Gasto sanitario y educación, grandes factores del alza de la esperanza de vida

Tres mujeres pasean con sus bebés.

Tres mujeres pasean con sus bebés.

El incremento del gasto sanitario, la mejora de la educación y el progreso económico han sido los factores que más han contribuido a elevar la esperanza de vida en el mundo desarrollado en las dos pasadas décadas, según la OCDE.

En su informe bienal sobre la salud publicado hoy, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indicó que el aumento del 98 % del gasto sanitario entre 1990 y 2010 permitió elevar de media 42,4 meses la esperanza de vida en sus países miembros.

Una escolarización más completa aportó 15,1 meses suplementarios en esos 20 años, partiendo del hecho que aumentar en un 10 % el porcentaje de personas que han finalizado los estudios primarios ha supuesto 3,2 meses más de vida en los 35 países objeto del estudio.

El alza del 42 % del ingreso por habitante en ese periodo significó un añadido de 13,4 meses a la esperanza de vida, que globalmente subió desde 74,8 en 1990 a 80,6 en 2015.

La reducción del tabaquismo, que fue del 31 % en términos de fumadores diarios, representó cinco meses de vida más para el conjunto de la población, mientras que la disminución del alcoholismo (del 8 % en cantidad de alcohol consumida por persona) sólo significó 0,4 meses.

Sobre este último factor, los autores del informe advirtieron de un deterioro de la situación en algunos países. Los más significativos son Lituania (15,2 litros de alcohol por año y habitante, frente a los 9 de media en la OCDE) y Letonia (10,8 litros), que no por casualidad ocupan las dos últimas posiciones en esperanza de vida, con 74,2 y 74,5 años, respectivamente.

Igualmente constataron que no hubo en el periodo de referencia mejoras en los hábitos alimentarios durante este periodo, sino más bien al contrario.

De hecho, destacaron que el porcentaje de población con sobrepeso ha crecido “rápidamente” en los últimos decenios, y representaba un 53,9 % del total en la OCDE en 2015, con máximos en México (72,5 %) y Estados Unidos (70,1 %). Además, esa tendencia va a continuar.

Uno de los autores del estudio, Chris James, hizo hincapié en que aunque el gasto sanitario es un factor clave para la esperanza de vida, las diferencias por países son notables y casos como España, Israel, Italia, Corea del Sur o Grecia muestran muy buenos resultados en términos de salud en relación con la inversión.

Uno de los autores del estudio, Chris James, hizo hincapié en que aunque el gasto sanitario es un factor clave para la esperanza de vida, las diferencias por países son notables y casos como España, Israel, Italia, Corea del Sur o Grecia muestran muy buenos resultados en términos de salud en relación con la inversión.

Estados Unidos es el ejemplo de que dedicar mucho dinero a la sanidad (es el número uno de lejos, con 9.892 dólares por habitante de media, más del doble de los 4.003 dólares en la OCDE) no garantiza una mejor esperanza de vida, que en términos relativos es mediocre, con 78,7 años, por debajo de los 80,6 en el conjunto de la OCDE.

Se dan tres razones, empezando por un sistema sanitario muy fragmentado en Estados Unidos, donde una parte importante de la población no tiene seguro médico y donde se dedican pocos recursos a la atención primaria.

Además, hay una mala higiene de vida, perceptible en particular en el récord de obesidad (más del 40 % de las mujeres y más del 35 % de los hombres), y niveles de pobreza y de desigualdad entre los más pronunciados de todos los países miembros.

“Una pobreza persistente tiene efectos particularmente negativos sobre la salud y la bajada de ingresos tiene unas consecuencias más fuertes que su aumento”, señalaron los responsables del estudio.

La OCDE subrayó que para una mayor eficiencia en los recursos públicos para la sanidad, algunas pistas de ahorro son una mayor apuesta por los medicamentos genéricos (suponen hasta el 75 % en Estados Unidos, Chile, Alemania o Reino Unido, pero menos del 25 % en Luxemburgo, Italia, Suiza y Grecia) y recetar antibióticos sólo cuando es “imperativo”.

También evitar las hospitalizaciones para intervenciones quirúrgicas menores como las cataratas, algo que ya se hace en más del 90 % de los casos en 20 de los 28 países analizados, pero que no llega al 60 % en Polonia, Turquía, Hungría o Eslovaquia.

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