unos 8.000 uniformados británicos y de otras nacionalidades que lucharon bajo el mando de la Corona en el norte de África en la II Guerra Mundial.

Cementerio de la Commonwealth en la localidad de El Alamein, donde están enterrados unos 8.000 uniformados británicos y de otras nacionalidades que lucharon bajo el mando de la Corona en el norte de África en la II Guerra Mundial.

El árido desierto de El Alamein, en el noroeste de Egipto, todavía conserva después de 75 años las huellas de una de las más cruciales batallas de la II Guerra Mundial, que mañana será recordada por las autoridades egipcias con un gran acto conmemorativo.

La segunda batalla de El Alamein que se desarrolló entre el 23 de octubre y el 5 de noviembre de 1942 e inclinó la balanza del conflicto en el norte de África del lado de los aliados, se considera tan importante como la de Stalingrado, que marcó el comienzo de la derrota de las tropas del Eje.

Tres solemnes cementerios surgidos en medio de la arena, recuerdan a las decenas de miles de soldados de ambos bandos que perdieron la vida.

En esa fatídica fecha, después de los repetidos avances de los alemanes e italianos en el desierto de Libia y Egipto, los aliados consiguieron repeler definitivamente los intentos de sus rivales de hacerse con el control de Egipto, marcando un punto de inflexión en el balance de fuerzas en la contienda.

En el pulcro campo consagrado a los vencedores, que se extiende en una explanada a las afueras de la localidad de El Alamein, se encuentran los restos mortales de 7.970 uniformados británicos, pero también de Australia, Nueva Zelanda, la India y otros países que lucharon bajo el mando de la Commonwealth en las campañas del norte de África.

Las pequeñas lápidas de piedra blanca que se funden con el color del desierto están colocadas de forma ordenada en el suelo arenoso y en cada una aparece el nombre y la nacionalidad de los caídos, menos los no identificados.

El cementerio está extremadamente cuidado, como si un jardinero acudiera todos los días a regar las plantas -cactus, buganvillas, eucaliptos, etc.- que decoran el recinto, en el que surge una capilla y varios monumentos en honor a los casi 12.000 caídos cuyos cuerpos no fueron recuperados.

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Cementerio alemán, en el interior del cual se encuentran inscritos los nombres de más de 4.000 uniformados del III Reich, que perecieron en una de las batallas que cambió el curso de la guerra en su contra.

Encontrar e identificar los restos mortales de los soldados en el amplio desierto plagado de minas no fue una tarea fácil y los vencidos lo hicieron al término de la guerra, entre 1949 y 1960, tras lo cual levantaron sus correspondientes monumentos funerarios.

A orillas del mar Mediterráneo, surge una alta e imponente torre octogonal de piedra blanca, en la que se conservan los restos de 4.634 uniformados italianos, cerca de la mitad de los cuales están sin identificar.

En el interior de la torre, revestida enteramente de mármol, hay un altar y grandes ventanales que permiten la entrada de la luz y vistas al mar turquesa, y en unas cámaras laterales miles de pequeños nichos custodian los restos de los caídos.

Para los alemanes, fue creado un monumento de estilo medieval que no pretende camuflarse con el entorno y en el cual, vigilados por grandes estatuas de águilas, reposan los restos de 4.313 soldados del III Reich.

A pesar del carácter sagrado de estos lugares y de la calma que reina entre sus paredes, a pocos kilómetros se levantan los modernos y vastos complejos turísticos de la llamada “costa norte”, que se han convertido en el destino preferido de los cairotas adinerados en los últimos años.

El antiguo frente de guerra, que se extendía desde el mar hasta la depresión de Qattara, a unos 60 kilómetros hacia el interior, ha quedado desdibujado por el desarrollo urbanístico, explica a Efe Daniele Moretto, presidente de la asociación italiana ARIDO, que todavía busca a los caídos desaparecidos.

“Ahora una autopista de cuatro carriles atraviesa el frente”, añade, y algunas zonas han sido afectadas por las actividades petroleras en el interior del desierto.

El frente norte hace tiempo que fue destruido, pero en las áreas de Deir al Munasib y Qaret al Kadim, situadas en el frente sur, todavía se pueden verse las posiciones de las tropas, asegura Moretto, hijo de un soldado que luchó en las campañas en el norte de África.

Durante las misiones de ARIDO, en el desierto egipcio -que quedaron interrumpidas en 2014-, Moretto asegura que fueron encontradas en la zona de Naqb Rala, en el extremo sur del frente, decenas de cartas de soldados escondidas entre las piedras de las trincheras, algunas de las cuales fueron devueltas a sus familiares.

Asimismo, fueron hallados doce cementerios italianos en el campo de batalla, señala Moretto, que en su web www.qattara.it documenta este episodio destacado de la II Guerra Mundial para que sus huellas no se pierdan para siempre entre las arenas del desierto.

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