¿Fue una serpiente la que acabó con Cleopatra o un volcán?

Muerte de Cleopatra, obra pictórica de 1892 por Reginald Arthur (Crédito imagen: Wikipedia).

Muerte de Cleopatra, obra pictórica de 1892 por Reginald Arthur (Crédito imagen: Wikipedia).

Entre los episodios históricos favoritos de muchos aficionados, entre los que me encuentro, se encuentra el romántico final de la dinastía ptolemaica, en el que su última monarca Cleopatra y su aliado y amante el general romano Marco Antonio, se quitan la vida en el año 31 a.C. tras la derrota sufrida contra el emperador Augusto en la batalla naval de Accio. A raíz de este suceso Egipto se convierte en provincia del recién formado Imperio Romano.

El cine ha recogido sobradamente la historia, aunque yo me quedo con la película dirigida por Mankiewicz en 1963 (algunas de cuyas escenas se rodaron en España) protagonizada por la diva de los ojos violeta, Liz Taylor y el que fue su “bi-esposo” Richard Burton.

Pero no he venido a hablaros de cine sino de historia humana y climática. Y es que un nuevo análisis sugiere que, en realidad, la derrota de Cleopatra pudo deberse a fuerzas medioambientales más allá de su control. Probablemente 13 años antes de la derrota de Accio, un volcán gigante situado en los trópicos provocó una grave alteración en el ciclo de inundaciones del Nilo, motor de la economía agraria de la tierra de las pirámides.

El estudio (publicado hace unos días en Nature communications) se basa en evidencias encontradas en núcleos de hielo extraídos en glaciares. Estas “bibliotecas ambientales heladas” guardan elementos clave atrapados en las burbujas de aire que se forman a medida que la nieve cae y se apelmaza. Además, los investigadores responsables de este trabajo, emplearon datos extraídos del registro histórico de inundaciones del Nilo más antiguo del que se tiene constancia: el Nilómetro Islámico, que comenzó a anotar las crecidas anuales del río en el año 622 d.C. Por último, se consultaron papiros históricos egipcios que recogían episodios de motines y revueltas de la población.

En palabras de uno de los coautores del estudio, Francis Ludlow (Universidad de Yale, Trinity College de Dublín): “hemos mostrado evidencias de que los fallos en las inundaciones anuales suelen conectarse con revueltas, ventas de tierras y otros asuntos que generan tensiones sociales”.

Hasta la fecha, los historiadores culpaban del final de la disnatía ptolomaica, (que duró casi 300 años desde su instauración por Ptolomeo I – uno de los generales de Alejandro Magno – en el 305 a.C.) a una espiral de destrucción jalonada por luchas internas, decadencia, e incesto rutinario entre primos por causas políticas. Los romanos, retrataron a los monarcas ptolomaicos como déspotas, bebedores y mujeriegos; visión que, como sucede a menudo cuando es el vencedor el que escribe la historia, probablemente sea injusta y sectaria.

Ahora, según defienden los autores del trabajo, se tiene una historia más completa, ya que es innegable que el medioambiente y el comportamiento del Nilo tienen un peso muy importante a la hora de entender la economía egipcia, que dependía de forma crítica del ciclo anual de inundaciones ya que las lluvias eran prácticamente nulas.

Pese a que se creó una extensa red de almacenes para el grano cosechado, con el que se combatían las variaciones entre los años de buena cosecha y los de escasez, la ocurrencia de uno de los mayores volcanes en los últimos 2500 años de historia debió de desbordar las capacidades de la faraona. Los altos niveles de sulfato encontrado en los núcleos de hielo, indican que algo así debió suceder en el 44 a.C.

Luego, con la ayuda del citado Nilómetro Islámico, los investigadores descubrieron una fuerte correlación entre erupciones volcánicas más recientes y severas variaciones en el ciclo de inundaciones del Nilo.

Si una erupción tan colosal sucedió una década antes del final de Cleopatra, es lógico asumir que las vastas cantidades de dióxido de sulfuro eyectadas a la estratosfera formasen aerosoles, lo cual debió bloquear la luz del sol, reduciendo el nivel de evaporación de los océanos, y reduciendo por tanto las precipitaciones Nilo arriba.

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